Al día
siguiente Mad sale de su habitación cansada de ver a su compañera con la cara
metida en unas hojas de papel dibujando con un pequeño carboncillo, parece
perdida en algún mundo de fantasía, o de pesadillas. Sale en busca de Orson y
Danika, al no hallarlos por ningún lado decide preguntar, un compañero
Voskhodit le informa que ambos han sido enviados en una misión. Con un suspiro,
elevando una plegaria a la madre de la raza para que los proteja da media
vuelta hasta llegar a las caballerizas, pasaría el tiempo con Felim esperando
el regreso de ambos o que fuera enviada a su primera misión como Nayushut.
Tres días
llevaba Mad sin saber de los Pizraki. Se la pasaba de aquí para allá, entre ver
las manos moverse de su compañera sobre el papel y alimentar a Felim, sentía
que algo faltaba. Su cuerpo acostumbrado al entrenamiento extenuante por tantos
años, susurraba algo de acción. Decidida a entrenar aprovecharía el tiempo.
Terminaba de alimentar a Felim cuando sintió una presencia tras su espalda, una
sonrisa de alivio se dibujó en su rostro cuando escucho las palabras de Orson.
– Pobre
animal. Debe ser horrible ver tu cara todo el día, todos los días irlandesa. No
lo tortures más, por los destinos, ten piedad!!
– Estoy
perdiendo la esperanza de que alguna vez dejes de ser un idiota, Orson.
Dando
media vuelta Mad sonríe abiertamente, sabe que ellos no están acostumbrados a
las muestras de cariño, pero desde que Orson hablo de su Mahmen y su pasado, se
ha visto más accesible al menos a una sonrisa amable. Tal vez, solo necesitaba
desahogar su dolor, llorar, gritar, y darse cuenta que, no todo estaba perdido.
– Ven,
acompáñame, Danika nos espera.
Con un
asentimiento camina al lado de Orson hacia la casa de los Pizraki, después de
pasar por los pasillos llegan a una gran puerta doble. Del otro lado una arena
de entrenamiento. No del mismo tamaño como en campo abierto, pero si de una
medida considerable. Con unas pequeñas gradas, y varios obstáculos en
diferentes puntos. Algunos sacos de boxeo, blancos de tiro pintados en las
paredes, muñecos de lona y madera como objetivos puestos aquí y allá.
Puede ver
el cuerpo de Danika frente a los objetivos, de pie, casi inerte, concentrada.
Su esbelta figura de espaldas con su largo cabello grisáceo trenzado se mueve
lento, 1 segundos después la cabeza del muñeco vuela al aire dejando caer la
arena que llenaba el pequeño saco de lona.
El arma
que Danika usaba, consistía en un látigo de casi dos metros, forjado en metal.
La extensión del mismo era redondo, como una soga. El secreto estaba en el
mango, un pequeño dispositivo se ocultaba allí, cuando la hembra asesina lo
oprimía los pistones que unían las placas de metal liberaban pequeñas cuchillas
filosas, de esta manera el látigo al enredarse alrededor de alguna parte del
cuerpo cortaba el miembro por completo cuando Danika jalaba el mango. Y su
objetivo favorito, la cabeza.
Un
movimiento rápido basto para los siete objetivos de madera perdiera la cabeza
en solo unos segundos. Increíble pensó Mad, la letalidad y velocidad de ambos
eran simplemente increíble.
–
Acércate irlandesa, tengo algo para ti.
Emocionada
Mad camina hacia una mesa donde hay múltiples armas esparcidas. Contiene la
respiración al ver un arco y dos carcajes. Incrédula, emocionada y feliz mira a
Orson con la boca abierta.
–
Esto…es…
– Es
correcto irlandesa. Es un arco que yo mismo fabrique, veras ahora que ya no
eres una recluta debes volver a tu arma favorita. Entrenarte de nuevo con ella,
fundirte hasta que sean uno solo. La madera es de roble puro, la más resistente
que hay, firme, fibrosa y elástica. la cuerda, es de fibra animal, tensa y
resistente – Orson levanta el arco mostrando todas partes del arco – como
puedes ver tiene dos miras, para que aprendas a disparar dos flechas – señala
las dos pequeñas aletas donde descansaran las flechas – solo necesitaras
práctica, será bastante sencillo y muy útil al momento de poner bajo la mira a
un objetivo.
