Asesina Pizraki. Capítulo 8

Al día siguiente Mad sale de su habitación cansada de ver a su compañera con la cara metida en unas hojas de papel dibujando con un pequeño carboncillo, parece perdida en algún mundo de fantasía, o de pesadillas. Sale en busca de Orson y Danika, al no hallarlos por ningún lado decide preguntar, un compañero Voskhodit le informa que ambos han sido enviados en una misión. Con un suspiro, elevando una plegaria a la madre de la raza para que los proteja da media vuelta hasta llegar a las caballerizas, pasaría el tiempo con Felim esperando el regreso de ambos o que fuera enviada a su primera misión como Nayushut.

Tres días llevaba Mad sin saber de los Pizraki. Se la pasaba de aquí para allá, entre ver las manos moverse de su compañera sobre el papel y alimentar a Felim, sentía que algo faltaba. Su cuerpo acostumbrado al entrenamiento extenuante por tantos años, susurraba algo de acción. Decidida a entrenar aprovecharía el tiempo. Terminaba de alimentar a Felim cuando sintió una presencia tras su espalda, una sonrisa de alivio se dibujó en su rostro cuando escucho las palabras de Orson.

– Pobre animal. Debe ser horrible ver tu cara todo el día, todos los días irlandesa. No lo tortures más, por los destinos, ten piedad!!

– Estoy perdiendo la esperanza de que alguna vez dejes de ser un idiota, Orson.

Dando media vuelta Mad sonríe abiertamente, sabe que ellos no están acostumbrados a las muestras de cariño, pero desde que Orson hablo de su Mahmen y su pasado, se ha visto más accesible al menos a una sonrisa amable. Tal vez, solo necesitaba desahogar su dolor, llorar, gritar, y darse cuenta que, no todo estaba perdido.

– Ven, acompáñame, Danika nos espera.

Con un asentimiento camina al lado de Orson hacia la casa de los Pizraki, después de pasar por los pasillos llegan a una gran puerta doble. Del otro lado una arena de entrenamiento. No del mismo tamaño como en campo abierto, pero si de una medida considerable. Con unas pequeñas gradas, y varios obstáculos en diferentes puntos. Algunos sacos de boxeo, blancos de tiro pintados en las paredes, muñecos de lona y madera como objetivos puestos aquí y allá.

Puede ver el cuerpo de Danika frente a los objetivos, de pie, casi inerte, concentrada. Su esbelta figura de espaldas con su largo cabello grisáceo trenzado se mueve lento, 1 segundos después la cabeza del muñeco vuela al aire dejando caer la arena que llenaba el pequeño saco de lona. 

El arma que Danika usaba, consistía en un látigo de casi dos metros, forjado en metal. La extensión del mismo era redondo, como una soga. El secreto estaba en el mango, un pequeño dispositivo se ocultaba allí, cuando la hembra asesina lo oprimía los pistones que unían las placas de metal liberaban pequeñas cuchillas filosas, de esta manera el látigo al enredarse alrededor de alguna parte del cuerpo cortaba el miembro por completo cuando Danika jalaba el mango. Y su objetivo favorito, la cabeza. 

Un movimiento rápido basto para los siete objetivos de madera perdiera la cabeza en solo unos segundos. Increíble pensó Mad, la letalidad y velocidad de ambos eran simplemente increíble.

– Acércate irlandesa, tengo algo para ti.

Emocionada Mad camina hacia una mesa donde hay múltiples armas esparcidas. Contiene la respiración al ver un arco y dos carcajes. Incrédula, emocionada y feliz mira a Orson con la boca abierta.

– Esto…es…

– Es correcto irlandesa. Es un arco que yo mismo fabrique, veras ahora que ya no eres una recluta debes volver a tu arma favorita. Entrenarte de nuevo con ella, fundirte hasta que sean uno solo. La madera es de roble puro, la más resistente que hay, firme, fibrosa y elástica. la cuerda, es de fibra animal, tensa y resistente – Orson levanta el arco mostrando todas partes del arco – como puedes ver tiene dos miras, para que aprendas a disparar dos flechas – señala las dos pequeñas aletas donde descansaran las flechas – solo necesitaras práctica, será bastante sencillo y muy útil al momento de poner bajo la mira a un objetivo. 

Las flechas. Tienes dos versiones mejoradas. La primera es la tradicional, flechas hechas de madera igualmente roble, delgadas, las puntas son de metal, con más filo de lo normal. Con las segundas solo cambia las puntas estas son mucho más delgadas, eso las hace rápidas y como cualidad especial contienen veneno. Por eso ves dos carcajes. Las flechas con plumas blancas son normales, las de pluma negra son venenosas, de igual manera los carcajes. El blanco para las normales y el negro para las letales. Llevaras esta abrazadera de cuero, cortesía de Danika. Trae dos broches para que puedas cargar los cajac ambos a tu espalda.

Mad toma en sus manos el arco acariciando el contorno, luego las flechas y los carcajes, con la abrazadera de cuero gira la mirada buscando a Danika, la hembra está del otro lado enrollando su látigo atándolo a su cintura. Una mirada entre ambas y Danika solo asiente, eso es lo más aproximado a un gesto de cariño que recibías de parte de la hembra asesina, así que Mad lo toma como si hubieran compartido un gran abrazo.

– Entrenaras aquí con nosotros cuando no estemos en ninguna misión…y en algunos días cuando debo ir al pueblo para abastecer mi sótano, esos días serán de descanso. – una pequeña mirada picara asoma en el rostro de Orson – también debes prepárate para enfrentar al Ispytaniye, hay una prueba cada tres meses, una por cada estación. La favorita de Ksei la que se lleva a cabo en invierno, muchos no logran salir de las olas, sus cuerpos mueren con las temperaturas heladas del agua, otros son arrastrados contra los corales perdiendo la vida contra las enormes rocas. Los que logran salir respirando, pasan días antes de que sus cuerpos recuperen la temperatura normal. Debes entrenar tu cuerpo, tus músculos, tu mente y tu voluntad. Aprender a nadar con rapidez y agilidad. Surcar las olas furiosas y protegerte de los peligros que hay bajo las aguas del mar. Por ahora vuelve a lo tuyo, el reencuentro con tu arma es fundamental.

– Y así lo hare Orson, no dejare que estos esfuerzos de ambos sean en vano. Entrenare hasta sangrar para ser mejor, hasta estar a su altura y poder ser parte de los dos.

– Ya eres parte irlandesa, solo que aún no te han dado el título.

Y así con la promesa pactada entre los tres el entrenamiento de Mad empezó. Dedicaba las horas del día desde el amanecer a su arco. Puliendo su habilidad, recordando sus comienzos en su pequeña Irlanda. Entreno hasta el cansancio siempre con Orson y Danika a su lado, ellos corregían sus lanzamientos, la postura de su cuerpo y brazos. Y todo esto lo agregaba a sus conocimientos, fortaleciendo su don y su voluntad. 

Meses pasaron antes del llamado de Ksei para su primera misión, Mad había logrado dominar el arte de dos miras en su arco. Siempre apuntaba a la cabeza y al corazón, y mientras ella atravesaba los muñecos de madera Orson preparaba venenos poderosos para sus flechas como el de su uso personal pero más letal. Viajaba al pueblo demorando varios días, cuando Mad preguntaba por qué demoraba tanto, Danika solo hacia una mueca inconforme y decía “el idiota está jugando con fuego…” y se negaba a dar más información sobre el asunto, así que Mad callaba y se dedicaba a entrenar.

Con la información dada por Ksei sobre su objetivo y quien sería su vigilante, Mad vistió sus ropas especiales del clan para asesinos primerizos. Un traje enterizo en cuero negro, con una máscara que tapaba su rostro dejando solo el contorno de los ojos descubiertos, una capa de cuero liviana con capucha para esconder su cabello. Tomo la abrazadera de Danika y la cruzo en su pecho, encajo los carcajes listo con las flechas y cerro los boches, tomo su arco y los cruzo del mismo lado, ahora estaba lista. En las puertas estaba el vigilante, vestido completamente de negro cerca de Felim, sus ojos brillaban verdes oscuros bajo la luna, prometiendo no dejarla sola en ningún momento. El macho de la raza tenía la ventaja, no cabalgaría con ella, se desmaterializaría por el bosque sin perderla de vista en ambos caminos, ida y vuelta. Mad se acercó a Felim y monto sobre su lomo azuzando las riendas y empezando el galope rápido. Al mirar atrás las formas de Orson y Danika sobre las murallas le dan a Mad esperanza de volver y saber que tiene algo más que tormento y dolor tras esas robustas puertas de madera.

Dos horas después la cuidad de Zaventem les daba la bienvenida a ambos, rápidos sin descansar se dirige a la dirección dada por Ksei, no puede perder tiempo en su primera misión, necesita ir convenciendo al jefe de su aptitudes para ser una asesina, letal y rápida. Sobre el puente de roca maciza que une los dos lados del pueblo Mad busca el mejor lugar para ejecutar su plan. Un árbol de frondosas copas se alza a un par de metros, eso servirá, piensa mientras se adentra un poco más para dejar a Felim atado a un tronco. Alista una sus flechas de plumas negras, el objetivo no debe quedar vivo y el veneno será un gran aliado. Sube sobre las ramas y oculta su presencia. 

Del otro lado del pequeño riachuelo, arrodillado sobre las ramas el vigilante mira a Mad expectante. Sin dejar que su presencia la intimide o desconcentre Mad tensa su arco con las flechas, el sonido de los cascos y las ruedas de madera de la carroza alertan a la hembra pelirroja sobre su objetivo, un macho civil, tesorero que ha estado robando a su jefe, propietario de varias hectáreas de tierras. 

Cansado el comerciante busco los servicios de El Escudo. El conductor de la carroza lleva las riendas a paso lento. Por la luz de la pequeña lamparilla a un costado de la carroza Mad puede ver la sombra del macho. 

Levanta su arco, tiempla las cuerdas, fija las dos miras y conteniendo la respiración apunta y dispara. Las flechas viajan a toda velocidad traspasando la tela del carruaje gracias al filo de las puntas de metal. Una flecha perfora el corazón justo en el medio, la otra en la cabeza entrando por la frente y saliendo por la pare de atrás. Ambas flechas después de hacer su trabajo traspasan la tela de la carroza cayendo clavadas en punta sobre la calle de roca. Mientras la carroza avanza como si nada hubiera sucedido Mad puede ver la figura del macho civil caer de lado dentro del carruaje. 

La hembra arquera baja rápidamente, recoge las flechas ensangrentadas, corre hacia su caballo envolviéndolas en un trozo de tela blanco y guardándolas en sus forjas, golpea el costado de Felim, dirigiéndose de nuevo a las montañas.

En el camino ve al vigilante saltar de una rama a otra y materializarse metros antes de que Mad pasara por su lado. Tras las puertas de El Clan Mad desmonta y camina hacia la oficina de Ksei, abre las puertas, deja las flechas sobre la mesa y en la posición de sumisa que todos deben tener ante el jefe, habla con el rostro agachado.

– Misión cumplida Ksei.

– Excelente irlandesa, ¡¡maravilloso!! – con una sonrisa satisfecha, Ksei tira a los pies de Mad un pequeña bolsa con monedas – disfruta tu premio querida.

Mad toma las monedas y sale. En las duchas publicas lava su cuerpo. Cambia sus ropas y se descansa sobre su cama, su mirada recorre el otro espacio vacío, tal vez su compañera dibujante ha sido enviada tras un objetivo igual que ella. Con ese pensamiento extenuada, Mad cierra los ojos rindiéndose al sueño profundo.

Las misiones continúan por los siguientes meses, de alguna manera se hacen fáciles y rápidas. Siempre a distancia. Busca la mejor posición, espera que su objetivo venga a ella, apunta y dispara. Hasta el momento solo machos han sido enviados al Fade o al Dhunhd según las deudas que lleven sobre sus hombros. 

Tres años pasan entre misiones y clases de natación. Las pruebas que se ha llevado a cabo han sido desastrosas, las intensas olas no permitieron que Mad se acercara a las bolsas de cuero. En medio de la brutal marea Mad recuerda los consejos de Orson y Danika, trata de ponerlos en práctica pero por más que lo había intentado seguían sin funcionar. En todo ese tiempo no recuerda cuantos Nayushut y Voskhodit habían perdido la vida, ningún cuerpo fue recuperado, Ksei no gasto esfuerzos en las búsquedas, sus palabras “los débiles no merecen ser parte del clan…” dejaban a Mad temblando de cólera. Solo tres machos tuvieron la suerte de salir vivos levantando la anhelada bolsa en sus manos mientras tosían arrodillados sobre el suelo de roca. Mad aplaudía al igual que otros felicitando al ganador. Orson siempre le daba charlas educativas sobre cómo debía hacerlo, pero Mad refunfuñaba explicándole que a duras penas lograba llegar a la escalerilla de madera vieja y podrida para escalarla y llegar de nuevo sobre el risco. Abandono las esperanzas de tener una noche de libertad, noche que no usaría en beber, comer o follar como Ksei decía, no. Mad necesitaba esas horas para buscar información de su Sire, los años pasaban frente a sus ojos a una velocidad que traía preocupación a la hembra pelirroja. Temía que, en algún momento cuando pudiera obtener nuevos datos la noticia del fallecimiento de su Sire acabara con todas sus esperanzas. Es cierto que en su interior albergaba sentimientos de rabia y rencor hacia el macho. Pero, también reconocía que anhelaba poder verlo alguna vez, tal vez recibir una explicación, ver esos ojos verde/amarella igual que los suyos y compartir un abrazo. Pero el triunfo siempre huía de ella, frustrando sus planes. Actualmente en sus misiones con su vigilante siempre pegado a su espalda no podía buscar información. El macho respiraba en su nuca todo el tiempo. En varias ocasiones planeo un despiste que le diera solo unos minutos, a lo mucho una hora o menos para buscar de nuevo entre burdeles y prostitutas, pero jamás logro que la sombra asesina se alejara de su lado. Y su segunda opción se estaba yendo por el drenaje a la mismísima mierda. 

Un golpe a sus tobillos y Mad cae de espaldas sobre el suelo expulsando el aire con un gemido.

– Estas ausente irlandesa. – habla Danika irguiéndose, extendiendo la mano a Mad para levantarla – debes estar atenta, cuando entrenas no piensas en nada, solo en golpear a tu contrincante. 

– Lo siento, pensaba…

Danika levanta a Mad, al tenerla de frente olisquea el aire y una maldición escapa de su boca.

– Mierda!! JODER NO!! – aferrando su brazo la arrastra por la arena, hacia el sótano de Orson – tenemos un problema, un muy jodido y puto problema

Ante las palabras de Danika, Orson gira su cuerpo sosteniendo un caldero en sus manos con una sustancia azul hirviendo burbujeante. Las mira a ambas. Danika con un rostro pálido y su ceño arrugado con preocupación. Mad soltando del agarre su brazo con el rostro sonrojado, con las gotas de sudor cubriendo su frente y la pregunta dibujada en su rostro.

– De que mierda hablas, no entiendo.

– Yo tampoco, me sacaste a rastras de la arena Danika, te falto echarme sobre tu hombro como una cavernícola para traerme aquí. Dime qué pasa.

– Tú aroma, eso es lo que pasa.

– Ay por el Fade!! Acaso tu hueles mejor? Es sudor por el entrenamiento se quitara cuando me duche, doña aroma de rosas, tu tam….

– NO ES EL PUTO SUDOR!! – estalla Danika – ES TU NECESIDAD, PUEDO OLERLA, YA VIENE….

– NIQUE TA MERE!! – Orson deja el caldero sobre el suelo y apoya las manos sobre la mesa de madera, viéndose pensativo – debemos hacer algo…

Mad abre los ojos impactada, sabe lo que es la necesidad su Uncail toco el tema cuando paso su transición y ahora que hacia las cuentas se dio cuenta que pronto se cumplirían los 10 años siguientes a su cambio. Si lo que Danika decía era verdad, el aroma de su cuerpo volvería bestias deseosas de sexo salvaje a los machos, la cazarían influenciados por las hormonas y buscarían poseerla a cualquier costo. Virgen Escriba!. Mad lleva su mano al cuello ahogando las maldiciones que quieren escapar de su boca.

– Debo hacer algo, no quiero…no puedo…yo no sé…. – Mad traga fuerte sin saber que más decir, sabe que está balbuceando pero no lo puede evitar – que hare…Orson, que hare…

– Tranquila, se nos ocurrirá algo. – Orson la mira tratando de calmar sus nervios – ve, báñate pero no lo hagas en las duchas públicas, acarrea cubos de agua y limpia el sudor de tu cuerpo en el espacio debajo de las gradas de la arena, cuando acabes arroja de la misma arena sobre el agua hasta que la cubras, cámbiate y espéranos allí. – se acerca tomando el hombro de Mad – idearemos algo, todo estará bien irlandesa, haz lo que te digo. Ve.

Con un asentimiento viéndose preocupada la hembra pelirroja sale para cumplir con el consejo de Orson.

– Tienes algo en mente? – pregunta Danika cerca de la ventana, mirando pérdida de nuevo hacia el cielo – sabes que aún guarda su virtud, y Ksei ha estado detrás de eso. Silencioso como el depredador que es aguardando por el momento. Si se da cuenta…la tomara, sabes que es un animal, y con el calor de la necesidad la destruirá….

– Lo sé, y tú también lo sabes Danika, en el fondo no deseas que Mad sufra lo mismo que tú. No quieres verla destruida como Ksei lo hizo contigo, ni como lo sigue haciendo….

– No, no lo deseo para ella y para ninguna otra hembra. Sabes que no pude hacer nada, no pude defenderme. Estuve sola, asustada. Y desde esa horrible noche, Ksei es el único dueño de mi cuerpo y hace con él lo que le place. Pero Mad es demasiado inocente para atravesar por esa experiencia, aún guarda la personalidad de una niña, amable e ingenua. – Danika vuelve la mirada a Orson decidida – tendrá que ganar la prueba que se aproxima, como sea….

– Eso estaba pensado. Tenemos tiempo antes de que sus síntomas se hagan del todo presentes. Deberá ganar, salir de este lugar, y deberá acostarse con algún macho o humano en el pueblo. – Danika niega con la cabeza – lo sé, no querrá acostarse con nadie, en todo el tiempo que lleva aquí jamás ha cedido a las insinuaciones de los machos. No busca sexo, sea por algún duro recuerdo de su pasado o porque tal vez se guarda para algún emparejamiento a futuro. por eso debemos crear una escena, Así Ksei perderá su interés en su virtud. Y después…deberá ocultarse mientras el brebaje que te doy a ti, hace el mismo efecto en ella y anula los síntomas de su necesidad….

– Bien. Y como harás para que gane la prueba, lleva tres malditos años y no ha estado cerca ni una sola vez…

– Tengo algo en mente… – Orson ladea una sonrisa astuta – debemos jugar sucio, y rogar a los destinos que Ksei jamás lo descubra…

Continuara…

Asesina Pizraki. Capítulo 7.

La escena de reencuentro, con lágrimas abrazos, besos y palabras de amor que se desarrolla frete a sus ojos traen una sensación de…añoranza, Orson no recuerda la última vez que sintió el anhelo de estar bajo cualquier acto de cariño, el rostro de una mujer intenta colarse en su mente, un recuerdo tal vez, una amplia sonrisa, adornando un rostro tímido, ojos…hermosos…

– El romanticismo esta pasado de moda. Vamos irlandesa, debemos hablar.

– Pero, ¡¡no me quiero ir!! Paso tanto tiempo que solo deseo estar aquí, si pido que mi cama sea traslada a este lugar, ¿podría ser posible?

– No seas ridícula Irlandesa – el desagrado en la voz de Danika es palpable- no estarás hablando enserio, son animales, ¿quieres oler a caballo todo el tiempo? Estás loca. 

Mad rueda los ojos sin dejar de acariciar la larga cabellera azabache de Felim.

– Cállense las dos. Vamos no tenemos todo el día. Además podrás verlo cuando te venga en gana no seas remilgosa, mueve el culo y acompáñanos.

– Bien. – Mad se vuelve ofreciendo una sonrisa a su amigo, un último abrazo y sale dejando un par de zanahorias cerca, cerrando la puerta de la caballeriza. – ¿a dónde vamos?

– Ya lo veras irlandesa, solo mueve tus pies.

De camino hacia donde sea que estos dos la lleven Mad mira con atención todo a su alrededor, parece estar más consciente de lo que la rodea, su cuerpo se siente más ligero, como si hubieran retirado un gran peso de sus hombros. Pasando las arenas, con un saludo hacia cada instructor que la acompaño en cada entrenamiento cruzan hacia la casa de los reclutas. Su hogar por 4 años. Solo el recuerdo de haber tenido que defenderse del enorme macho que quiso probar su suerte asalta los pensamientos de Mad. Acostada, reuniendo valor para enfrentar el siguiente día, había sentido unas manos viajar por sus piernas, su cuerpo se había helado dejándola inmóvil. Los consejos de Danika habían acudido a su rescate, había tomado la cuchilla que Orson dejo pegada tras el espaldar de madera de su cama, y con un movimiento rápido la había empuñado sobre su vena con demasiada fuerza, el corte aunque no fue profundo sirvió para que varias gotas de sangre se deslizaran por el cuello del macho.

– No te vuelvas acercar a mi hijo de puta, o lo próximo que veras sangrar serán tus pelotas cuando las taje y las deje sobre tus manos. ¡¡¡¿Estoy siendo clara?!!!

Con una mirada incrédula el macho había asentido, llevándose la mano al cuello se retiró ocupando su lugar del otro lado. Después de eso solo entraba ya bañado, con ropas puestas y daba su espalda a Mad cada vez que se acostaba.
Mad tomo sus pocas pertenencias, las 4 mudas de ropa y las armas que aprendió a camuflar para defenderse, y los tres salieron por los pasillos hacia su nuevo hogar.

Después de caminar, buscar una habitación, instalarse, y conocer a su compañera en la casa de los Nayusht, Mad, Orson y Danika llegan al hogar de los Pizraki. El lugar es silencioso, puertas y puertas abiertas de habitaciones vacías adornan los pasillos recordándole a Mad, que los únicos Pizraki son ellos dos. 

Una puerta de madera debajo de las escaleras que llevan al segundo piso llama la atención de Mad, una cadena de ancho espesor envuelve dos tacos gruesos que sirven como manijas. Custodiado por un candado enorme la puerta da la impresión de ser impenetrable. Orson saca de entre su chaqueta un juego de llaves, liberando las cerraduras y abre las puertas. 

El interior es oscuro unas velas alumbran las escaleras en piedra que llevan a lo que puede ser un sótano. Mientras Danika y Mad bajan, Orson vuelve a cerrar pero en esta ocasión las cadenas y el candado son puestos para asegurar la puerta desde adentro. Una sala. Acogedora, alumbrada por velas puestas por todo el lugar. Aromáticas piensa Mad al inhalar aromas cítricos, de canela y algunos florales. Una gran mesa en el centro cubierta de hiervas, matas, cascaras, frutas, morteros, varias tazas con diferentes polvos en cada una, de varios colores. Dos estantes enormes. Uno con frascos de vidrios vacíos, de todos los tamaños con tapas de corcho. El otro estante repleto de los mismos frascos pero llenos con multicolores líquidos. Protegidos por un cristal. Diferentes etiquetas de color beis con letras extrañas son puestas al frente de cada frasco. Una chimenea con una barra gruesa atravesada de lado a lado sostiene pequeños calderos sobre el fuego. 

¿Un sanador?, ¿un brujo? ¿Que era realmente Orson?, un asesino de eso no hay duda, un macho callado, de temple fuerte, con ojos astutos, ensimismado en ocasiones, tal vez dejándose llevar por los recuerdos de su pasado, gentil…a su manera, un macho especial a los ojos de Mad, no cualquiera hubiera prestado su ayuda a una desconocida. Si tiene algún plan apara Mad aún no lo ha puesto en marcha, o ya lo está y es tan malditamente bueno que ella no se ha dado cuenta.

– ¿Dónde estamos? ¿Que eres Orson?

Pregunta Mad, sentándose en el último escalón cruzando las piernas, mirando entre los dos.

– ¿Que soy? – Orson sonríe divertido – creí que ya lo sabías irlandesa. Un puto asesino, hábil con el cuchillo condenado a un infierno interminable. Un destino que compartimos…los tres.

Mad desvía su mirada hacia Danika quien ahora está sentada con las piernas contra su pecho en el marco de la ventana mirando hacia arriba, la pequeña ventana con un vidriar de colores hasta la mitad da vista desde abajo aun cielo azul y despejado. Como si sus pensamientos fueran liberados, una mueca de satisfacción recorre las facciones de la hembra asesina. Con la mirada perdida en el cielo se queda allí, respirando pausadamente con las manos cubiertas por las mangas del suéter acariciando sus rodillas.

– Mi madre tenía conocimientos sobre las plantas, era muy buena mezclando, haciendo pócimas, ungüentos, cremas. – explica Orson caminando por el lugar – Ayudaba a los aldeanos, viajeros, niños, machos, y todo aquel que lo necesitara. Curaba cortes, golpes, enfermedades humanas y demás. Estudiaba la naturaleza, y explotaba sus propiedades, al mezclarlas con algo de más potencia obtenía remedios poderosos. Su popularidad creció entre los pueblos y veredas. Vivía en una casa en las afueras de Belcastel, Averyon en Francia era un lugar rodeado de vegetación, árboles frutales, rústicos y de diferentes tipos. Miles y miles de flores crecían a los alrededores. Con cada estación había flores, plantas y hierbas nuevas. Algunas crecían en climas fríos, otras en climas cálidos, fuera el clima que fuera mi Mahmen siempre encontraba algo especial. Semillas, cortezas, hasta el musgo de las piedras – una mueca de dolor borra la sonrisa de calidez con la que Orson relataba – una mujer hermosa, de sonrisa tímida, cabello claro, tal vez caoba no lo recuerdo, fue hace tantos años….

<<…El llanto de un bebé hace eco en la pequeña cabaña, dentro, la humana empuja una última vez con todas sus fuerzas para sacar al bebé de su interior, con sus manos temblorosas por el esfuerzo toma al pequeño en sus manos, ensangrentado, pegando gritos típicos de un recién nacido Natyrha lo lleva contra su pecho, el sudor cubre su cara, cuello y brazos. Lágrimas de felicidad se desbordan por sus mejillas.

– Eres la cosita más preciosa de este mundo, mi Enfant.

Después de limpiarlo y terminar con la atención a sí misma, Natyrha amamanta al pequeño Enfant. Contempla maravillada su rostro, acaricia sus manitas, pies, su barriguita encantada con su pequeño milagro, jurando protegerlo y amarlo hasta que la madre naturaleza se lo permita.

Agradece al macho de la raza, donde quiera que esté por el regalo más hermoso que le han dado. 

Un macho alto, de cabello largo dorado y ojos azules/grises. Un viajero caído en desgracia cuando cabalgando por este bosque su caballo piso una trampa para osos, el animal cayo de manera grotesca enviando al macho a volar por el aire, su espalda golpeo contra el tronco de un árbol que tenía un pedazo de madera torcido, salido en punta. La estaca perforo el hombro del macho, traspasando hasta el frente, sobre el pecho, cerca del corazón. 

Los gritos de dolor alertaron a la mujer, quien salió de la cabaña siguiendo el lamento de dolor, buscando, acercándose hasta encontrar al macho allí clavado. Presto su ayuda logrando retirar la estaca. Con retazos de su vestido logro hacer un torniquete parando la hemorragia de su herida. Lo llevo a su cabaña, lo tendió sobre la mesa, durmiéndolo por varias horas con una pócima para poder trabajar en él, concentrada retiro las astillas, limpio y coció la carne, cerrando el enorme hueco que había dejado la punta de la estaca. Molió varias hierbas cicatrizantes y unto el emplaste sobre la herida, la vendo protegiéndola de alguna infección. Cocino hierbas aromáticas, con algunas semillas y le dio de beber el brebaje para acelerar el proceso de curación.

Horas después el macho despertó medio dopado. Recordó el incidente y vio a la mujer moliendo y cocinando. Su cuerpo necesitaba alimentarse, se levantó silencioso y llego por detrás tomando a la mujer duramente, inclinando su cuello para beber de su vena. Succionó y bebió saciando su sed, hasta que cayó desmayada, la tomo en brazos y la dejo sobre la cama. Paseo por el lugar, estudiando, mirando todo lo que la pequeña mujer tenía en esta cabaña. Retiro las vendas y la masa verdosa que tenía untada sobre el pecho. Se limpió viendo que la herida estaba sanando. Unas horas después el día brillaba con un imponente sol en lo alto, con la cabaña totalmente a oscuras por las ventanas cubiertas Natyrha se levantó, caminando fuera de la pequeña habitación. El macho frente al fuego atrajo su mirada, con un pecho desnudo, musculoso, cubierto de sudor, alimenta el fuego del hogar. 

Al sentir la presencia de la mujer y ver su rostro sonrojado el macho se acerca atrayéndola junto a su cuerpo. No se necesitaron palabras, el aroma de la mujer no mentía y la gran erección entre las piernas del macho tampoco. Tumbándola sobre la misma mesa donde lo curo, el macho dedico las horas del día a poseer el cuerpo delicado de la mujer de todas las maneras que encontró, brindándole placer, arrancando gemidos de satisfacción de su boca. Saciados, extasiados descansaron abrazados un par de horas hasta que la noche llego. El macho se levantó, se vistió, agradeció los cuidados y el intenso sexo y se marchó. 

Casi 9 meses después Natyrha cae sobre el suelo con dolores de parto, dando a luz a Orson.

Los siguientes años pasan entre estaciones, arboles, plantas y el fuego del hogar siempre vivo, ahora el pequeño Enfant, ya no es tan niño. Con la edad de 9 años es un muchacho alto para su edad, hermoso gracias a su larga cabellera dorada y los ojos de su Sire. Hábil, se movía con rapidez, en los bosques buscando las plantas para su madre. Amaba ver la sonrisa sincera en ese rostro tímido, aprendió todo lo que se debía sobre las plantas y ayudo a implementar nuevas mezclas. Sabia de su condición de mestizo, su madre se había encargado de contarle como había sido concebido y por quien. Gracias a las habilidades de Orson con las pócimas y curaciones, Natyrha obtuvo más popularidad en las aldeas y mucha más gente la visitaba buscando alguna cura para los males que les aquejaba. 

Un día apareció un macho de aspecto desagradable, pidiendo ayuda para una herida de espada, ambos lo atendieron. Orson siempre listo con sus pequeños cuchillos vigilantes de su Mahmen, lo miraba con el ceño fruncido, enojado. Protector a su lado, le hacía saber al macho que le cortaría la garganta si intentaba algo contra ellos. El macho recibió la atención y con un asentimiento, pagando el dinero cobrado por Orson se despidió. 

Días después apareció el cuerpo de una mujer en la aldea sin vida con una mordida en su cuello. Vieron al macho que la había atacado y lo persiguieron hasta arrinconarlo, asustados por los largos colmillos en su boca y rostro ensangrentado lo lincharon con palos, tridentes de hierro, piedras y todo lo que encontraron. Al final quemaron el cuerpo que se retorció bajo las llamas hasta morir. Los rumores hablaban de que había sido atendido por la hembra curandera, los humanos en su inmensa estupidez, creyeron que las pócimas de Natyrha habían creado esa abominación. Movidos por el miedo de la “bruja” se dirigieron hacia su cabaña para acabar con ella y con su hijo, que ahora era el engendro de Satán.

Orson huyo con su Mahmen y unas pocas pertenencias por los bosques. Las aldeas cercanas se unieron a la búsqueda de ambos, los cazaron por varios días entre malezas y árboles. Cansada de correr Natyrha suelta la mano de Orson y se sienta para reponer fuerzas. El galope de varios caballos los alertan a ambos. Seis machos de imponente presencia los miran hacia abajo montados sobre los enormes animales, el macho que va al frente con su cabello recogido en un moño sobre su cabeza sonríe malicioso. Natyrha no es tonta, sabe que los aldeanos tarde o temprano los alcanzaran y mataran. Agobiada por no ver la muerte de su Enfant, pide ayuda a los machos frente a ella.

– Por favor…sálvanos. salva a mi pequeño. Llévalo contigo, te lo suplico.

– NO!! MAHMEN! NO TE DEJARE SOLA PÁRA MORIR, SI ESE, ES NUESTRO DESTINO, MORIREMOS JUNTOS. SI DEBO LUCHAR LO HARE Y MATARE A TODOS Y CADA UNO DE ESOS HUMANOS HIJOS DE PERRA!!

– Solo tomare al muchacho, tu, puedes tener buena ascensión al Fade humana.

Con las carcajadas de Ksei retumbando en el bosque, Natyrha toma los hombros de su pequeño y lo mira con lágrimas en sus ojos.

– Orson, escúchame, debes vivir, eres especial mi cosita, saldrás de aquí y veras el mudo crecer, esa es la voluntad de tu Mahmen, soy humana y sabes que moriré en cualquier momento. Ya viví lo que debía, moriré feliz sabiendo que estas bien, por favor toma la oportunidad de respirar un día más. ve con ellos, vive y recuérdame siempre con una sonrisa en tu rostro.

Ksei ve la tierna escena entre Mahmen e hijo…y su estómago se revuelve de repugnancia. Estúpidas humanas, tratan de doblegar la voluntad de los machos vampiros con sonrisas y lágrimas. Por otro lado el muchacho tiene temple, aceptar morir o enfrentarse a una jauría de humanos armados demuestra valor, si…sería una gran adición. Bajo un constante entrenamiento y disciplina podría ser un arma excepcional. Hace un movimiento con la mano y uno de sus soldados tras él, desmonta tomado al joven de su brazo, llevándolo a jalones sobre un caballo.

Orson se siente morir, dejar a su Mahmen aquí…NO! Se niega totalmente. Pero…las lágrimas de súplica de su madre, lo dejan con las piernas temblorosas y su voluntad quebrada. Antes de ser llevado a rastras por el otro macho, la abraza y besa su rostro, la mira grabando cada contorno de su cara, ojos, cabello, todo, guardándolo en su mente para nunca olvidarla. En un último intento de convencerla de que juntos podrían solucionarlo, Orson se agacha aferrándose a ella, el macho se acerca y lo saca del abrazo maternal sosteniéndolo entre sus brazos para evitar que escape. Los gritos de los aldeanos se acercan, su Mahmen corta la despedida y lo anima a irse. Sobre el caballo retorciéndose del agarre del macho Orson la ve dirigirse hacia el macho líder.

– Agradezco su gentileza señor….

De una patada sobre el pecho Ksei envía a la hembra de espalda varios metros sobre el suelo. Los aldeanos la rodean al mismo tiempo que los caballos empiezan su galope. Con las manos empuñadas de rabia y dolor Orson escucha los gritos de su Mahmen al ser brutalmente golpeada. 

No se permite llorar, solo un grito de inmenso dolor rasga el aire entre los arboles a medida que el galopar de los caballos lo llevan hacia un futuro sombrío, lleno de un sufrimiento peor que ser asesinado a golpes por unos humanos estúpidos y asustadizos….>>

Los recuerdos que creyó perdidos vuelven a Orson, sin despegar la mirada de las llamas del fuego relata a Mad y Danika la historia que había enterrado por años cuando llego al Clan. Nunca se permitió llorar, o desahogar su dolor. Se entrenó con disciplina, entre golpes y sangre, forjando una voluntad de hierro. No había pasado, no había Mahmen, no había recuerdos. Solo las ganas de ser mejor cada día y cobrar las vidas de quienes estaban en su lista.

Se apartó de las pócimas, hasta que un día con el sanador ausente tuvo que atender la herida de un Nayusht en campo abierto, el macho reflejaba miedo en su mirada, no quería morir. Cerca del cuerpo rodeando un gran árbol unas hierbas de color café le hicieron recordar sus propiedades, las tomo junto con unas flores violetas que servían como calmante paras cortadas y las molió extrayendo el jugo de ambas para untar sobre la herida. Eso le dio algunas horas, donde el dolor se ausento cuidando de que la herida no se infectara, para cuando llego a manos del sanador el macho tenía más posibilidades de seguir viviendo. Volvió a sentir la necesidad de vagar entre los bosques en busca de diferentes hierbas y semillas para emplearlos de dos maneras. Para sanar, y para matar.