Las
flechas. Tienes dos versiones mejoradas. La primera es la tradicional, flechas
hechas de madera igualmente roble, delgadas, las puntas son de metal, con más
filo de lo normal. Con las segundas solo cambia las puntas estas son mucho más
delgadas, eso las hace rápidas y como cualidad especial contienen veneno. Por
eso ves dos carcajes. Las flechas con plumas blancas son normales, las de pluma
negra son venenosas, de igual manera los carcajes. El blanco para las normales
y el negro para las letales. Llevaras esta abrazadera de cuero, cortesía de
Danika. Trae dos broches para que puedas cargar los cajac ambos a tu espalda.
Mad toma
en sus manos el arco acariciando el contorno, luego las flechas y los carcajes,
con la abrazadera de cuero gira la mirada buscando a Danika, la hembra está del
otro lado enrollando su látigo atándolo a su cintura. Una mirada entre ambas y
Danika solo asiente, eso es lo más aproximado a un gesto de cariño que recibías
de parte de la hembra asesina, así que Mad lo toma como si hubieran compartido
un gran abrazo.
–
Entrenaras aquí con nosotros cuando no estemos en ninguna misión…y en algunos
días cuando debo ir al pueblo para abastecer mi sótano, esos días serán de
descanso. – una pequeña mirada picara asoma en el rostro de Orson – también
debes prepárate para enfrentar al Ispytaniye, hay una prueba cada tres meses,
una por cada estación. La favorita de Ksei la que se lleva a cabo en invierno,
muchos no logran salir de las olas, sus cuerpos mueren con las temperaturas
heladas del agua, otros son arrastrados contra los corales perdiendo la vida
contra las enormes rocas. Los que logran salir respirando, pasan días antes de
que sus cuerpos recuperen la temperatura normal. Debes entrenar tu cuerpo, tus
músculos, tu mente y tu voluntad. Aprender a nadar con rapidez y agilidad.
Surcar las olas furiosas y protegerte de los peligros que hay bajo las aguas
del mar. Por ahora vuelve a lo tuyo, el reencuentro con tu arma es fundamental.
– Y así
lo hare Orson, no dejare que estos esfuerzos de ambos sean en vano. Entrenare
hasta sangrar para ser mejor, hasta estar a su altura y poder ser parte de los
dos.
– Ya eres
parte irlandesa, solo que aún no te han dado el título.
Y así con
la promesa pactada entre los tres el entrenamiento de Mad empezó. Dedicaba las
horas del día desde el amanecer a su arco. Puliendo su habilidad, recordando
sus comienzos en su pequeña Irlanda. Entreno hasta el cansancio siempre con
Orson y Danika a su lado, ellos corregían sus lanzamientos, la postura de su
cuerpo y brazos. Y todo esto lo agregaba a sus conocimientos, fortaleciendo su
don y su voluntad.
Meses
pasaron antes del llamado de Ksei para su primera misión, Mad había logrado
dominar el arte de dos miras en su arco. Siempre apuntaba a la cabeza y al
corazón, y mientras ella atravesaba los muñecos de madera Orson preparaba
venenos poderosos para sus flechas como el de su uso personal pero más letal.
Viajaba al pueblo demorando varios días, cuando Mad preguntaba por qué demoraba
tanto, Danika solo hacia una mueca inconforme y decía “el idiota está jugando
con fuego…” y se negaba a dar más información sobre el asunto, así que Mad
callaba y se dedicaba a entrenar.