Mad puede sentir la gran tristeza que rodea a Orson, pero aunque sus instintos le instan a darle un abrazo o alguna palabra que pueda aliviarlo, sabe que sería un golpe bajo para el astuto asesino. Un pasado como ese, con esos recuerdos tan dolorosos…ahora entiende por qué decidió ocultarlos, enterrarlo para siempre.

Entre los ruidos de los frascos que chocan entre sí, Orson busca algo especial. Toma un envase con un líquido amarillo, con la consistencia de un aceite, camina hasta Mad y se lo extiende.

– Es un brebaje irlandesa. Es lo que le he estado suministrando a Felim. Cuando empezaste tu entrenamiento, el caballo empezó a decaer, como tú misma lo dijiste es un animal con varios años encima, sus músculos estaban cansados, no comía, no dormía, estaba exhausto y agotado. Así que busque las hierbas especiales para ese mal. la Maca, Yerba Mate, Guayusa, Efedra y Guaraná y otras más. Todas juntas ayudan a la revitalización, aumenta las reservas de energía naturales del cuerpo, y mantiene los músculos vigorizantes retrasando la edad y haciendo que el cuerpo luzca…jovial. Cree un tónico natural, se lo administro con cada comida. Por eso lo viste más saludable, no lo hará inmortal pero vivirá un poco más.

Mad toma el frasco en sus manos sintiendo el peso de las palabas de Orson, al final, mantuvo su promesa y cuido de Felim usando todos sus medios. Levanta la mirada y con una sonrisa de agradecimiento asiente hacia el asesino/curandero.

– No diré la palabra, porque está prohibida. Pero si Felim pudiera hablar y ya que no está bajo las reglas de Ksei, sé que te diría…Gracias Orson.

– Acepto el agradecimiento, solo porque viene de tu caballo irlandesa. Ahora vuelve a tu habitación, descansa para lo que tendrás que afrontar. Ah! Mañana te hablaré de la prueba. Una salida de este infierno no te caería nada mal. 

– Bien. Los veo mañana, descansen también.

Danika y Orson despiden a Mad con un asentimiento. Después de cerrar nuevamente las puertas Danika se para al lado de su compañero, mirando las llamas crepitar.

– Hace muchos años no hablabas de tu Mahmen, recuerda que el amor es una debilidad Orson, no pierdas tu vida por un recuerdo.

– Tal vez…olvidamos porque estamos en este lugar Danika, que nos trajo aquí…tal vez sea hora de sentir algo más que dolor, sufrimiento y soledad…tal vez sea momento de…vivir.

– No podemos hacerlo Orson y lo sabes, nosotros…no podemos. Olvida esas estupideces, no hay amor, no hay abrazos, no hay caricias cálidas ni sonrisas de cariño…no para nosotros. No te dejes lavar el cerebro por Mad, es una niña aun, ella no entiende lo que le espera, solo está llevando el día a día, cuando el peso de sus actos atormenten su alma y la sangre empape sus manos, no tendrá esos pensamientos de felicidad que ahora la rodean.

– No, Mad…ella tiene esperanza, y cuando ese sentimiento te mantiene vivo, las cosas pueden mejorar. Que tiene de malo soñar, y más importante ¿buscar ese sueño con todo tu corazón? Fuimos así Danika, cuando llegamos aquí luchábamos por lo mismo que Mad lo hace ahora. Pero nos dimos por vencidos muy pronto, nos dejamos sumir en la negatividad y permitimos que la oscuridad nos rodeara, solo conseguimos calma con cada muerte que ejecutábamos, perdimos…el objetivo, y ahora yo lo recuerdo. Mi objetivo era salir de aquí, ver el mundo, respirar un día más y recordar la sonrisa tímida de mi Mahmen…. ¿Recuerdas el tuyo Danika? Recuerdas ¿porque querías salir de aquí?…

– Eres un idiota Orson, si continúas con esos pensamientos solo hallarás un camino. La muerte. Y Ksei la ejecutara, lo sabes, no te mientas a ti mismo, reacciona por la Virgen Escriba!!! abre tus ojos y haz el trabajo para el que naciste, matar a sangre fría.

Con estas últimas palabras Danika da media vuelta y sale maldiciendo del sótano. Orson se queda allí con una mano sobre la chimenea de piedra mirando las intensas llamas.

– No… – piensa – es hora de sentirme vivo Danika, y tomare la oportunidad antes de pisar los suelos del Dhunhd…no dejare este mundo sin volver a sentir…amor.

Susurro Orson con su voz entrecortada, llevando la mano a su mejilla para limpiar las lágrimas que bajaban por su rostro….

Continuara…

Asesina Pizraki. Capítulo 6.

Tal como lo dijo Orson el entrenamiento de Mad inicio en la arena de combate, las clases eran extenuantes, con el solo calentamiento su cuerpo protestaba de cansancio. Moretones en su cara, brazos, abdomen y piernas eran su relejo todos los días. Las fracturas de sus huesos sanaban rápidamente gracias a la sangre de Orson, quien se ofrecía para alimentarla. Un par de meses y con el intenso entrenamiento su cuerpo empieza a adaptarse a las largas rutinas de combate. Casi 8 meses después Mad esta lista.

Aprendió los movimientos especiales, defensa, ataque, estudiaba a su enemigo buscando una debilidad. Su mano más lenta, su pierna más corta, una rodilla dislocada, un hombro mal sanado, cualquier pista que le permitiera tener la ventaja, cuando la obtenía atacaba y en un segundo tenía a su contrincante de cara contra el suelo, ganándose la admiración de su instructor. 

Nerak, un hombre alto, fuerte, letal, de piel oscura, era el encargado de pulir tus movimientos. Serio, mostraba una sola vez lo que debías hacer, el resto del tiempo se paseaba por los alrededores mirando, observando, estudiando. Según Nerak estabas listo cuando lograras derribar a todos tus compañeros. Nada fácil para Mad, puesto que tuvo que dejar inconsciente a 60 reclutas, entre mestizos y de raza pura. Pero el esfuerzo y las clases con Orson y Danika al amanecer dieron sus frutos y Mad con un asentimiento de Nerak logro avanzar a la siguiente arena.

Casi un año, fue el tiempo que le tomo a la hembra pelirroja superar esta arena. Cambio sus moretones por cortes de todos los tamaños, estilos y profundidades. Y nuevamente la sangre de Orson jugó un factor importante en su curación. Dagas, Bowie, Sai, Katar, Sica, Puñal, lanzadores, Tanto, Corvo, Kunai y un sinfín de cuchillos más fueron los que Mad aprendió a manejar. Las clases de Orson fueron fructíferas. Le enseño peso, modalidad, el mejor perfil para atacar, tipos de lanzamientos, puntos estratégicos y pasos para un asesinato limpio. 

Lau el instructor de esta arena no tuvo compasión con Mad, forzó sus habilidades poniéndola contra la espada y la pared en todo momento, exigiéndole dar el máximo en cada clase. Sacándola de quicio, endureciendo su temperamento.

Dos años llevaba Mad en las arenas y aun no podía ver a Felim. Orson le traía noticias cada amanecer, tranquilizando sus preocupaciones sobre el animal, animándola a seguir recordándole lo poco que faltaba. Haciendo acopio de todas sus fuerzas la hembra continua, repitiendo en su mente su mantra favorito, “renunciar no es una opción….”. 

Lau al final indica en su reporte que Mad está lista y Ksei la envía a la siguiente arena.

Un año más, 12 meses son los que tardo Mad para tener absoluto control de las armas largas. Con la espada tuvo un gran rendimiento, la catana y la lanza de dos puntas se unieron a sus favoritos con rapidez.

Nevit, el instructor era todo un personaje. Un hombre maduro, por no decir viejo. Sabio, rudo. Entre clases contaba sus historias de guerra, acontecimientos importantes que le hicieron tomar la decisión de aprender el arte de cada una de estas armas. Exigente, tomaba el brazo de Mad en el aire evitando que cayera al suelo. Siempre con una moraleja al final del día. El reporte que llego a las manos de Ksei solo tenía una palabra escrita. “Pizraki”. Y así Ksei con una sonrisa socarrona en su rostro autorizo su ingreso a la última arena.

El paso por esta arena fue más sencillo, como dijo Orson, Mad ya poseía habilidades y su estancia con el instructor Zeth fue corta, en solo seis meses Mad dominaba las artes del camuflaje. Las tierras secas, bosques, desiertos, bajo el agua y en la nieve fueron sumadas en los reportes como “hábil” en cada una de ellas. 

En el día 181 cuando Mad se preparaba para llegar a su entrenamiento fue llamada por Ksei a su oficina. Con una respiración profunda y con las palabras de Orson y Danika repitiéndose en su mente, jalo las grandes puertas y entro. 

Tomo posición de recluta, sumisa sobre sus rodillas con una mano el pecho y la otra empuñada en el suelo.

– Felicidades irlandesa. Me complace informarte que tu último instructor ha dado su reporte, has superado su arena demostrando excelentes habilidades de camuflaje al igual que en los demás escenarios, has destacado entre muchos y eso me complace enormemente. Serás puesta con los Nayusht, tomaras tus pertenencias y te mudaras a la siguiente casa. Te daré un tiempo prudencial para que te acomodes a tu nuevo rango, podrás ver a tu caballo, dormir un par de horas más, y como si fuera poco podrás participar del Ispytaniye (la prueba) – Ksei camina sin apartar la mirada de una hoja de papel – Es una tradición aquí, los principiantes, y ascendidos acceden a la oportunidad de participar por una salida fuera de estas murallas, ver el mundo exterior por una noche, comer, beber, follar, o hacer lo que les plazca en el pueblo más cercano. Dime irlandesa, conoces las reglas?

– No Ksei, no tengo conocimiento de ello.

– Son bastantes sencillas. – Deja las hojas sobre el escritorio y recuesta su cuerpo contra el orillo cruzando sus pies por los tobillos – Cuando cae el sol yo mismo camino un kilómetro hacia el risco que da al mar. Llevo 5 bolsas de cuero con una buena cantidad de monedas de oro, que puede derrochar el ganador en el pueblo. Cada bolsa es dejada en las profundidades del mar. El juego? Es sencillo, llegada la media noche los valientes que desean intentarlo se reúnen allí. Solo con su ropa interior…o sin ella si lo prefieres, se lanzan al vacío desde una altura de 1.375 metros hacia las olas. El propósito? Lograr hacerse a una de esas bolsas. Y salir con vida, por supuesto! ya que las intensas mareas hacen casi imposible esta hazaña. Ves!! Bastante fácil. Los 5 que lo logran serán libres por 12 horas, Orson y Danika harán de chaperones, para evitar que las tentaciones te manipulen y tomes otros caminos. Bastante interesante, no te parece?

– Bastante interesante Ksei.

– Maravilloso!! Espero con ansias verte en la próxima Ispytaniye. Ahora, largo!!

Con una reverencia Mad abandona la oficina de Ksei. Tras las puertas de camino por los pasillos Mad siente dos presencias a su lado. Si dejar de caminar, ni mirar atrás, sabe perfectamente quienes son. Orson y Danika. Los tres salen a los campos de entrenamiento. En los altos escalones de piedra Mad levanta el rostro al cielo azul, con los ojos cerrados, después de casi 4 años respira con tranquilidad. Lagrimas bajan por sus mejillas y una sonrisa de felicidad se dibuja en su rostro. Sabía que venían tiempos difíciles, misiones donde debía mostrar su temple y poner en práctica todo lo que aprendió, endurecer su corazón y fortalecer su voluntad. Y así lo haría. Ahora podría ver el mundo exterior, saber que pasaba con la humanidad tras estas murallas. Lo primero que haría sería reanudar la búsqueda de su padre. Con sigilo, haría las preguntas correctas para obtener más datos. Así las misiones fueran cortas y cerca de este lugar, lograría recaudar información. Ahora sabía cómo hacerlo. Cualquier dato que le ayudara a armar de nuevo un plan para hallarlo sería bienvenido. Si la información que tenía hace años, seguía activa, y su Sire era un miembro de esa banda de mercenarios asesinos, lo encontraría, haciéndole saber de su estado y tal vez el macho lograra ayudarla a salir de este maldito lugar. Su mente viaja hilando con todas las posibilidades, lograría salir de aquí. Seria libre. Encontraría a su padre y buscaría su libertad y la de Felim.

– Felicidades irlandesa.

Ambos Pizraki apoyan sus manos en los hombros de Mad. Ofreciendo aliento para continuar. Limpiando su rostro la hembra da media vuelta mirando con anhelo y esperanza a Orson.

– Quiero ver a Felim!!! Llévame a el Orson!!!

Una mueca de duda e incertidumbre se dibuja en el rostro de Orson. Mad siente que su corazón ha caído a sus pies. Su mente se acongoja y su cuerpo empieza a sudar frio, temblando de pies a cabeza. Con voz entrecortada Mad susurra las palabras que teme, pero que necesita saber….

– Esta…oh! Orson!! Que ha pasado….
– Ay por los destinos irlandesa, cálmate!! – Exclama Danika – El caballo está bien. Sabes que es un caballo viejo, estaba decayendo, pero Orson ya se ocupó, así que deja el drama y vamos a verlo.

Mad suelta el aire que no sabía que estaba conteniendo, suspiro aliviada y se encaminó detrás de Orson y Danika hacia los establos.

– Te era muy difícil hablarme con la verdad? Casi me matas de un ataque al corazón Orson! Todo este tiempo y no has dejado de ser un idiota!!

– Y tú, irlandesa? Todo este tiempo y aun sigues siendo una niña estúpida, quejica y llorona.

Con una sonrisa de los tres apresuran el paso por los campos hasta el establo. En la caballeriza más apartada la cabeza de Felim se asoma como admirando el lugar. El corazón de Mad late más rápido movido por la emoción y la felicidad. Sin darse cuenta sus pies se mueven hasta que se ven correr. 

Felim relincha varias veces levantando sus patas, como si sintiera la presencia de su mejor amiga. Mad se lanza sobre el caballo abrazando su cuello, refugia su rostro en el largo pelo negro azabache de Felim y sin temor a ser escuchada o vista rompe en sollozos, como una presa rota sus lágrimas caen una tras otra sin detenerse, susurrando palabras de extrañeza entre hipos y besos. Es la primera vez en muchos años que Mad se siente completa, el caballo ladea su cabeza recostándola sobre la espalda de Mad, un abrazo entre dos amigos de inseparables aventuras. Dos corazones reunidos tras años de soledad y tristeza. Dos almas unidas de nuevo por los esfuerzo del lucha y superación. 

Aquí, ahora, Mad se da cuenta que cada golpe, cada cortada, cada caída, cada insulto, cada lágrima, cada noche en vela, cada día de arduo sacrificio, valió la pena. Sentir a Felim le renueva la esperanza de salir de aquí.

– Te extrañe Felim!!! Te extrañe compañero!! Te extrañe cada día, cada semana, cada mes, cada año. Dios!! Nadie nunca volverá a separarte de mí. No lo permitiré…nunca…más….

El caballo relincha aprobando las palabras de Mad antes de recostar de nuevo la cabeza contra su espalda.

Continuara…

Legión.

— Pa…dre

El dolor era incesante. Aquella opresión en el pecho no daba tregua. Se expandía como un cáncer carcomiendo los últimos vestigios de calma y paz, sentimientos que caracterizan a los angeles del cielo, pero que ahora con el dolor del Creador se convirtieron en un fantasma del pasado. El dolor paso de ser insoportable a indescriptible.

El llamado de mi padre rugió dentro de mi. El anhelo de verle, de estar en su presencia y una necesidad de hacer lo que fuese necesario para alivianar su pena brotaron en mi pecho. Mientras agarraba mi esternón fuertemente me levanté, cerré los ojos enjuagados en lágrimas y respondí a su voz.

El gran salón del trono. Lugar donde la esencia de nuestro padre toma forma se encontraba sumido en una niebla gris, como si las nubes se hubieran unido al agónico dolor, rodeaban el recinto sagrado sumergiendo los alrededores, cuál nubes grises ensombrecen el día antes de una violenta tormenta.

Los custodios como siempre protegían las enormes puertas de oro. Los enigmáticos tallados sobre la superficie contaban la historia de la humanidad… toda desde sus inicios hasta el día de hoy. Pero debías ser uno de los máximos líderes celestiales para entenderlo. Debías tener la gracias divina concedida solo por el Creador, ser tocado por su esencia para que la puerta del conocimiento absoluto se abriera ante ti. Los secretos del universo eran vastos y complejos, no cualquiera sobrevivía al viaje completo y quedaba lucido para continuar.

De rodillas frente al gran trono dorado postre mi cuerpo. Estaba listo para cumplir la voluntad de mi Señor, fuese cual fuese la orden. Tras el enorme trono las mismas cortinas mullidas de eones y eones de permanencia dejaban ver la silueta del Todopoderoso.

— Padre, me has llamado a tu presencia. Estoy listo para obedecer tu voluntad.

Fueron palabras difíciles de expresar, el dolor que afligía mi pecho impedía en cierta forma hablar, pero nunca para mí Padre, para Él hablaría aún siendo consumido por las eternas llamas del Dhunhd.

Una suave brisa alboroto mis cabellos. La presencia de mi Padre llegó a mí. Incliné mi rostro en señal de respeto. Sobre el suelo de mármol una túnica roja ondeaba, parecía ser azotada por corrientes de aire furiosas.

— Hijo mío

La suave voz lleno de calma mi ser. Nuevas lágrimas pero está vez de agradecimiento inundaron mis ojos. La tan anhelada calma, paz regresaron.
Cai sobre mis manos expresando palabras de alabanza en su nombre.

— Pater creaturae, benedictum sit nomen tuum in æternum: hoc misericordiae tuae gratias ago indinita servo suo: Pater gratias ago tibi quoniam donum Dei benevolentiam tuam. domine mi, mi pater, hie me ut faciam Deus voluntatem

<< Padre de la creación, bendito sea tu nombre por toda la eternidad, gracias por tu infinita misericordia Padre, gracias por el regalo de tu benevolencia. Mi señor, mi Creador aquí está tu siervo para cumplir tu voluntad >>

El aire ondeo a mí alrededor. La túnica flotaba igualando un caminar.

— Hijo mío. Mi amado Nigel tú y tus hermanos ángeles saben el dolor que llevo en mi interior. Mi hijo, parte de mi esencia ha visto su final. Su cuerpo se ha perdido, se consumió en las líneas del tiempo hasta desaparecer. Su alma vago hasta mí en un intento de despedida. 
A pesar de los caminos que ambos escogieron son carne de mi carne, sangre de mi sangre, esencia de mi esencia y su alma atormentada merecía paz eterna antes de cruzar el umbral de la inexistencia. Mi amado Omega, mi pequeño…- y la voz de mi Padre se entrecorto en llanto – su alma está a salvo, mantendré parte de su esencia en los confines del cielo, dentro de mi corazón arderá eternamente su recuerdo. Abrazaré su imagen, la de niño cuando tomaba mi dedo pulgar para caminar a mi lado, cuando sus cabellos platinos eran desordenados por la brisa fresca y yo acariciaba sus hebras tratando de ponerlas en su lugar, cuando dormía sobre mi regazo, un alma inocente soñando con un mañana prometedor. 
En verdad os digo que mi hijo no será olvidado.

— Lamento su pérdida Mi Señor. Si esa es tu voluntad el príncipe será recordado por toda la eternidad. Elevaré una plegaria honrando su nombre cada mañana, cuando el sol despunte sus rayos. Y en la noche cuando el brillo de la luna inunde los cielos.

— Que así sea hijo.

El sonido del roce de la tela señalaba el caminar de mi Señor por el gran salón. Sabia, sentía en mi interior que su llamado tenía otro fin.

— No estás equivocado Nigel. Sabes que las almas que habitan la tierra, tanto humanos como las creaciones de mis hijos están acobijados por el libre albedrío. Solo ellos deciden sus acciones. No tienen la capacidad de saber de antemano si sus actos son correctos o incorrectos. Solo el final del juego les abre los ojos. Tristemente cuando ya es demasiado tarde.
El Dhunhd perdió su Amo. Mi hijo dejo un lugar vacío. Lugar que han tomado sus herederos. Mis nietos obraran según sus pensamientos. Mi nieta ha sido dotada de un poder indescriptible, único, especial como es ella misma. – la voz de mi padre adquiere un tono cálido, cariñoso – es su viva imagen. – habla con orgullo en sus palabras – sus cabellos platinos, largos. Sus ojos intensos. Y su voluntad fuerte, voluntad de hierro. Mi nieto posee su don de mando, ha logrado blandir las espadas, el destino y la lealtad del Inframundo ahora reposa en sus manos.

— Una batalla mi Señor?…

— Una guerra hijo mío. Una guerra se avecina, un poder épico se desatará sobre la tierra. Mis nietos traerán muerte, dolor, perdidas inocentes y castigo para quienes se interpongan en su camino. Limpiarán la tierra y reestableceran el equilibrio.

— Padre…

— No puedo hacer nada, me relegue a un espectador hace mucho tiempo hijo mío.
Las almas tienen su derecho por ley divina. No les quitaré eso a mis amados nietos, no cuando son impulsados por sus deseos internos, no cuando la memoria de su padre aún brilla en sus mentes. Son libres de ejecutar sus planes como crean necesario.

— Mi señor…no entiendo mi misión. Si los dejaras actuar bajo la libre elección…qué debo hacer yo?

— Ustedes hijo mío, ustedes.

Las puertas de oro se abrieron con un batir lento, continúe con mi rostro agachado, postrado sobre mis rodillas. 
Varios pasos resonaron en la estancia. Más roces de tela, crujidos de metal y el oleaje de alas.

— Conoce a tus hermanos de misión Nigel. Ellos estarán bajo tu mando.

Lleno de asombro y curiosidad gire mi cuerpo, sobre mi hombro vi a los tres ángeles postrados igual que yo.

Un querubín, un ángel guerrero parte de las filas del ejército del Arcángel Miguel.
Y por toda la misericordia de mí Padre, no era cualquier guerrero, no, era Shamsiel, un Querubín de Élite. Un ángel que debió perder su estatus divino después de pasar mil años encerrado en el Dhunhd expuesto a crueles castigos físicos y mentales. Liberado por el propio Miguel después de que mi Padre ordenará una misión de rescate. El guerrero salió en un pésimo estado. Los demonios lograron quebrar su voluntad, manchando su alma con maldad, odio, rencor y venganza. 
Y en casos como este, cuando ves este tipo de sanación es donde tú fe aumenta, y sabes que las segundas oportunidades si existen y deben ser valoradas. Al terminar su periodo de rehabilitación volvió a las filas del ejercicio divino, más poderoso, brutal y feroz. Se podría pensar que sería un gran peligro para los demás ángeles, pero nos equivocamos, fue blindado con el sentido del bien. Instruido de nuevo con obediencia, fe, paz. Acogido de nuevo entre sus hermanos ángeles, ahora era visto con orgullo y respeto. Un guerrero leyenda venerado en el cielo.

A mí derecha un serafín. Lysande. Hermosa y pura. Una sanadora. Bendecida con una preciosa voz, mientras entona las alabanzas a nuestro Padre su poder de curación se extiende a los heridos en combate. Y por los cielos, que bendición que sea ella, pues es la responsable de que Shamsiel recuperara su lucidez. La única que logró llegar a él y por ende fue nombrada su guardián.
Dicen que tras años, cientos de años Lysande logro reestructurar el alma y la voluntad del ángel. Físicamente sus poderes reconstruyeron los daños exteriores de Shamsiel, todo a excepción de los 5 pesados grilletes que lleva en su cuerpo. Uno en cada tobillo, uno en cada muñeca y uno alrededor de su cuello. Tres eslabones de cadena están sujetos al grillete donde fueron cortados por la espada de Miguel. Jamás pudieron ser removidos y dicen que son los que mantienen sus demonios internos apaciguados. El tintineo que sale de ellos cuando el guerrero camina hace temblar tu cuerpo. 
Ambas son una pareja en verdad…única.

En el centro con sus cabellos dorados, está Abrahel. Uno de los ángeles en comunión directa con el creador. En términos humanos sería como su secretaria. Abrahel hizo un voto de silencio, un castigo auto impuesto cuando su hermana cayó en manos de Baliel. Pertenecía a las filas del ejército divino. Era apenas una recluta cuando la gran primera guerra celestial estalló. Cuando el cielo contaba más perdidas que victorias los reclutas fueron llamados a servir. Así fue como el ángel fue tomado en custodia. Abrahel no soporto el dolor y la impaciencia jugo en su contra. Descendió a los infiernos en busca de su hermana desobedeciendo órdenes de Miguel y de nuestro propio Padre. El sacrificio que hizo fue en vano. Cuando la encontró había Sido mancillada por los demonios, no quedaba nada de su pureza, Baliel la había convertido en la zorra de su clan. Abrahel no pudo soportar ver a su hermana destruida por la oscuridad pero gozosa de lo que se había convertido, con un dolor abrasador tomó la vida de su hermana frente al demonio. 
Logró salir con vida y volver al cielo. 
En la presencia de mi padre juro lealtad eterna, ofreció su voto de silencio como castigo por sus actos y a cambio de que al alma de su hermana se le permitiera el descanso eterno. Mi Padre accedió, con el tiempo Abrahel se convirtió en una especie de teléfono. Una línea directa con mi padre. Y como regalo por su devoción mi padre le otorgó el don de la telepatía. La comunicación por medio del habla directo en tu mente. También le fue concedido el poder de la intuición, si hay peligro cerca sus cabellos cambian a un tono rojizo y cuando libera su máximo poder, en medio de la lucha el blanco se apodera de cada hebra. Si, un grupo de ángeles realmente especiales. Pero la verdadera pregunta era, para que todo esto?

— Peligros diferentes asecharan la tierra antes de que mis nietos aparezcan. El mundo sobrenatural, las diferentes razas estarán en peligro. Tú misión Nigel es mantenerlos seguros. No dirás nada, actuaran según el momento y la necesidad.

— Entiendo Padre. Estaré listo cuando tú lo dispongas y partiremos de inmediato.

— Que así sea hijo mío.

Un remolino de aire nos envolvió levantando nuestros cuerpos de la posición sobre el suelo. Elevados a unos centímetros nuestras alas se expandieron por voluntad de nuestro padre.

— Un pequeño obsequio mis amados hijos.

Un destello impacto en el lugar. Las voces de los ángeles a mi espalda se elevaron en un grito de dolor. Trate fervientemente de mirar sobre mi hombro. Cuando lo logré vislumbre como sus alas blancas eran consumidas por las llamas. Cómo la yesca seca que arde en verano, cuando se levanta entre hojas y un suelo árido. Poco a poco la consumación crecía y los gritos también.

— Es tu turno hijo, si tu voluntad se mantiene hasta el final el regalo del conocimiento será tuyo.

Una mano impacto sobre mi rostro. Mis ojos se agrandaron de inmediato. Mi mirada quedó fija en la nada. Frente a mí un remolino multicolor abrió sus puertas y tras pasarlas…no había nada. Un espacio en blanco me dio la bienvenida. Solo mi figura desnuda adornaba el entorno. ¿ Qué pasó? ¿ Dónde estoy? Y como si alguien hubiera escuchado las preguntas dichas en mi mente una gran puerta de piedra caliza negra con un enorme árbol tallado apareció frente a mí. Solo flotaba. 

Me acerqué reticente, dudando de todo y de nada a la vez. Era como si mi mente hubiera sido borrada pero supiera exactamente lo que tenía que hacer. Apoye mi mano sobre la helada piedra y empuje. 

Los engranajes sonaron en un ensordecedor chirrido. Demasiado tarde para dar marcha atrás. Cuando las puertas estuvieron abiertas solo oscuridad vi del otro lado. Me adentré está vez sin miedo. Si este era mi final lo aceptaba. Si era la voluntad de mi padre que así fuera. Una sola imagen se coló en mi mente. Un rostro. Oscuras cejas adornando unos impactantes ojos. Cabellos negros piel canela. Una voz baja y ronca susurrando » Te amo» en mi oído. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Si había llegado el momento de partir no habría despedidas. No habría un adiós. No escucharía un te veré más allá de la eternidad. Me aferré a ese recuerdo y susurré su nombre.

<< Colín, perdóname >> 

El vacío abrió sus brazos. Me sentí caer por demasiado tiempo. Sin poder soportarlo más abrí mis ojos. Imágenes, imágenes del mundo tomaron forma entre una espesa niebla. 

La historia de la humanidad, guerras, batallas, sangre, muertes. 

Las caídas de altos líderes. 

La manipulación del hombre. 

El reino de los cielos intercediendo. 

El reino de las tinieblas contrarrestando. Almas siendo torturadas y otras salvadas. Era como ver un vídeo en Rewind sin detenerse, pero las imágenes se quedaban en mi mente, eran absorbidas como una vitamina por mi cerebro. Llegue a la segunda guerra celestial, donde los Nephilim fueron vencidos por las espadas de mis hermanos Querubines. 

El castigo de los ángeles protectores de la humanidad, degradados a Ángeles caídos. 

Vi la primera guerra celestial y a Baliel. Su expulsión del cielo a causa de su ambición. 

La tierra cuando era pura. 

Cuando el Edén floreció. 

Una nueva imagen frente a mí. Un bebé siendo lanzado a las profundidades del infierno. 

¿Quién era? La imagen fue sellada en mi subconsciente de inmediato, asombro, incredulidad. ¿Cómo…fue posible? 

Antes de hacer más preguntas una luz cegadora brilló en el fondo. Tape mis ojos con el antebrazo. 

Cuando sentí suelo bajo mis pies me apoye firmemente y levanté mis párpados. Un lugar inmaculado. Un paisaje vivo, lleno de colores. El verde del prado. El azul del cielo. El brillo del sol. Las flores adornaban el lugar como un jardín. Belleza y perfección.

Unas risas cálidas hicieron que desviará la mirada. Más allá, pasando bajo la sombra de un gran árbol una imponente figura caminaba dándome la espalda. Vestido con una prístina túnica roja que ondeaba con cada paso. Cabellos largos que caían hasta su cintura, las hebras cristalinas brillaban con el reflejo del sol. Una pequeña descansaba su cabeza sobre en enorme hombro del ser. Rodeaba su cuello con unos pequeños e infantiles brazos. La niña llevaba una túnica negra y sus manos no dejaban de acariciar esos cabellos brillantinos.

De la mano que descansaba al lado del ser un niño de cabellos platinos y túnica blanca se aferraba a uno de los dedos de la enorme mano. Caminaban sin ninguna preocupación, admirando el paisaje, riendo. Bebí de la imagen frente a mí. 

Una sensación de calor invadió mi cuerpo.

— Padre…

Sofoque un jadeo cuando el inmenso ser volteo su mirada hacia mí. Un rostro pálido casi traslúcido me sonrió. 

Esos ojos…dorados, como oro líquido me miraron con cariño. El dolor en mi espalda se acrecentó hasta volverse insoportable. Fuego. Eran llamas ardientes quemando el lugar donde mis alas reposaban.
Caí de rodillas tratando de tocar mi espalda, retorciéndome de dolor. Un dolor que solo aumentaba y aumentaba. Una vorágine succiono mi cuerpo, todo el paisaje despareció por completo y la sala del trono de mi padre tomo su lugar. 

Los gritos a mi espalda habían desaparecido. Los ángeles respiraban con dificultad, sus cuerpos estaban bañados en sudor y la ausencia de sus alas eran visibles al igual que las mías.

— Tu voluntad es fuerte hijo mío. Usa el conocimiento que te concedí con sabiduría. Cuando estés listo, busca al…

Las palabras fueron susurradas en mi mente. Sabía que debía hacer, cuál sería el próximo paso y a quien debía acudir.

Nuestros cuerpos fueron cubiertos por una esfera de cristal, como las que usan los serafines es su sanación. Y mientras éramos arrojados a nuestro hogar, la antesala al cielo, fijé mi vista en las nubes claras y blancas perdiendo el sentido rememorando las imágenes y el nuevo don que mi padre me había regalado.

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7 días pasamos en recuperación. Cuando me desperté estaba sobre mi cama con Colín cuidando de mí. Una corta explicación fue todo lo que me dejó darle, pues en su interior sospechaba cual había sido el motivo del llamado.

Ahora estoy listo. En la salida de la antesala, con las rejas de entrada a mi espalda y mi equipo listo cruzo los brazos sobre el pecho mirando hacia abajo. 

Detrás de mí la presencia de Abrahel, Shamsiel y Lysande me rodean.

A mí señal extendemos nuestras nuevas alas. Después de pasar por el dolor de perderlas unas hermosas alas brotaron. Platinas para los ángeles, como los guerreros especiales que son. Y doradas para este servidor arcángel.

— Adónde vamos Nigel? – pregunta Lysande con su voz cantarina –

Miro sobre mi hombro y les sonrío.

— Practiquen sus modales mis queridos Querubines. Visitaremos al Rey…de los vampiros.

Los orígenes del salvaje.

A

Antiguo País 

Año 1736 en adelante.

Años atrás, el hecho de pisar éstas áridas tierras traía consigo gran honor y valía. Un campamento de élite, dónde los mejores y más intrépidos guerreros eran forjados con la crueldad y sabiduría de aquél cuyo nombre estremecía a los hojas de acero, quién ocupaba lugar incluso en las casas más humildes y olvidadas por la raza. No existía vampiro que no lo conociera. El bloodletter era motivo de terror, de violencia, de caos y tosca seguridad.

¿Hoy? Aquél reconocido guerrero había sido expulsado del seno del honor, sus crímenes se acumularon, las brutales muestras de poder, de abuso. Sobrepasaron incluso el código de bestias. ¿Acaso esto apaciguó el voraz y brutal apetito? Nay… de ninguna manera, cómo fuego alimentándose de un amplio y reseco bosque. La ira del sanguinario explotó.

<< ¿Acaso el honor va a salvarnos? >>

Aún sentía las gélidas palabras del colosal macho estremeciendo su piel. El Bloodletter repudiaba la compasión, castigaba la bondad, para él…. Cualquier valía se demostraba en el campo de batalla, los lujos se reflejaban en méritos. En hazañas, en el número de cabezas qué tu acero ha cobrado.

<< Los Lessers son inmundas y vacías criaturas, letales amenazas qué deben ser extirpadas y aniquiladas ¿Piensas qué el honor va conseguirlo? Tu maldita ingenuidad es digno motivo de burla, bastardo >>

Cómo veneno, escupía cada una de las palabras. La saliva salpicaba su rostro aún joven, los colmillos eran inmensos, muchos más grandes a cualquiera qué alguna vez hubiera visto. El rostro del Balthazar no podía hacer más qué mantenerse sereno. Era un recién llegado.

<<En la guerra, No eres nada salvo un trozo de carne, Fuiste despojado de tu cuna, vendido por tu familia. Has sido arrojado a las fauces del Dhunhd… y lo único qué va a salvarte…>>

Detuvo su discurso, sonriendo con tinte siniestro. Oh… los azulados orbes lo estaban leyendo de pies a cabeza, La poderosa palma se cerró en un puño con sus cabellos en medio. Forzando a mantener su mentón en alto, en un gran ángulo.

<< Eres listo, bastardo… Depende únicamente de tu fuerza, y créeme. Éste no es ningún lugar dónde recibirás halagos ni patéticas palmadas en tu espalda. Voy asegurarme qué tu transición sea dolorosa, probaré tu valía tantas veces hasta dejarme satisfecho. Conocerás un dolor tan agudo qué implorarás que la VE detenga tu corazón, el hambre quemará tus tripas, te retorcerás de frío, te arrodillarás humillado, rozarás la muerte cada maldito día. Y sólo… si al final de todo, estás vivo. Serás un digno guerrero>>

Hoy… pertenecer al campamento del Bloodletter no involucraba más qué ridícula cantidad de mala suerte, de malas decisiones, de malas relaciones intrafamiliares. ¿Podía seguir alargando la lista? Por el Dhundh… por supuesto que sí. La mayoría de los bastardos fueron abandonados, vendidos por sus sires a cambio de servicios, para saldar deudas y asegurar sus cabezas…

(…)

Cada una de las palabras del Bloodletter fueron ridículamente ciertas. La primera semana había sido despojado de sus ropas, arrojado en medio una gélida noche de invierno junto a otro par de pretrans. Completamente desnudos y desarmados, sólo con la ventaja de aquél debilucho pero pequeño cuerpo.