Con la
información dada por Ksei sobre su objetivo y quien sería su vigilante, Mad
vistió sus ropas especiales del clan para asesinos primerizos. Un traje
enterizo en cuero negro, con una máscara que tapaba su rostro dejando solo el
contorno de los ojos descubiertos, una capa de cuero liviana con capucha para
esconder su cabello. Tomo la abrazadera de Danika y la cruzo en su pecho,
encajo los carcajes listo con las flechas y cerro los boches, tomo su arco y
los cruzo del mismo lado, ahora estaba lista. En las puertas estaba el
vigilante, vestido completamente de negro cerca de Felim, sus ojos brillaban
verdes oscuros bajo la luna, prometiendo no dejarla sola en ningún momento. El
macho de la raza tenía la ventaja, no cabalgaría con ella, se desmaterializaría
por el bosque sin perderla de vista en ambos caminos, ida y vuelta. Mad se
acercó a Felim y monto sobre su lomo azuzando las riendas y empezando el galope
rápido. Al mirar atrás las formas de Orson y Danika sobre las murallas le dan a
Mad esperanza de volver y saber que tiene algo más que tormento y dolor tras
esas robustas puertas de madera.
Dos horas
después la cuidad de Zaventem les daba la bienvenida a ambos, rápidos sin
descansar se dirige a la dirección dada por Ksei, no puede perder tiempo en su
primera misión, necesita ir convenciendo al jefe de su aptitudes para ser una
asesina, letal y rápida. Sobre el puente de roca maciza que une los dos lados
del pueblo Mad busca el mejor lugar para ejecutar su plan. Un árbol de
frondosas copas se alza a un par de metros, eso servirá, piensa mientras se
adentra un poco más para dejar a Felim atado a un tronco. Alista una sus
flechas de plumas negras, el objetivo no debe quedar vivo y el veneno será un
gran aliado. Sube sobre las ramas y oculta su presencia.
Del otro
lado del pequeño riachuelo, arrodillado sobre las ramas el vigilante mira a Mad
expectante. Sin dejar que su presencia la intimide o desconcentre Mad tensa su
arco con las flechas, el sonido de los cascos y las ruedas de madera de la
carroza alertan a la hembra pelirroja sobre su objetivo, un macho civil,
tesorero que ha estado robando a su jefe, propietario de varias hectáreas de
tierras.
Cansado
el comerciante busco los servicios de El Escudo. El conductor de la carroza
lleva las riendas a paso lento. Por la luz de la pequeña lamparilla a un
costado de la carroza Mad puede ver la sombra del macho.
Levanta
su arco, tiempla las cuerdas, fija las dos miras y conteniendo la respiración
apunta y dispara. Las flechas viajan a toda velocidad traspasando la tela del
carruaje gracias al filo de las puntas de metal. Una flecha perfora el corazón
justo en el medio, la otra en la cabeza entrando por la frente y saliendo por
la pare de atrás. Ambas flechas después de hacer su trabajo traspasan la tela
de la carroza cayendo clavadas en punta sobre la calle de roca. Mientras la
carroza avanza como si nada hubiera sucedido Mad puede ver la figura del macho
civil caer de lado dentro del carruaje.
La hembra
arquera baja rápidamente, recoge las flechas ensangrentadas, corre hacia su
caballo envolviéndolas en un trozo de tela blanco y guardándolas en sus forjas,
golpea el costado de Felim, dirigiéndose de nuevo a las montañas.
En el
camino ve al vigilante saltar de una rama a otra y materializarse metros antes
de que Mad pasara por su lado. Tras las puertas de El Clan Mad desmonta y
camina hacia la oficina de Ksei, abre las puertas, deja las flechas sobre la
mesa y en la posición de sumisa que todos deben tener ante el jefe, habla con
el rostro agachado.
– Misión
cumplida Ksei.
–
Excelente irlandesa, ¡¡maravilloso!! – con una sonrisa satisfecha, Ksei tira a
los pies de Mad un pequeña bolsa con monedas – disfruta tu premio querida.
Mad toma
las monedas y sale. En las duchas publicas lava su cuerpo. Cambia sus ropas y
se descansa sobre su cama, su mirada recorre el otro espacio vacío, tal vez su
compañera dibujante ha sido enviada tras un objetivo igual que ella. Con ese
pensamiento extenuada, Mad cierra los ojos rindiéndose al sueño profundo.