<<Roben>>

habían sido las cortas instrucciones de su sire.

<<Roben, y despídanse de sus cabezas si llegan a ser descubiertos>>

y así había sido… Con sus manos, el mismísimo Bloodletter se encargó de cumplir las amenazas al más pequeño de la camada, quién en su torpeza, con el frío entumeciendo sus músculos tropezó en medio del establo. Descubierto por el temible macho qué pasó la noche patrullando, cazándolos. Luciendo la cabeza al día siguiente cómo trofeo y advertencia.


Durante casi tres meses, el par de pretrans sobrevivieron a base de hurtos, y no sólo en el campamento, pasaban noches resguardados en cuevas en lo que acechaban a los humanos, buscando apropiarse de cualquier objeto que les asegurará su supervivencia. No podían dejar huella ni rastro alguno… de ser así, un trágico final los aguardaba… hasta qué, por primera vez desde qué había llegado, el Bloodletter los llamó… lo que adornaba el centro de la mesa era un gran jabalí, una jarra cargada con vino… el delicioso olor a carne puso a gruñir ambos estómagos. ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaron de una comida caliente? A base de vegetales, a base frutos del bosque, de pequeñas alimañas qué podían adquirir.

<<Sírvanse si ese es su deseo >> Los más jóvenes abrieron los orbes cómo platos, aquello era algo que jamás se hubieran esperado del temible sanguinario ¿Un premio tal vez? Por haber llegado tan lejos…

<<Hasta ahora, han aprendido a valerse de la fuerza de otros… es momento qué empiecen a forjar algo propio… en 20 minutos estaré de regreso. No me hagan perder el tiempo>>

el imponente macho desapareció. Silvain, su compañero fue el primero en acortar la distancia entre él y la suculenta carne. Estirando los dedos para así alcanzar una robusta y apetitosa porción.

Balthazar cerró el puño alrededor de su muñeca, impidiendo qué continuara.

– No lo comas-

Silvain entrecerró los ojos, arrancando el brazo del contacto del macho.

-¿Por qué?- con los hombros hundidos, el bastardo desvió la mirada. –Hace meses qué no comemos algo decente ¿Por qué rechazaríamos la ofrenda de nuestro Sire?

– Estamos bien Silvain. –

-Balthazar, el Sanguinario fue claro. Si le hacemos perder el tiempo nos arrancará el corazón y nos alimentará con el… No sabemos lo que nos esperara… ¿Bajo qué lógica no es bueno recuperar las fuerzas? –

-Nos mantendremos conscientes, Silvain-

-Muérete de hambre Balthazar. Ese es tu problema-

Bajo esa lógica, no había nada qué pudiera hacer. Alzó las manos al aire en clara señal de rendición… Con la espalda recostada contra el grueso e irregular muro, dejó caer su cuerpo doblando la rodilla para apoyar el brazo…. Joder, ¿A éstas alturas? Disfrutaba inmensamente el calor de tal robusta edificación. Los oscuros ojos del bastardo se cerraron… Descasarlos durante 10 minutos no lo mataría… ¿Verdad? 

Desde dónde estaba, podía oír cómo Silvain se atragantaba con la comida, comiendo tanto cómo podía. Sin respirar siquiera, por cinco minutos tal vez. El tiempo corría tan jodidamente lento para él…. Su estómago rugió al menos un par de veces en lo que forzaba a sus ojos a mantenerse cerrados. Aquel festín no era algo que deseaba ver.

– ¿Lo ves Balthazar?- exclamó con la boca repleta, dificultando las palabras. Sirviéndose una copa de vino. Tanta comida necesitaba un empuje – Esto está delicioso… por el Dhunhd. Realmente no entiendo por qué estás ahí… tal vez… Silvain tenía razón… entrecerrando los ojos con cierto recelo. El bastardo se puso de pie… aceptando la copa de vino qué le tendían.

– Brinda conmigo-

– ¿Qué sentido tiene?-

Por el siguiente latido, Silvain cargó otra copa de acero.

– Por estar vivos. –

Silvain tenía el cabello oscuro, enmarañado de mugre, su piel levemente bronceada junto un par de envolventes y amplios ojos ámbar. Sus mejillas se ahuecaban, claro indicio de desnutrición… el barro manchaba sus mejillas… ¿Cómo será que se vería él?

Cuándo la copa fue tendida, el bastardo no tuvo más remedio qué imitarlo. El chasquido del metal sacudió el espeso líquido. Ambos vertieron por completo en contenido, deslizándose en un solo y amplio trago.

– Uff… es exactamente lo que necesitaba –

y justo allí. La visión del bastardo se nubló… la sangre emergía con grotesca fluidez de cada orificio qué Silvain pudiera tener… ojos, nariz, boca… ¿orejas? Ahogándose con su propia vitalidad, el vampiro cayó de rodillas, con los dedos extendidos hacia su dirección…

– Ayu…yu…-

Sin siquiera terminar, Balthazar alcazó a sostener su inerte cuerpo antes que éste impactara contra el suelo, la frialdad rápidamente lo ocupó, ya no quedaba rastro alguno del bronceado que minutos atrás portaba… las ojeras se intensificaron en penetrantes tonos violetas… los latidos ralentizaban.

Los aplausos del Bloodletter lograron captar su atención, Balthazar elevó la mirada. Fijas en aquellos despiadados orbes azules.

<<Esperé encontrar dos cadáveres>>

El imponente macho cortó la distancia entre ellos, y de una patada. Estrelló el cuerpo de Balthazar contra el suelo. Arrancándolo del cuerpo de Silvain.

Las suelas de las pesadas botas cayeron cómo plomo sobre el pecho del caído, torciéndolo después de inclinarse lo suficiente para inspeccionarlo, rodando tres veces, estacionándose justo frente a Balthazar.

<< Aún está vivo >>

Allí, una el filo de un de una gastada daga rebotó entre ellos. Los orbes de Balthazar se ampliaron.

Por el Fade… El Bloodletter tenía los ojos más fríos que hubiera visto. Una mirada intimidante. Aún más filosa qué la daga que portaba. De cuclillas frente a él. La verdadera imagen de un depredador se forjó en la mente del pre-trans. Una sonrisa burlona, su porte tan relajado…

<< Acabalo por mí. Bastardo>>

y por supuesto qué no era ninguna amena petición.

“Acábalo o lo haré con ambos”

Por primera vez, Balthazar sostuvo una daga. Le fue imposible ocultar los leves temblores en sus dedos, una unión frágil debido al sudor… aun así…. Su corte fue limpio. La hoja penetró con verdadera facilidad la garganta del vampiro, clavándose contra el suelo. Una y otra vez….

El Bloodletter no era el único sonriendo en ese momento.

(…)

Sólo después qué sus manos conocieran la calidez de la sangre, fue adiestrado en la cacería. En este retorcido mundo, eso implicaba ser promovido. Era un poco más que aquel insignificante y debilucho ladronzuelo. Sin otro pretrans en el campamento, Balthazar formó parte de las patrullas: Todas las noches debía traer un animal de gran tamaño, lo suficiente para alimentar a la banda de fornidos y grandes guerreros.

¿Debía especificar qué era el único en su equipo? Por supuesto que no. No existía el trabajo en equipo en éste lugar…

El crujido de las hojas captó su atención. Con el sigilo de un ladrón y la fuerza de un depredador. El bastardo que estaba en la cima de un árbol afiló la mirada, hundiéndose y preparando su cuerpo para saltar… Había puesto un señuelo y afortunadamente un colosal pero solitario oso pardo se acercaba a él.

Balthazar no pudo evitar sonreír. Con esto… no sólo tendría alimento por el próximo par de días, sino un grueso y cómodo abrigo qué lo mantendría caliente por los días.

Más… Inquieto, el cuerpo de Balthazar acortó la distancia, deslizándose a lo largo de una delgada pero aun así resistente rama. Tratando de minimizar y camuflar el sonido de las hojas con el danzar del viento… con la respiración tan suave y lenta…

“Eres mío”

y cómo si el omega lo hubiera escuchado. El crujir de la rama fue verdadera sorpresa. Los oscuros ojos del bastardo se ampliaron cuando ésta finalmente cedió… Cayendo al suelo. De pie al menos…

¿Tenía que explicar que tenía un colosal oso pardo con más de tres metros de altura enseñándoles las garras y los colmillos?

El rugido del animal puso a los pájaros a volar.

-Esto no es lo que planeé- murmuró, enseñando su pequeña daga….

-A menos que puedas alargarte tres metros milagrosamente. Estamos jodidos –

Y con un gesto despreocupado. Balthazar se abalanzó contra el animal. Clavando de lleno la daga… y por la mierda, El animal ni siquiera parecía estar consciente de ello. Una vez, dos veces… hijo de puta…

Su única oportunidad era atacarlo en sus puntos vitales y por el Fade qué lo intentó…. Para su desgracia, antes qué pudiera trepar el árbol de vuelta. La pesada garra lo tumbó al suelo. Rasgando no sólo su ropa, sino abriendo una brutal herida a lo largo de su pecho.

Dolía.

Bufó divertido, entre quejidos y maldiciones. Tenía más de 300 kg sobre su cuerpo, era una maldito milagro qué sus huesos no se quebraran… ¿O sí?

– Bien… ¿Puedes hacerme el fa…-

Lo que sacudió sus cabellos no fue exactamente el viento, Balthazar cerró la boca en cuando el arma se clavó con precisión demoniaca entre los ojos del animal. Atravesando su cráneo… ¿Había dicho qué tenía 300kg?

Quedó sin aliento cuándo el animal impactó de lleno contra él…. Bien, una muerte por asfixia tampoco llamaba su atención… completamente rojo. El bastardo se arrastró cómo pudo, recuperando el aliento con violencia antes de observar a la bestia caída con los ojos llorosos…

La empuñadura era algo qué no podría ignorar, el símbolo del Bloodletter lucía orgullosa sobre ella… Balthazar se giró. Buscando entre la oscuridad… más, la presencia del sanguinario no estaba…

Estaba seguro qué se encontraba solo.

Balthazar parpadeó, confundido.

Su sire obraba de maneras extrañas…

Con un sistema de poleas, había conseguido arrastrar al animal hasta el campamento, tirando de un gastado pero aún funcional carruaje de rústica madera y metal oxidado, las ruedas toscas y nada más clavos y tiras de cuero mantenían la estructura, el sudor corría con fluidez de aquel mugroso rostro. La pérdida de sangre nublaba su vista, dificultando su respiración ¿Cuántas horas habían transcurrido? Tres tal vez, Una maldita eternidad cuándo cada vez la noche se hacía más corta.

Lleno de contratiempos, Balthazar alcanzó finalmente su destino, el lugar qué retorcidamente se había vuelto su hogar y lo primero que vio fue una gran hoguera… los preparativos estaba listos. 
Y si llegaba un minuto más tarde, probablemente él sería a quién carbonizara las brasas.

(…)

<<Muéstrame tus manos>>

Fueron las palabras del Bloodletter. Balthazar tendió ambas. Luego de cuatro meses en el campamento, la piel se transformó, una superficie irregular y callosa.

“Justo cómo debe ser”

La sonrisa del Bloodletter se amplió. Sus brazos adquirieron volumen y forma, los músculos del pretrans, todavía lejos de alcanzar a un macho adulto, eran justo lo que necesitaba. Ya las señales de desnutrición desaparecieron por completo de su cuerpo. Desde qué aprendió a cazar, el alimento no era razón de preocupación. Cómo si el mero contacto ardiera, el Sanguinario arrancó sus manos, dándole la espalda antes de alargar la distancia entre ellos en grandes pasos…

Los oscuros ojos del más joven de los vampiros se entornaron hacia su dirección. No hacía falta qué su Sire dijera algo. Balthazar ya lo estaba siguiendo.

Una rústica forja lucía en el centro de la habitación, rodeado de una amplia variedad de armas, algunas aún con sangre fresca impregnada al filo. El lugar apestaba a lesser. Dagas, espadas, hachas, escudos. Robustas armaduras, piezas de cuero y de acero. Los ojos de Balthazar fueron incapaces de resistir la curiosidad, vagando por el lugar de pared a pared. Una y otra vez. Lo que estaba aquí superaba ampliamente la pequeña cuchilla, ya sin filo, qué le había dado.

<< Tus manos maltrechas… eso demuestra que eres capaz de combatir. Escoge tu arma con calma, bastardo. Es lo único que mantendrá tu corazón latiendo. En un futuro, si es qué aún no te transformas en polvo, quedará en tus manos forjarlas >> 
No tardó en hacerlo. Los dedos del pretrans se alargaron, alcanzando el resistente mango. Un hacha doble. El acero macizo en definitiva pesaba. El Bloodletter no emitió comentario alguno sobre su decisión.

<<Tienes dos noches para familiarizarte con ella>>

Ya se estaba marchando cuando su gruesa voz retumbó en la habitación.

<< Estamos escasos de leña, tala y consíguenos comida. >>

(…)

La fatiga en más de una ocasión nubló la vista del pretrans. Sin un maestro, manipular el arma se volvió pesado. La maldita parecía obrar con vida, resistiéndose completamente. Los primeros árboles se hicieron esperar malditas eternidades a perspectiva de Balthazar.

– No son tan gruesos cuándo los necesito – maldijo en voz baja, recordando el último accidente qué había tenido. El filo caía con fuerza sobre la corteza. Una y otra vez. El sudor se formaba, los músculos en sus hombros parecían arder. Cada brazada implicaba un gruñido ronco. En lo que terminaba. Balthazar pudo asegurar que en ningún momento del día había aflojado la expresión.

Ya en el quinto, pudo apreciar cierta fluidez. A un ritmo extremadamente lento a su gusto. Había variado la posición de sus manos tantas veces hasta encontrar el punto dónde se sentía más cómodo con ella. Dónde difícilmente se corría a causa del sudor… afiló las hojas cuándo terminó… el suave fluir del agua captó su atención ¿Cuándo había sido la última vez que tomó un baño con calma? Los meses en el campamento se reducían a constante presión. Dormir con los ojos abiertos, expectantes a la mínima señal de peligro, animales salvajes o frustrados vampiros… en su condición de pretrans, y sin otros en el campamento, Balthazar no participaba en el coliseo, cómo el Bloodletter lo llamaba, aquel campo de entrenamiento dónde los vampiros adultos competían, noche tras noche. Batallas brutales qué apenas había sido capaz de observar de reojo, cada vez qué se encontraba con los guerreros. Nuevas heridas adornaban sus cuerpos. Había visto cómo algunos eran amarrados, gruesos grilletes envueltos en los tobillos y muñecas. De rodillas, con la cabeza enterrada en el barro, dificultando aún más la respiración, el menor de sus problemas con tantos machos en fila para poseerlo. El hedor a fresca sangre aún picaba la nariz del pretrans.

-No es mi problema- aún.

Murmuró para sí mismo, alzando su cuerpo. Desvistiéndose con lentitud desesperante…cada movimiento implicaba una larga serie de gruñidos por parte del bastardo, los músculos se estiraban en agudos picos de dolor. Tanto qué con la vista se aseguró qué no los tuviera los huesos rotos. La respiración del pretrans se agitó, los latidos desenfrenados azotaban su pecho, amenazando con quebrar sus costillas en un mero descuido…

– Por el Fade… – maldijo entre dientes, balanceando su cuerpo de manera tosca y rígida, las ramas cedían ante el peso del vampiro qué no podía enfocar siquiera la vista, menos aún evitar la los obstáculos del irregular terreno.

– ¡Lo siento Sire! Saldré inmediatamente de su vista.-

Parpadeó ligeramente confundido cuándo aquel agudo chirrido lo alcanzó. Una hembra estaba frente a él… y a juzgar por su apariencia descuidada y los orbes expandidos en puro terror. Ella estaba sufriendo… un delicioso aroma emanaba de ella… una esencia tan oscura y embriagante cómo afrodisiacos.

La polla de Balthazar dio un brinco y maldita sea, la garganta se contraía en violetas palpitaciones. Un hambre voraz explotó con ímpetu, rasgando su núcleo, por primera vez, Los colmillos fueron desenfundados hincando sus labios, el sabor de su sangre no fue más que leña para el incendio que carcomía su cuerpo…

Ninguna hembra lo había llamado sire hasta ahora… éstas ni siquiera se volteaban a mirarlo.

El rugido qué estalló no le pertenecía. Tan ronco, grave, feroz…

Sea lo que sea qué la hembra portaba, cayó de lleno al suelo, desparramándose mientras ésta salía disparada en dirección contraria al bastardo. Chillidos y jadeos qué no logró descifrar se atascaban en la garganta de la hembra, jadeos y la picazón de sal en su nariz…

Sus pies, por instinto, la siguieron. En atroz lujuria, El bastardo no tardó en alcanzarla… Ella era tan lenta y torpe, tanto qué había tropezado. Arrastrándose inútilmente por el suelo.

– Por favor –

llegó a escuchar, no podía verlas pero las lágrimas caían con fluidez de sus ojos… las manos del vampiro estaban lejos de hacerlo. La tela qué la cubría fue rasgada sin contratiempos. Ella se resistía: pateando, revoloteando sus brazos cómo si esto pudiese salvarla. Gritos qué desgarrarían la joven y desafortunada garganta… ruegos piedad y alaridos qué no influenciarían en los actos del bastardo.

<<Grita cuánto quieras>>

¿En qué momento su voz se tornó tan gruesa? Las enseñanzas del Bloodletter se impregnaron en sus sentidos.

<<Vas a servirme>>

la mandíbula del vampiro se cerró con fuerza sobre la delicada pero sucia piel. Clavándose en la nuca de la hembra, cuya oposición aumentó. Pudo sentir la fricción entre los huesos y sus dientes. Más nada podía detener las brutales succiones. El líquido aliviaba la sed, calmando el dolor en cada contracción qué atormentaba su cuerpo. La hembra jadeó. Entre más dolor qué placer… pero…

las manos del vampiro buscaron su núcleo. Húmedo. Caliente…. Por la mierda…. Ella estaba jodidamente hirviendo, incitándolo.

El sol empezó a embullar su piel. Tan cerca cómo el amanecer estaba. Lo qué pausó sus acciones, fue lo que llaman supervivencia. Sus manos se envolvieron con brutalidad en los cabellos oscuros de la hembra, a quien, en un principio, arrastró por el bosque…

– Eres tan condenadamente lenta – gruñó. La sangre fresca corría de la comisura de sus labios… lo qué lo refugiaría del día era la cueva a no más 50 metros de él, un espacio húmedo. Frío. Dónde el agua de la cascada salpicaba. Apenas lo suficientemente grande para tenerlos a ambos.

Justo a tiempo, ambos vampiros alcanzaron el refugio. Balthazar arrojó en primer lugar a la hembra, quien cayó de espaldas a él… El volumen creciente en su cuerpo dificultó la tarea. Pero maldita mierda. Él no era más que un tifón de caos, de dolor, de placer.

Más tarde, ese día… el bastardo tendría entre sus brazos un cadáver maltrecho, frío e inerte. Las marcas de sus colmillos exhibirían la brutalidad con la que fue montada. Mordiscos qué expondrán los huesos, carne y desgarrados músculos. Los ojos del bastardo se abrirán confundidos, ardiendo debido a los rayos filtrados. Tendido de lado…

los cabellos de la hembra estarían revueltos, en primer plano todas aquellas aberraciones qué había cometido, cortados pantallazos azotarán sus recuerdos… alargará los dedos, acomodando cínicamente los cabellos, cerrando los parpados desorbitados.

– Nadie estará feliz con tu suerte- murmuró antes de girarse, dándole la espalda perezosamente y volver a dormir.

ntiguo País 

Año 1736 en adelante.

Años atrás, el hecho de pisar éstas áridas tierras traía consigo gran honor y valía. Un campamento de élite, dónde los mejores y más intrépidos guerreros eran forjados con la crueldad y sabiduría de aquél cuyo nombre estremecía a los hojas de acero, quién ocupaba lugar incluso en las casas más humildes y olvidadas por la raza. No existía vampiro que no lo conociera. El bloodletter era motivo de terror, de violencia, de caos y tosca seguridad.

¿Hoy? Aquél reconocido guerrero había sido expulsado del seno del honor, sus crímenes se acumularon, las brutales muestras de poder, de abuso. Sobrepasaron incluso el código de bestias. ¿Acaso esto apaciguó el voraz y brutal apetito? Nay… de ninguna manera, cómo fuego alimentándose de un amplio y reseco bosque. La ira del sanguinario explotó.

<< ¿Acaso el honor va a salvarnos? >>

Aún sentía las gélidas palabras del colosal macho estremeciendo su piel. El Bloodletter repudiaba la compasión, castigaba la bondad, para él…. Cualquier valía se demostraba en el campo de batalla, los lujos se reflejaban en méritos. En hazañas, en el número de cabezas qué tu acero ha cobrado.

<< Los Lessers son inmundas y vacías criaturas, letales amenazas qué deben ser extirpadas y aniquiladas ¿Piensas qué el honor va conseguirlo? Tu maldita ingenuidad es digno motivo de burla, bastardo >>

Cómo veneno, escupía cada una de las palabras. La saliva salpicaba su rostro aún joven, los colmillos eran inmensos, muchos más grandes a cualquiera qué alguna vez hubiera visto. El rostro del Balthazar no podía hacer más qué mantenerse sereno. Era un recién llegado.

<<En la guerra, No eres nada salvo un trozo de carne, Fuiste despojado de tu cuna, vendido por tu familia. Has sido arrojado a las fauces del Dhunhd… y lo único qué va a salvarte…>>

Detuvo su discurso, sonriendo con tinte siniestro. Oh… los azulados orbes lo estaban leyendo de pies a cabeza, La poderosa palma se cerró en un puño con sus cabellos en medio. Forzando a mantener su mentón en alto, en un gran ángulo.

<< Eres listo, bastardo… Depende únicamente de tu fuerza, y créeme. Éste no es ningún lugar dónde recibirás halagos ni patéticas palmadas en tu espalda. Voy asegurarme qué tu transición sea dolorosa, probaré tu valía tantas veces hasta dejarme satisfecho. Conocerás un dolor tan agudo qué implorarás que la VE detenga tu corazón, el hambre quemará tus tripas, te retorcerás de frío, te arrodillarás humillado, rozarás la muerte cada maldito día. Y sólo… si al final de todo, estás vivo. Serás un digno guerrero>>

Hoy… pertenecer al campamento del Bloodletter no involucraba más qué ridícula cantidad de mala suerte, de malas decisiones, de malas relaciones intrafamiliares. ¿Podía seguir alargando la lista? Por el Dhundh… por supuesto que sí. La mayoría de los bastardos fueron abandonados, vendidos por sus sires a cambio de servicios, para saldar deudas y asegurar sus cabezas…

(…)

Cada una de las palabras del Bloodletter fueron ridículamente ciertas. La primera semana había sido despojado de sus ropas, arrojado en medio una gélida noche de invierno junto a otro par de pretrans. Completamente desnudos y desarmados, sólo con la ventaja de aquél debilucho pero pequeño cuerpo.

<<Roben>>

habían sido las cortas instrucciones de su sire.

<<Roben, y despídanse de sus cabezas si llegan a ser descubiertos>>

y así había sido… Con sus manos, el mismísimo Bloodletter se encargó de cumplir las amenazas al más pequeño de la camada, quién en su torpeza, con el frío entumeciendo sus músculos tropezó en medio del establo. Descubierto por el temible macho qué pasó la noche patrullando, cazándolos. Luciendo la cabeza al día siguiente cómo trofeo y advertencia.


Durante casi tres meses, el par de pretrans sobrevivieron a base de hurtos, y no sólo en el campamento, pasaban noches resguardados en cuevas en lo que acechaban a los humanos, buscando apropiarse de cualquier objeto que les asegurará su supervivencia. No podían dejar huella ni rastro alguno… de ser así, un trágico final los aguardaba… hasta qué, por primera vez desde qué había llegado, el Bloodletter los llamó… lo que adornaba el centro de la mesa era un gran jabalí, una jarra cargada con vino… el delicioso olor a carne puso a gruñir ambos estómagos. ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaron de una comida caliente? A base de vegetales, a base frutos del bosque, de pequeñas alimañas qué podían adquirir.

<<Sírvanse si ese es su deseo >> Los más jóvenes abrieron los orbes cómo platos, aquello era algo que jamás se hubieran esperado del temible sanguinario ¿Un premio tal vez? Por haber llegado tan lejos…

<<Hasta ahora, han aprendido a valerse de la fuerza de otros… es momento qué empiecen a forjar algo propio… en 20 minutos estaré de regreso. No me hagan perder el tiempo>>

el imponente macho desapareció. Silvain, su compañero fue el primero en acortar la distancia entre él y la suculenta carne. Estirando los dedos para así alcanzar una robusta y apetitosa porción.

Balthazar cerró el puño alrededor de su muñeca, impidiendo qué continuara.

– No lo comas-

Silvain entrecerró los ojos, arrancando el brazo del contacto del macho.

-¿Por qué?- con los hombros hundidos, el bastardo desvió la mirada. –Hace meses qué no comemos algo decente ¿Por qué rechazaríamos la ofrenda de nuestro Sire?

– Estamos bien Silvain. –

-Balthazar, el Sanguinario fue claro. Si le hacemos perder el tiempo nos arrancará el corazón y nos alimentará con el… No sabemos lo que nos esperara… ¿Bajo qué lógica no es bueno recuperar las fuerzas? –

-Nos mantendremos conscientes, Silvain-

-Muérete de hambre Balthazar. Ese es tu problema-

Bajo esa lógica, no había nada qué pudiera hacer. Alzó las manos al aire en clara señal de rendición… Con la espalda recostada contra el grueso e irregular muro, dejó caer su cuerpo doblando la rodilla para apoyar el brazo…. Joder, ¿A éstas alturas? Disfrutaba inmensamente el calor de tal robusta edificación. Los oscuros ojos del bastardo se cerraron… Descasarlos durante 10 minutos no lo mataría… ¿Verdad? 

Desde dónde estaba, podía oír cómo Silvain se atragantaba con la comida, comiendo tanto cómo podía. Sin respirar siquiera, por cinco minutos tal vez. El tiempo corría tan jodidamente lento para él…. Su estómago rugió al menos un par de veces en lo que forzaba a sus ojos a mantenerse cerrados. Aquel festín no era algo que deseaba ver.

– ¿Lo ves Balthazar?- exclamó con la boca repleta, dificultando las palabras. Sirviéndose una copa de vino. Tanta comida necesitaba un empuje – Esto está delicioso… por el Dhunhd. Realmente no entiendo por qué estás ahí… tal vez… Silvain tenía razón… entrecerrando los ojos con cierto recelo. El bastardo se puso de pie… aceptando la copa de vino qué le tendían.

– Brinda conmigo-

– ¿Qué sentido tiene?-

Por el siguiente latido, Silvain cargó otra copa de acero.

– Por estar vivos. –

Silvain tenía el cabello oscuro, enmarañado de mugre, su piel levemente bronceada junto un par de envolventes y amplios ojos ámbar. Sus mejillas se ahuecaban, claro indicio de desnutrición… el barro manchaba sus mejillas… ¿Cómo será que se vería él?

Cuándo la copa fue tendida, el bastardo no tuvo más remedio qué imitarlo. El chasquido del metal sacudió el espeso líquido. Ambos vertieron por completo en contenido, deslizándose en un solo y amplio trago.

– Uff… es exactamente lo que necesitaba –

y justo allí. La visión del bastardo se nubló… la sangre emergía con grotesca fluidez de cada orificio qué Silvain pudiera tener… ojos, nariz, boca… ¿orejas? Ahogándose con su propia vitalidad, el vampiro cayó de rodillas, con los dedos extendidos hacia su dirección…

– Ayu…yu…-

Sin siquiera terminar, Balthazar alcazó a sostener su inerte cuerpo antes que éste impactara contra el suelo, la frialdad rápidamente lo ocupó, ya no quedaba rastro alguno del bronceado que minutos atrás portaba… las ojeras se intensificaron en penetrantes tonos violetas… los latidos ralentizaban.

Los aplausos del Bloodletter lograron captar su atención, Balthazar elevó la mirada. Fijas en aquellos despiadados orbes azules.

<<Esperé encontrar dos cadáveres>>

El imponente macho cortó la distancia entre ellos, y de una patada. Estrelló el cuerpo de Balthazar contra el suelo. Arrancándolo del cuerpo de Silvain.

Las suelas de las pesadas botas cayeron cómo plomo sobre el pecho del caído, torciéndolo después de inclinarse lo suficiente para inspeccionarlo, rodando tres veces, estacionándose justo frente a Balthazar.

<< Aún está vivo >>

Allí, una el filo de un de una gastada daga rebotó entre ellos. Los orbes de Balthazar se ampliaron.

Por el Fade… El Bloodletter tenía los ojos más fríos que hubiera visto. Una mirada intimidante. Aún más filosa qué la daga que portaba. De cuclillas frente a él. La verdadera imagen de un depredador se forjó en la mente del pre-trans. Una sonrisa burlona, su porte tan relajado…

<< Acabalo por mí. Bastardo>>

y por supuesto qué no era ninguna amena petición.

“Acábalo o lo haré con ambos”

Por primera vez, Balthazar sostuvo una daga. Le fue imposible ocultar los leves temblores en sus dedos, una unión frágil debido al sudor… aun así…. Su corte fue limpio. La hoja penetró con verdadera facilidad la garganta del vampiro, clavándose contra el suelo. Una y otra vez….

El Bloodletter no era el único sonriendo en ese momento.

(…)

Sólo después qué sus manos conocieran la calidez de la sangre, fue adiestrado en la cacería. En este retorcido mundo, eso implicaba ser promovido. Era un poco más que aquel insignificante y debilucho ladronzuelo. Sin otro pretrans en el campamento, Balthazar formó parte de las patrullas: Todas las noches debía traer un animal de gran tamaño, lo suficiente para alimentar a la banda de fornidos y grandes guerreros.

¿Debía especificar qué era el único en su equipo? Por supuesto que no. No existía el trabajo en equipo en éste lugar…

El crujido de las hojas captó su atención. Con el sigilo de un ladrón y la fuerza de un depredador. El bastardo que estaba en la cima de un árbol afiló la mirada, hundiéndose y preparando su cuerpo para saltar… Había puesto un señuelo y afortunadamente un colosal pero solitario oso pardo se acercaba a él.

Balthazar no pudo evitar sonreír. Con esto… no sólo tendría alimento por el próximo par de días, sino un grueso y cómodo abrigo qué lo mantendría caliente por los días.

Más… Inquieto, el cuerpo de Balthazar acortó la distancia, deslizándose a lo largo de una delgada pero aun así resistente rama. Tratando de minimizar y camuflar el sonido de las hojas con el danzar del viento… con la respiración tan suave y lenta…

“Eres mío”

y cómo si el omega lo hubiera escuchado. El crujir de la rama fue verdadera sorpresa. Los oscuros ojos del bastardo se ampliaron cuando ésta finalmente cedió… Cayendo al suelo. De pie al menos…

¿Tenía que explicar que tenía un colosal oso pardo con más de tres metros de altura enseñándoles las garras y los colmillos?

El rugido del animal puso a los pájaros a volar.

-Esto no es lo que planeé- murmuró, enseñando su pequeña daga….

-A menos que puedas alargarte tres metros milagrosamente. Estamos jodidos –

Y con un gesto despreocupado. Balthazar se abalanzó contra el animal. Clavando de lleno la daga… y por la mierda, El animal ni siquiera parecía estar consciente de ello. Una vez, dos veces… hijo de puta…

Su única oportunidad era atacarlo en sus puntos vitales y por el Fade qué lo intentó…. Para su desgracia, antes qué pudiera trepar el árbol de vuelta. La pesada garra lo tumbó al suelo. Rasgando no sólo su ropa, sino abriendo una brutal herida a lo largo de su pecho.

Dolía.

Bufó divertido, entre quejidos y maldiciones. Tenía más de 300 kg sobre su cuerpo, era una maldito milagro qué sus huesos no se quebraran… ¿O sí?

– Bien… ¿Puedes hacerme el fa…-

Lo que sacudió sus cabellos no fue exactamente el viento, Balthazar cerró la boca en cuando el arma se clavó con precisión demoniaca entre los ojos del animal. Atravesando su cráneo… ¿Había dicho qué tenía 300kg?

Quedó sin aliento cuándo el animal impactó de lleno contra él…. Bien, una muerte por asfixia tampoco llamaba su atención… completamente rojo. El bastardo se arrastró cómo pudo, recuperando el aliento con violencia antes de observar a la bestia caída con los ojos llorosos…

La empuñadura era algo qué no podría ignorar, el símbolo del Bloodletter lucía orgullosa sobre ella… Balthazar se giró. Buscando entre la oscuridad… más, la presencia del sanguinario no estaba…

Estaba seguro qué se encontraba solo.

Balthazar parpadeó, confundido.

Su sire obraba de maneras extrañas…

Con un sistema de poleas, había conseguido arrastrar al animal hasta el campamento, tirando de un gastado pero aún funcional carruaje de rústica madera y metal oxidado, las ruedas toscas y nada más clavos y tiras de cuero mantenían la estructura, el sudor corría con fluidez de aquel mugroso rostro. La pérdida de sangre nublaba su vista, dificultando su respiración ¿Cuántas horas habían transcurrido? Tres tal vez, Una maldita eternidad cuándo cada vez la noche se hacía más corta.

Lleno de contratiempos, Balthazar alcanzó finalmente su destino, el lugar qué retorcidamente se había vuelto su hogar y lo primero que vio fue una gran hoguera… los preparativos estaba listos. 
Y si llegaba un minuto más tarde, probablemente él sería a quién carbonizara las brasas.

(…)

<<Muéstrame tus manos>>

Fueron las palabras del Bloodletter. Balthazar tendió ambas. Luego de cuatro meses en el campamento, la piel se transformó, una superficie irregular y callosa.

“Justo cómo debe ser”

La sonrisa del Bloodletter se amplió. Sus brazos adquirieron volumen y forma, los músculos del pretrans, todavía lejos de alcanzar a un macho adulto, eran justo lo que necesitaba. Ya las señales de desnutrición desaparecieron por completo de su cuerpo. Desde qué aprendió a cazar, el alimento no era razón de preocupación. Cómo si el mero contacto ardiera, el Sanguinario arrancó sus manos, dándole la espalda antes de alargar la distancia entre ellos en grandes pasos…

Los oscuros ojos del más joven de los vampiros se entornaron hacia su dirección. No hacía falta qué su Sire dijera algo. Balthazar ya lo estaba siguiendo.

Una rústica forja lucía en el centro de la habitación, rodeado de una amplia variedad de armas, algunas aún con sangre fresca impregnada al filo. El lugar apestaba a lesser. Dagas, espadas, hachas, escudos. Robustas armaduras, piezas de cuero y de acero. Los ojos de Balthazar fueron incapaces de resistir la curiosidad, vagando por el lugar de pared a pared. Una y otra vez. Lo que estaba aquí superaba ampliamente la pequeña cuchilla, ya sin filo, qué le había dado.

<< Tus manos maltrechas… eso demuestra que eres capaz de combatir. Escoge tu arma con calma, bastardo. Es lo único que mantendrá tu corazón latiendo. En un futuro, si es qué aún no te transformas en polvo, quedará en tus manos forjarlas >> 
No tardó en hacerlo. Los dedos del pretrans se alargaron, alcanzando el resistente mango. Un hacha doble. El acero macizo en definitiva pesaba. El Bloodletter no emitió comentario alguno sobre su decisión.

<<Tienes dos noches para familiarizarte con ella>>

Ya se estaba marchando cuando su gruesa voz retumbó en la habitación.

<< Estamos escasos de leña, tala y consíguenos comida. >>

(…)

La fatiga en más de una ocasión nubló la vista del pretrans. Sin un maestro, manipular el arma se volvió pesado. La maldita parecía obrar con vida, resistiéndose completamente. Los primeros árboles se hicieron esperar malditas eternidades a perspectiva de Balthazar.

– No son tan gruesos cuándo los necesito – maldijo en voz baja, recordando el último accidente qué había tenido. El filo caía con fuerza sobre la corteza. Una y otra vez. El sudor se formaba, los músculos en sus hombros parecían arder. Cada brazada implicaba un gruñido ronco. En lo que terminaba. Balthazar pudo asegurar que en ningún momento del día había aflojado la expresión.