Las
misiones continúan por los siguientes meses, de alguna manera se hacen fáciles
y rápidas. Siempre a distancia. Busca la mejor posición, espera que su objetivo
venga a ella, apunta y dispara. Hasta el momento solo machos han sido enviados
al Fade o al Dhunhd según las deudas que lleven sobre sus hombros.
Tres años
pasan entre misiones y clases de natación. Las pruebas que se ha llevado a cabo
han sido desastrosas, las intensas olas no permitieron que Mad se acercara a
las bolsas de cuero. En medio de la brutal marea Mad recuerda los consejos de
Orson y Danika, trata de ponerlos en práctica pero por más que lo había
intentado seguían sin funcionar. En todo ese tiempo no recuerda cuantos
Nayushut y Voskhodit habían perdido la vida, ningún cuerpo fue recuperado, Ksei
no gasto esfuerzos en las búsquedas, sus palabras “los débiles no merecen ser
parte del clan…” dejaban a Mad temblando de cólera. Solo tres machos tuvieron
la suerte de salir vivos levantando la anhelada bolsa en sus manos mientras
tosían arrodillados sobre el suelo de roca. Mad aplaudía al igual que otros
felicitando al ganador. Orson siempre le daba charlas educativas sobre cómo
debía hacerlo, pero Mad refunfuñaba explicándole que a duras penas lograba
llegar a la escalerilla de madera vieja y podrida para escalarla y llegar de
nuevo sobre el risco. Abandono las esperanzas de tener una noche de libertad,
noche que no usaría en beber, comer o follar como Ksei decía, no. Mad
necesitaba esas horas para buscar información de su Sire, los años pasaban
frente a sus ojos a una velocidad que traía preocupación a la hembra pelirroja.
Temía que, en algún momento cuando pudiera obtener nuevos datos la noticia del
fallecimiento de su Sire acabara con todas sus esperanzas. Es cierto que en su
interior albergaba sentimientos de rabia y rencor hacia el macho. Pero, también
reconocía que anhelaba poder verlo alguna vez, tal vez recibir una explicación,
ver esos ojos verde/amarella igual que los suyos y compartir un abrazo. Pero el
triunfo siempre huía de ella, frustrando sus planes. Actualmente en sus
misiones con su vigilante siempre pegado a su espalda no podía buscar
información. El macho respiraba en su nuca todo el tiempo. En varias ocasiones
planeo un despiste que le diera solo unos minutos, a lo mucho una hora o menos
para buscar de nuevo entre burdeles y prostitutas, pero jamás logro que la
sombra asesina se alejara de su lado. Y su segunda opción se estaba yendo por
el drenaje a la mismísima mierda.
Un golpe
a sus tobillos y Mad cae de espaldas sobre el suelo expulsando el aire con un
gemido.
– Estas
ausente irlandesa. – habla Danika irguiéndose, extendiendo la mano a Mad para
levantarla – debes estar atenta, cuando entrenas no piensas en nada, solo en
golpear a tu contrincante.
– Lo
siento, pensaba…
Danika
levanta a Mad, al tenerla de frente olisquea el aire y una maldición escapa de
su boca.
–
Mierda!! JODER NO!! – aferrando su brazo la arrastra por la arena, hacia el
sótano de Orson – tenemos un problema, un muy jodido y puto problema
Ante las
palabras de Danika, Orson gira su cuerpo sosteniendo un caldero en sus manos
con una sustancia azul hirviendo burbujeante. Las mira a ambas. Danika con un
rostro pálido y su ceño arrugado con preocupación. Mad soltando del agarre su
brazo con el rostro sonrojado, con las gotas de sudor cubriendo su frente y la
pregunta dibujada en su rostro.
– De que
mierda hablas, no entiendo.
– Yo
tampoco, me sacaste a rastras de la arena Danika, te falto echarme sobre tu
hombro como una cavernícola para traerme aquí. Dime qué pasa.
– Tú
aroma, eso es lo que pasa.
– Ay por
el Fade!! Acaso tu hueles mejor? Es sudor por el entrenamiento se quitara
cuando me duche, doña aroma de rosas, tu tam….