Ya en el quinto, pudo apreciar cierta fluidez. A un ritmo extremadamente lento a su gusto. Había variado la posición de sus manos tantas veces hasta encontrar el punto dónde se sentía más cómodo con ella. Dónde difícilmente se corría a causa del sudor… afiló las hojas cuándo terminó… el suave fluir del agua captó su atención ¿Cuándo había sido la última vez que tomó un baño con calma? Los meses en el campamento se reducían a constante presión. Dormir con los ojos abiertos, expectantes a la mínima señal de peligro, animales salvajes o frustrados vampiros… en su condición de pretrans, y sin otros en el campamento, Balthazar no participaba en el coliseo, cómo el Bloodletter lo llamaba, aquel campo de entrenamiento dónde los vampiros adultos competían, noche tras noche. Batallas brutales qué apenas había sido capaz de observar de reojo, cada vez qué se encontraba con los guerreros. Nuevas heridas adornaban sus cuerpos. Había visto cómo algunos eran amarrados, gruesos grilletes envueltos en los tobillos y muñecas. De rodillas, con la cabeza enterrada en el barro, dificultando aún más la respiración, el menor de sus problemas con tantos machos en fila para poseerlo. El hedor a fresca sangre aún picaba la nariz del pretrans.

-No es mi problema- aún.

Murmuró para sí mismo, alzando su cuerpo. Desvistiéndose con lentitud desesperante…cada movimiento implicaba una larga serie de gruñidos por parte del bastardo, los músculos se estiraban en agudos picos de dolor. Tanto qué con la vista se aseguró qué no los tuviera los huesos rotos. La respiración del pretrans se agitó, los latidos desenfrenados azotaban su pecho, amenazando con quebrar sus costillas en un mero descuido…

– Por el Fade… – maldijo entre dientes, balanceando su cuerpo de manera tosca y rígida, las ramas cedían ante el peso del vampiro qué no podía enfocar siquiera la vista, menos aún evitar la los obstáculos del irregular terreno.

– ¡Lo siento Sire! Saldré inmediatamente de su vista.-

Parpadeó ligeramente confundido cuándo aquel agudo chirrido lo alcanzó. Una hembra estaba frente a él… y a juzgar por su apariencia descuidada y los orbes expandidos en puro terror. Ella estaba sufriendo… un delicioso aroma emanaba de ella… una esencia tan oscura y embriagante cómo afrodisiacos.

La polla de Balthazar dio un brinco y maldita sea, la garganta se contraía en violetas palpitaciones. Un hambre voraz explotó con ímpetu, rasgando su núcleo, por primera vez, Los colmillos fueron desenfundados hincando sus labios, el sabor de su sangre no fue más que leña para el incendio que carcomía su cuerpo…

Ninguna hembra lo había llamado sire hasta ahora… éstas ni siquiera se volteaban a mirarlo.

El rugido qué estalló no le pertenecía. Tan ronco, grave, feroz…

Sea lo que sea qué la hembra portaba, cayó de lleno al suelo, desparramándose mientras ésta salía disparada en dirección contraria al bastardo. Chillidos y jadeos qué no logró descifrar se atascaban en la garganta de la hembra, jadeos y la picazón de sal en su nariz…

Sus pies, por instinto, la siguieron. En atroz lujuria, El bastardo no tardó en alcanzarla… Ella era tan lenta y torpe, tanto qué había tropezado. Arrastrándose inútilmente por el suelo.

– Por favor –

llegó a escuchar, no podía verlas pero las lágrimas caían con fluidez de sus ojos… las manos del vampiro estaban lejos de hacerlo. La tela qué la cubría fue rasgada sin contratiempos. Ella se resistía: pateando, revoloteando sus brazos cómo si esto pudiese salvarla. Gritos qué desgarrarían la joven y desafortunada garganta… ruegos piedad y alaridos qué no influenciarían en los actos del bastardo.

<<Grita cuánto quieras>>

¿En qué momento su voz se tornó tan gruesa? Las enseñanzas del Bloodletter se impregnaron en sus sentidos.

<<Vas a servirme>>

la mandíbula del vampiro se cerró con fuerza sobre la delicada pero sucia piel. Clavándose en la nuca de la hembra, cuya oposición aumentó. Pudo sentir la fricción entre los huesos y sus dientes. Más nada podía detener las brutales succiones. El líquido aliviaba la sed, calmando el dolor en cada contracción qué atormentaba su cuerpo. La hembra jadeó. Entre más dolor qué placer… pero…

las manos del vampiro buscaron su núcleo. Húmedo. Caliente…. Por la mierda…. Ella estaba jodidamente hirviendo, incitándolo.

El sol empezó a embullar su piel. Tan cerca cómo el amanecer estaba. Lo qué pausó sus acciones, fue lo que llaman supervivencia. Sus manos se envolvieron con brutalidad en los cabellos oscuros de la hembra, a quien, en un principio, arrastró por el bosque…

– Eres tan condenadamente lenta – gruñó. La sangre fresca corría de la comisura de sus labios… lo qué lo refugiaría del día era la cueva a no más 50 metros de él, un espacio húmedo. Frío. Dónde el agua de la cascada salpicaba. Apenas lo suficientemente grande para tenerlos a ambos.

Justo a tiempo, ambos vampiros alcanzaron el refugio. Balthazar arrojó en primer lugar a la hembra, quien cayó de espaldas a él… El volumen creciente en su cuerpo dificultó la tarea. Pero maldita mierda. Él no era más que un tifón de caos, de dolor, de placer.

Más tarde, ese día… el bastardo tendría entre sus brazos un cadáver maltrecho, frío e inerte. Las marcas de sus colmillos exhibirían la brutalidad con la que fue montada. Mordiscos qué expondrán los huesos, carne y desgarrados músculos. Los ojos del bastardo se abrirán confundidos, ardiendo debido a los rayos filtrados. Tendido de lado…

los cabellos de la hembra estarían revueltos, en primer plano todas aquellas aberraciones qué había cometido, cortados pantallazos azotarán sus recuerdos… alargará los dedos, acomodando cínicamente los cabellos, cerrando los parpados desorbitados.

– Nadie estará feliz con tu suerte- murmuró antes de girarse, dándole la espalda perezosamente y volver a dormir.

Trahyner.

Los ojos atormentados de Zypher brillaron en la oscura habitación. Aye, estaba perdido en los recuerdos.

La noche tempestuosa y el macho que luchaba con garras y colmillos en medio de los Bastardos del Campamento del Bloodletter lo había impresionado. No pudo dejarlo así. Su propia lucha había sido sanguinaria, y había estado solo. No dejaría a ese macho fuerte a su suerte.

Su madre había sido la puta del Bloodletter y de varios otros del Campamento. Pero él nunca la había tocado, y por un momento eso le hizo sentir alivio, el macho frente a él era tan poderoso y audaz para luchar que no sintió ganas de ser su enemigo. Con cuchillo en mano, cortó la carne de sus atacantes y se puso contra ellos para defenderlo.

Se odio a sí mismo por no haberlo hecho antes. Pero ahí, empapado de lodo, sangre y lluvia, no encontró mejor razón para poner su culo en la línea de fuego.

—¡¡APARTATE PUTO ZYPHER, ÉL ES NUESTRO!!

—¡Nay! — había gritado con su voz vibrante — Tendrás que pasar sobre mí, marica. Ya te vencí tres veces esta semana, ¿qué acaso tu culo quiere más de eso?

—Hijo de perra…

— Dilo de nuevo y me cenaré tus pelotas

Los machos habían ido por él, pero Zypher había usado todo cuánto sabía para hacerles daño, cortes, patadas y puños. El macho de ojos verde/amarela tenía un cuerpo Atlético y fuerte, esbelto e inflado de musculo en los lugares correctos. Pero tenía una fuerte aprehensión en los ojos. Unos que se oscurecían cuando luchaba.

Había logrado espantar a los machos que querían más sangre del recién llegado, y con eso había puesto su brazo en el cuello, rodeado su cintura con el otro libre y se lo había llevado lejos del lodo y los vampiros sedientos de dolor.

—Tu nombre, compañero.

—Syn — respondió el otro con voz profunda

—Bienvenido entonces, Syn. Soy Zypher, tu nuevo amigo de juegos. Vamos a limpiarte la mierda antes de que apestes mi cueva.

Pocos tenian un lugar decente en el campamento del Bloodletter, Zypher por su parte no deseaba nada lujoso, le recordaba demasiado a su padre. En cambio, vivía y se resguardaba de la luz en una cueva cercana a las arenas de entrenamiento. Había descubierto el hueco gracias a Balthazar. Quien lo había arrastrado ahí luego de su tercera derrota.

Aprovechó que Syn dormitaba para ir por una puta vampira. Le pagó y la hizo alimentarlo. Ella había cerrado su muñeca y había ido tras él.

— Podria servirles a ambos… me pareces uno de los pocos realmente atractivos aquí — le ronroneo al oído al mismo tiempo que agarraba su polla dura. Zypher la tomó de la nuca robándole un beso ardiente y la apartó.

—Nay, lass. Ahora no. En cuanto él esté sano. Le servirás a él primero. Te quiero aquí en tres horas, ¿me oíste?

Ella sonrió con su rostro desnutrido y sucio y salió. El bastardo no sabía porqué pero ahora solo podía pensar en curar las heridas profundas de Syn, ni su hambre le sacó de su prioridad.

Durante el resto de la noche y el día siguiente, continuamente pagó a la hembra para que Syn bebiera y sanara. Y en tanto él limpiaba su cuerpo y heridas, vendaba las superficiales y cocía las más profundas. Lo alimentó con carne que él mismo cazaba a escondidas y le traía vino que Balthazar sustraía de los aposentos privados del Bloodletter, nunca supo como los obtuvo, pero jamás preguntó.

Tres o cuatro noches después, Syn abría los ojos mientras la hembra le daba de beber de su muñeca. Apenas Zypher escuchó el gruñido del macho se había reído y puesto a descansar su espalda en la silla mientras observaba cómo Syn atacaba a la hembra y se la follaba como animal mientras bebía de su garganta.

10 horas más tarde, la hembra salía con varios mordiscos de la cueva y le devolvía la bolsa de monedas en la mano. Zypher miraba con un brillo mordaz y divertido al macho ya recuperado.

—Digno de la raza, aye. Joder carbón, gracias por el espectáculo. Estoy servido con la depravación.

—Aye, me alegra haber divertido a tu jodida cabeza. Qué esperas ahora. Qué quieres a cambio.

—Nay — respondió el de ojos verdeamarela — no quiero nada de ti. Simplemente he ayudado a un compañero. Nadie se merece ser la perra del Bloodletter, menos de los putos bastardos. Has llegado al Dhundh mo Brathair. Y jamás debes olvidarlo.

Se habían unido como amigos, compañeros, hermanos. No habían dejado la espalda del otro en ninguna ocasión. Habían sangrado por el otro, matado por el otro. Vivido por el otro.

Trayhner… su querido amigo…

Volviendo de los recuerdos, Zypher contempla su vaso de vino.

—Qué nos sucedió, mo trayhner. En qué me convertí.

Escenas de todo tipo cruzaron su cabeza. Cuando Syn puso su cuerpo en medio del ataque de los lessers. O cuando Zypher había cortado su propia muñeca para darle de beber tras una horrible pelea. Cuando ambos pelearon espalda contra espalda en la Gran Cacería de Lessers. Cuando Zypher había conocido a su hembra… cuando Syn le había mostrado que tenía que ser un maldito hijo de perra si no se daba cuenta lo afortunado que había sido al encontrarla.

Se levantó del sofá mientras veía a su leelan durmiendo en la gran cama. Se vistió como lo hacía en el viejo país. Pantalones de cuero, camiseta negra, cuchillos en el cinto. Se dirigió a la habitación de su hermano y golpeó fuerte la puerta esperando para verlo salir. Tenía que verlo, hablarle, arreglar su mierda… su error.

Viendo que él no abría agarró un cuchillo y tallo una señal en el marco. Para cualquiera podría haber sido simples rayas, para los Bastardos eran coordenadas de la ciudad.

Esperaba encontrarlo… esperaba que por una última vez le diera la oportunidad de redimirse y volver a ser lo que eran. Hermanos de sangre.

Diarios de Nessa 1

Caminaba en mi hogar… mi mente comenzó a dar vueltas en el pasado. He visto a mi pequeña Flor de Fuego… ahora es una hembra crecida. Y el maldito Syphon ha estado metiéndole mentiras en la cabeza. La pondrá en mi contra. Pero yo sé la verdad, y esa verdad jamás debe llegar a ella.

Tomé el cuaderno de cuero del baúl. He guardado estas hojas con esmero, aún no sé porqué. No he querido perder estas memorias aún sabiendo que no me sirven en absoluto.

Nessa era una mujer salvaje por fuera… pero por dentro…

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8 de Enero

Los han visto llegar otra vez. Mis hermanas dicen que son mercenarios »oro a montones» dijo Marion. Jaden está entre mis pies jugando, verlo siempre saca mis peores demonios. Amo a mi pequeño hermano. Pero si no fuera por mí, él correría, y no solo se quedaría a mis pies.

Debo pagar por lo que hice… debo pagar.

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Cierro el cuaderno y huelo las hojas… su aroma sigue ahí… cobarde… eras una cobarde Nessa y me alegra que lo hayas sido. O habrías perdido a mi pequeña Flor de Fuego.

Diarios de Nessa 2

6 de Julio

Vi un par de ojos que parecían los de una bestia.

Triz me llevó al bar como cada noche para escoger clientes. Los mercenarios volvieron y son enormes. Sus bolsas estaban llenas de oro y todas las putas del pueblo de les lanzaban como arpías. Los hombres las niegan hasta que ven a mis hermanas y ellas van por su compañía.

Se turnan con ellos, vuelven luego de unas horas y otros van en su busca. ¿Qué clase de hombres son? Creo que sólo importan sus bolsillos.

Uno de ellos me miró desde lejos y vi a la bestia crecer en sus ojos… él me hará pagar… lo sé.

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Miro a las páginas escritas con desdén. Una bestia… él era una bestia total. Por eso no tenía derecho a ver crecer a mi Flor de Fuego. Nessa no tenía una idea de lo que estaba viviendo… recuerdo su mirada a Zypher, cómo había este fuego ardiente entre ambos, no sabías si era amor u odio. Pero al verlos follar, tiempo después, podías ver la pasión desenfrenada, que pronto comprendimos, era odio mutuo, crudo y cruel…

Paso las páginas para seguir leyendo. Su diatriba me parece superficial… como una perra llorona que solo ve su sufrimiento… ella no merecía nada. Luego de haber dañado a su hermano se quejaba por ello???

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20 de Febrero

Los impuestos crecieron, el mundo parece mejorar, pero nosotros no podemos disfrutar de esas mejoras, aún cuando pagamos para que se hagan.

Jaden está cada vez más enfermo, y como nadie paga tanto como los mercenarios, mis hermanas y yo hablamos de atraparlos tan pronto se aparezcan. Deben ser nuestros en exclusiva o no podremos pagar las medicinas de nuestro hermano.

Los recuerdos de Bitty.

Voy a la cocina para buscar un poco de helado, abro la nevera para ver la selección de sabores que tiene Fritz en el congelador. Tomo el tarro de mi sabor favorito, chocolate con chispas de menta. Mientras sostengo el recipiente en mi mano un recuerdo llega a mi mente…

<<recuerdo el primer día que fuimos con mi padre y Mahmen a la heladería donde probamos helados de todos los sabores, reímos, jugamos y nos divertimos mucho. 

Cuando era más pequeña entre los 6 y 7 años, nunca tuve la oportunidad de comer un helado, Mahmen trabajaba limpiando, lavando ropa y cocinando para personas adineradas. La paga de ella por su trabajo no era mucha, apenas alcanzaba para pagar la vivienda donde nos hospedábamos y para comprar comida. Era un simple apartamento en los suburbios de Cadwell, que constaba de dos habitaciones, con grietas y humedad en las paredes, un piso de cemento, ventanas a las que les faltaba varios vidrios pero Mahmen y yo las tapábamos con cartones para evitar que el frió entrara. Una cocina pequeña, con pocos utensilios. En el lugar que sería la sala, había una mesa sencilla de madera con cuatro butacas en mal estado. Junto a esa especie de comedor estaba mi cama. Era un catre metálico de malla junto a un colchón roído, durante las noches se podía recoger doblándolo. Y allí pase la mayor parte de mi niñez.

Mi padre por el contrario era un ladrón, adicto a las bebidas alcohólicas y a las apuestas, llagaba borracho antes del amanecer, gritando a Mahmen todo el tiempo. En los días que llegaba perdido en el alcohol golpeaba a Mahmen tan fuerte que su rostro y cuerpo sangraban profundamente, siempre quedaba tirada en el suelo. Otras veces cuando su rabia no era saciada con ella me buscaba, me gritaba, me amenazaba y golpeaba hasta dejarme en su mismo estado. Otras veces cuando terminaba con la golpiza a mi madre y sabía que por fin dormía me levantaba de mi cama y corría ayudarla, limpiaba con mucho cuidado sus heridas, la acostaba a mi lado y dormíamos juntas. Siempre tuve la esperanza de que algún día, cuando anocheciera y despertara todo sería un mal sueño y que Mahmen y yo en realidad no sufríamos ningún maltrato.

La ultima golpiza de mi padre fue tan brutal que envió a Mahmen a la clínica, estaba herida de gravedad sus golpes fueron muy profundos, tanto así que días después ella falleció.

Es difícil de creer como el destino juega unas veces a tu favor y otras en tu contra. En mi caso fue un poco de las dos, con la dolorosa muerte de mi Mahmen conocí a Mary, lugar seguro y a mi padre Rhage. 

En esos años de infancia vivía con miedo, triste y siempre me sentía sola, ahora en cambio con mi nueva familia, mi Mahmen Mary una mujer hermosa y cariñosa, mi padre Rhage un guerrero de la hermandad, mortal y apuesto y como olvidar o dejar de nombrar a mi amada bestia, juntos somos felices. Ese Dragón es aterrador para unos pero es esencial en nuestra vida familiar. 

Aquí junto a ellos me siento segura, cómoda, feliz y en paz. Ellos me dan el amor que siempre quise, ese amor que muchas veces soñé cuando mi cuerpo se esmeraba por sanar las heridas que provocaba mi padre, un sueño que parecía imposible pero que valido la pena repetir y repetir pues ahora se ha convertido en realidad. Tengo la seguridad de que Mary y Rhage siempre estarán a mi lado, protegiéndome, amándome y enseñándome a ser mejor cada día. Antes no tenía familia, solo a la Mahmen que me dio la vida, y ahora tengo una familia numerosa, especial, divertida y cada uno de ellos es único a su manera…>>

Cambio la mueca de tristeza que pensar en Mahmen trae a mí, y sonrío con los hermosos momentos que poco a poco se han encargado de borrar mi pasado. Con el tarro de helado en mis manos y la cuchara camino hasta mi habitación. Al avanzar por la mansión pienso

-Este es el símbolo que nos unió a los tres, a mi padre, a Mahmen y a mí.

Mi existencia antes de Jane

Nací en 1704, eso dicen mis registros en El Otro Lado. Nací y viví hasta los tres años al abrigo y cuidado de Elegidas (eso lo sé ahora). No tengo recuerdos de esos días, es como si hubiesen sido arrancados de mi memoria. Pero sé que viví feliz esos tres años, algo en mi carne me lo dice. Pero no sé cómo lo sé. No hay visión ni premonición al respecto. Solo sé que era feliz y me sentía completo. No tengo recuerdos de mi madre, conveniente para como viví después.

HIJO DEL BLOODLETTER.

En 1707 fui arrancado de la burbuja de felicidad donde vivía y llevado a un horror tan grande que no logro entender hoy en día, más de 300 años después, cómo demonios logré sobrevivir. Fui llevado al lado de mi padre. Un fiero guerrero de la Hermandad de la Daga Negra conocido como El Bloodletter, al menos entonces lo era aún. Era el encargado de forjar a los guerreros que luchaban por y para la raza. En el campamento era alimentado por las hembras que allí habitaban. Todas putas al servicio del campamento. Proporcionaban sexo y sangre a todos los reclutas y guerreros. Eran trofeos a conseguir y además se encargaban de preparar la comida de todos. En ocasiones, mi padre se llevaba a su cama a una… o dos… o tres… y las follaba brutalmente. Aún a mis tres años, era capaz de darme cuenta del poder del sexo en ese sitio.

A la edad de trece o catorce años estaba tan curtido en librarme de los castigos del líder, desde luego después de eso recibía una paliza doble, pero el hecho de escapar y de vencer a mi padre, hacía que los palos valieran la pena. Cada maldito golpe lo merecía. Me escaqueaba porque me había hecho indispensable para el macho encargado de guardar en escritos los hechos relevantes del campamento. Él sufría para tener que hacer la labor y yo le supliqué y le rogué que, si me enseñaba a escribir y a leer, yo escribiría todo lo que él me pidiera y llevaría el registro que él presentaría como trabajo propio a mi padre. Después de eso busqué todo lo que pudiera leer, escritos de guerreros en sus días en el campamento, cartas que nunca fueron enviadas y que dejaron olvidadas en su prisa por salir de ese terrible lugar. Los mismos diarios del campamento. Y, después, encontré un diario en una grieta profunda en la zona donde se guardaban las pieles y cacharros que las hembras usaban. Podía esconderme horas en ese lugar para leer las proezas que contaba ese macho que, unos 30 años antes había estado en el campamento. El diario tenía su nombre en la portada de cuero: Darius, hijo de Marklon. No sobrevivió al Bloodletter. El hijo de puta me lo arrebató. Me obligó a quemarlo. Ese día tuve mi primera visión. Ese día vi la primera muerte a futuro del recluta pretrans que me descubrió leyendo. Lamento tanto que el diario del que sería mi hermano en la lucha muchos años después haya sido quemado por culpa de mi padre. Hoy sería algo valioso de conservar para sus hijos y su nieto.

Y tras pasar mi transición, todo se desmadró. No puedo definirlo de otra manera. Apenas había pasado mi transición cuando fui obligado a pelear con el más grande y rudo guerrero. Lo vencí y, después, fui obligado a violarle, tras eso, me alejé sintiendo nauseas por la bajeza que había hecho. Mi padre me siguió y en ese momento le ataqué para acabar siendo medio castrado, tatuado y despreciado más aún. Me alejé del jodido campamento ese mismo día. Estaba medio muerto cuando la mañana se acercaba. Fui rescatado por gente de mi raza, pero las advertencias recién tatuadas en mi rostro hicieron su labor. Nadie me prestaría más ayuda con esas marcas. Nadie. Estuve a punto de morir en varias ocasiones, pero logré vestirme robando ropas de alguna villa que encontré en mi camino. Mi vida delictiva comenzó por no tener otra opción. Me moví más bien en el mundo humano, manteniendo, ante todo, un bajo perfil.

LIBRE

Tras muchas noches de sobrevivir, fui alejándome del área del campamento, me acerqué más a las ciudades, primero una, luego otra. Empecé a hacer trabajos diversos, aprendí a leer y hablar en idiomas humanos. Mis tatuajes alejaban a todos los vampiros y solo alimentarme era muy complicado. Afortunadamente mi constitución y mi herencia genética ayudaba a sobrevivir meses sin sangre de vampiro y cuando la debilidad atacaba, pagaba mucho por conseguirla. ¿En cuanto al sexo? Solamente lo necesitaba para desahogarme cuando estaba muy tenso. Pero eso era fácil de conseguir. Entre los humanos ha habido promiscuidad en todos los tiempos, y para mí nunca hubo problemas entre follar a una hembra ansiosa o a un macho indeciso. No me gustaron nunca los preliminares, salvo para bañarles con cera negra o para azotarles con lo que tuviera a mano. En esos tiempos de vivir entre humanos me hice de una sana costumbre: tener un espacio para llevar a mis sumisos para follarlos y otro donde dormir y guardar mis armas.

Aproximadamente sobre 1735 conocí a un forjador de hierro, que me aceptó como aprendiz. Había una gran ventaja de trabajar con él y es que estaba ubicado en una gran gruta a donde podía llegar antes del amanecer y no salir de allí hasta que la noche nos hubiera alcanzado. Le expliqué que la luz del día me provocaba una rara enfermedad y que por ello nunca podía salir al sol. Él necesitaba ayuda con la forja porque era ya viejo, así que me aceptó con todo y mi rara enfermedad. Su origen oriental me dio acceso a crear armas maravillosamente complicadas, a perfeccionar mi estilo y cuando él no lo notaba, mi mano era liberada para detallar milimétricamente las hojas. Sobre 1737, lamentablemente el viejo falleció. Ha sido uno de los pocos humanos a los que he respetado con sinceridad. También fueron dos años donde aprendí a serenarme.

COBRADOR –MATÓN-

No permanecí en la ciudad tras la muerte de mi maestro. Recorrí el viejo continente pues empecé a trabajar como cobrador –matón- de un comerciante italiano. Era enviado a muchas ciudades de diferentes países. En esos 7 años desde que había dejado el campamento y a mi muy odiado padre, me topé con infinidad de lessers, los desgraciados mataban no solo a los vampiros, también a los humanos en busca de reclutas nuevos. Cada vez que mataba uno me sentía en paz con mi raza. Las enseñanzas del campamento me permitieron defenderme y salir bien librado. Para entonces había fabricado mis propias armas en la forja de mi maestro. Algunas veces, cuando la tensión se apoderaba de mí, dejaba que me golpearan hasta que las heridas liberaban mi rabia. Entonces los masacraba sin piedad.

Hacia el año 1739 había cobrado muchas deudas de mi patrón y comenzaba a cansarme. Matar un lesser o un enemigo digno era una cosa. Asesinar a sueldo, otra muy distinta. No diré que no lo haya hecho. Jamás dudé. Pero a veces pesaba. Sucedió entonces que, en una calle oscura, a horas donde los humanos no se atrevían a salir, sentí el asqueroso olor de mis enemigos naturales, corrí hacia el lugar de donde venía el olor y me topé con una escena que jamás olvidaré. Una hembra de una clase que jamás había visto, era atacada por un no muerto. Ataqué con toda mi alma, envuelto en una rabia inmensa, como nunca antes sentí. Logré acabar con el bastardo, pero, para mi mala fortuna, la hembra había sido masacrada. Justo cuando pensaba como hacerme cargo de su cuerpo, para no dejarlo solo a que el sol hiciera su trabajo, descubrí que, agazapado detrás del cuerpo, estaba un joven pretrans. Su formación ósea y su nombre me indicó que no era un civil. Era hijo de un guerrero y no de cualquiera. Después sabría que era hijo de un miembro de la Hermandad de la Daga Negra. ¡Mierda! No podía dejarlo a su suerte. Los 22 años que estuve en el jodido campamento me habían hecho respetar la vida. Así que envié, con un emisario, un mensaje a mi patrón, explicando la situación y él me envió una dirección que conocía como domicilio de uno de los hermanos. Me presenté en donde me indicaron con el chico.

Cuando llegué, mi sorpresa fue mayúscula. Fui recibido en esa mansión por el mismísimo Wrath, hijo de Wrath, armado hasta los dientes y con una terrible actitud. Pero, a pesar de que estaba ante mi Rey, lo que realmente me dejó gratamente impresionado fue el otro guerrero que estaba junto a él, vestido casi idéntico que el Rey. Frente a mí estaba Darius, hijo de Marklon. Recordé todo lo que había leído de su diario y verle ante mí como la mano derecha del Rey me hizo desear tener algo como eso. Imposible para mí. Al menos eso pensé inicialmente.

El chico estaba pegado a mi culo, totalmente nervioso. Su mundo había cambiado mucho en tan poco tiempo. Cuando escribí la misiva, la había firmado con el nombre falso que usaba para moverme entre humanos. Frente a esos dos guerreros no hacía falta mentir en mi nombre. Al estrechar la mano de mi rey, lo pronuncié nuevamente después de 10 largos años: Vishous, hijo del Bloodletter. Ambos me miraron fijamente. Y guardaron un incómodo silencio. Después me pidieron esperar fuera de la habitación. El chico ya había sido tomado bajo el ala de un gentil mayordomo doggen. Después vi que entró otro guerrero directamente a la habitación donde el Rey y Darius esperaban. Escuché voces profundas. No logré entender lo que decían, pero estaba seguro que hablaban de mí. En esos momentos de tensión, una visión atravesó mi cuerpo. Vi una cueva profunda, un cráneo y una formación de guerreros. Después todo se hizo borroso. Apenas había recuperado el aliento cuando fui llamado al interior de la habitación.

Al salir de ella, lo hice completamente desnudo, bajo una túnica negra y fui llevado, a ciegas, a la cueva que había visto en la visión. A partir de ese momento, me convertí en Vishous, hijo del Bloodletter, miembro de la Hermandad de la Daga Negra.

HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA

Curioso. Como es posible que llegara a formar parte de la misma hermandad a la que pertenecía mi padre. Cuando fui invitado a pertenecer, miré fijamente a los tres machos de valía que tenía frente a mí: Wrath hijo de Wrath, Darius hijo de Marklon y Tohrment hijo de Hharm. Antes de aceptar, pregunté por el Bloddletter, me informaron que había sido expulsado de la hermandad y que ahora cabalgaba con un grupo de bastardos, cuyo linaje era propio de la hermandad, pero por razones diversas, no eran dignos de ello. Entonces acepté. El muy hijo de puta me dijo muchas veces en los 22 años que tuve que estar a su lado, que nunca sería propuesto para formar parte de la hermandad, que él era el encargado de proponerme por ser mi padre, pero que jamás lo haría porque yo era demasiado débil y marica para pertenecer. El hecho de ser propuesto por estos machos por un acto de nobleza y siendo tal mi linaje, me llenaba de un orgullo inmenso. Entré por mérito propio, no por la jodida sangre de mi padre.

Poco tiempo después de estar en la hermandad, apenas unos días, supe que el pequeño pretrans había sido llevado ante su padre, quien había dado un nuevo nombre al chico: Murdher, hijo de Murdher. Años después ese chico se convirtió en nuestro hermano. También puedo decir que orgullosamente cabalgué no solo con Wrath, Darius o Tohrment. También lo hice con Murdher padre y Murdher hijo, con Ahgony y Tohrture, grandes entre los grandes.

Cabalgamos juntos y por separado durante unos años. Eliminando lessers, matando a nuestros enemigos. Tras ser integrado a la hermandad, los problemas para tener acceso a una vena se acabaron. Elegidas de sangre pura acudían a alimentarnos. Pero también hembras civiles ofrecían su vena… y algo más. Me hice de una reputación en el sexo. Las hembras se me ofrecían, pero solo unas cuantas eran dignas de ser llevadas a mi escondite. Sólo aquellas que demostraban verdadera sumisión y gusto por el dolor que les proporcionaba al tiempo que las montaba con brutalidad. Ocasionalmente encontraba machos dispuestos a ser tomados. Esos manjares eran sodomizados con mayor tiempo y disfrute para mí. Un macho, aun siendo civil, aguanta más que una hembra. La sangre combinada con la cera negra corría por sus cuerpos, sea como sea y siempre se iban a casa con un par de descargas mías. Depravación, sexo salvaje y cacería de lessers…

Hacia 1761 llegó una noticia que, ciertamente, no sé si me gustó o me enfermó. El Bloodletter había sido asesinado por sus enemigos en cruel batalla. El hijo de puta estaba muerto. Y no por mis manos. Recordé la visión que tuve el día que dejé el campamento. Si era cierta y hasta ese momento nunca había fallado, entonces la muerte de mi odiado padre no había sido un asesinato por parte de lessers. Pero al final no me importó. El cabrón estaba muerto y yo me sentí vengado, de alguna manera. No me encontraría con él, nunca más.

Los años pasaron entre días follando, matando lessers y cuidando a la raza. Tras décadas en un ciclo cómodo, el Rey anunció que los lessers habían disminuido en demasía y que habían emigrado, junto con la mayoría de la raza, a las américas. Y que nosotros también viajaríamos al nuevo mundo. Darius había partido unos meses antes para tantear el terreno y conseguir donde vivir. La misiva indicando que todo estaba listo para nuestro viaje llegó y empacando todo, viajamos en busca de nuestro destino.

CALDWELL

Muchos años me costó acostumbrarme al ritmo de vida tan distinto del nuevo mundo. Caldwell, la cuidad donde nos instalamos, puesto que era el punto medio de la zona con mayor número de vampiros. Nos mezclábamos bastante bien entre los jodidos humanos. Mi ciclo autodestructivo creció cada vez más… Pero lo cierto es que, tras unas cuantas palizas por parte de mis enemigos, derramar sangre propia ayudaba a disminuir la tensión… y después de cazar a los jodidos lessers, los despedazaba. Justicia para mí. Y si no acababa allí mi “inquietud”, entonces llamaba a aquellos sumisos que eran mayormente masoquistas. Esas noches les azotaba con furia, los destrozaba sexualmente, al poseerlos con el salvajismo propio de mi padre.

Los años pasaron, la hermandad sufrió una desbandada. No teníamos líder, salvo Darius y Tohrment, Wrath era un guerrero más, a pesar de los esfuerzos de D. Y, sin embargo, seguíamos siendo los encargados de mantener a la raza a salvo. El avance de la tecnología nos fue dando armas para trabajar, a nuestros enemigos también, pero vivíamos en un ciclo autodestructivo.

Algunos hermanos se jubilaron, murieron, desaparecieron. Al final de todo este tiempo, solo eramos Wrath, Tohr, Darius, Rhage, hijo de Tohrture, los gemelos Phury y Zsadist hijos de Ahgony y yo. Luego llegó el maldito día en que los hijos de puta no muertos que asesinaron a Darius. Eso ocasionó que nos reuniéramos y nos uniéramos. Y entonces, apareció Beth en el panorama, hija de Darius, mestiza, a punto de pasar su transición. Y… todos caímos a sus pies. Wrath se convirtió, por fin, en nuestro Rey. Todo cambió, fuimos convocados a vivir todos juntos en una mansión que Darius conservaba para nosotros. Con Beth llegó un jodido humano, policía. El jodido cabrón se convirtió en mi hermano, mi mejor amigo y no negaré que durante un tiempo, me sentí totalmente atraído por él. Deseaba follarlo, poseerlo, tenerlo para mí. Pero el muy jodido cabrón se enganchó con Marissa, la antigua prometida de Wrath, y Ahora teníamos emparejamientos a cada rato. Wrath se unió a la hija de Darius, Rhage, por muy increíble que nos resultó, terminó con Mary Luce, una humana que recibió la gracia de la Virgen Escriba y que seguirá la eternidad de Rhage, sin envejecer. Zsadist, jodido infierno, se emparejó con Bella, hermana de sangre de Rehvenge. El poli, para mi fortuna, resultó ser mestizo, uno que no sufrió la transición, pero a quien se la inducimos, ¿su linaje? Del mismo de Wrath, hijo de Wrath. Es una especie de primo del rey.

Después de eso mi universo entero se vino abajo. Una vez más. Se presentó ante mí la Virgen Escriba, la madre de la raza, para informarme, así como si nada, que debía y estaba destinado a ser el Primale de la raza. Que debía tomar posesión de mi puesto y ser el jodido semental de aproximadamente 40 elegidas. Pero que tendría una esposa, las demás serían incubadoras de mi semilla y que mis hijos estaban destinados a ser los próximos hermanos de la hermandad de la Daga Negra… el colapso que me acompañó fue épico. Vishous hijo del Bloodletter no solo era eso, sino que, además, era hijo de la mismísima Virgen Escriba y que debía de salir de rotación para tener un harem de más de 40 hembras pare reproducirme con ellas.

Enloquecí, Antes de la fecha señalada vagué por las calles, dejé que los lessers patearan mi culo, busqué mi muerte, deseaba mi muerte y me expuse a ella. Hasta que un jodido día, desde un callejón oscuro, alguien me disparó… Directo al corazón. Fui llevado y atendido por humanos, en servicio de atención prehospitalaria.

Y entonces mi mundo se transformó, por completo, cuando una simple humana, médico del hospital St. francis, sostuvo mi corazón entre sus manos, lo reparó y se quedó a mi lado, cuidándome. Cuando abrí los ojos y a vi por primera vez, todo mi ser vibró y gritó, envuelto en un oscuro aroma a especies y mi mente solo repetía, sin cesar, MÍA, MÍA, ESA HEMBRA ES MÍA…

FIN