– NO ES
EL PUTO SUDOR!! – estalla Danika – ES TU NECESIDAD, PUEDO OLERLA, YA VIENE….
– NIQUE
TA MERE!! – Orson deja el caldero sobre el suelo y apoya las manos sobre la
mesa de madera, viéndose pensativo – debemos hacer algo…
Mad abre
los ojos impactada, sabe lo que es la necesidad su Uncail toco el tema cuando
paso su transición y ahora que hacia las cuentas se dio cuenta que pronto se
cumplirían los 10 años siguientes a su cambio. Si lo que Danika decía era
verdad, el aroma de su cuerpo volvería bestias deseosas de sexo salvaje a los
machos, la cazarían influenciados por las hormonas y buscarían poseerla a
cualquier costo. Virgen Escriba!. Mad lleva su mano al cuello ahogando las
maldiciones que quieren escapar de su boca.
– Debo
hacer algo, no quiero…no puedo…yo no sé…. – Mad traga fuerte sin saber que más
decir, sabe que está balbuceando pero no lo puede evitar – que hare…Orson, que
hare…
–
Tranquila, se nos ocurrirá algo. – Orson la mira tratando de calmar sus nervios
– ve, báñate pero no lo hagas en las duchas públicas, acarrea cubos de agua y
limpia el sudor de tu cuerpo en el espacio debajo de las gradas de la arena,
cuando acabes arroja de la misma arena sobre el agua hasta que la cubras,
cámbiate y espéranos allí. – se acerca tomando el hombro de Mad – idearemos
algo, todo estará bien irlandesa, haz lo que te digo. Ve.
Con un
asentimiento viéndose preocupada la hembra pelirroja sale para cumplir con el
consejo de Orson.
– Tienes
algo en mente? – pregunta Danika cerca de la ventana, mirando pérdida de nuevo
hacia el cielo – sabes que aún guarda su virtud, y Ksei ha estado detrás de
eso. Silencioso como el depredador que es aguardando por el momento. Si se da
cuenta…la tomara, sabes que es un animal, y con el calor de la necesidad la
destruirá….
– Lo sé,
y tú también lo sabes Danika, en el fondo no deseas que Mad sufra lo mismo que
tú. No quieres verla destruida como Ksei lo hizo contigo, ni como lo sigue
haciendo….
– No, no
lo deseo para ella y para ninguna otra hembra. Sabes que no pude hacer nada, no
pude defenderme. Estuve sola, asustada. Y desde esa horrible noche, Ksei es el
único dueño de mi cuerpo y hace con él lo que le place. Pero Mad es demasiado
inocente para atravesar por esa experiencia, aún guarda la personalidad de una
niña, amable e ingenua. – Danika vuelve la mirada a Orson decidida – tendrá que
ganar la prueba que se aproxima, como sea….
– Eso
estaba pensado. Tenemos tiempo antes de que sus síntomas se hagan del todo
presentes. Deberá ganar, salir de este lugar, y deberá acostarse con algún
macho o humano en el pueblo. – Danika niega con la cabeza – lo sé, no querrá
acostarse con nadie, en todo el tiempo que lleva aquí jamás ha cedido a las
insinuaciones de los machos. No busca sexo, sea por algún duro recuerdo de su
pasado o porque tal vez se guarda para algún emparejamiento a futuro. por eso
debemos crear una escena, Así Ksei perderá su interés en su virtud. Y
después…deberá ocultarse mientras el brebaje que te doy a ti, hace el mismo
efecto en ella y anula los síntomas de su necesidad….
– Bien. Y
como harás para que gane la prueba, lleva tres malditos años y no ha estado
cerca ni una sola vez…
– Tengo
algo en mente… – Orson ladea una sonrisa astuta – debemos jugar sucio, y rogar
a los destinos que Ksei jamás lo descubra…
La escena
de reencuentro, con lágrimas abrazos, besos y palabras de amor que se
desarrolla frete a sus ojos traen una sensación de…añoranza, Orson no recuerda
la última vez que sintió el anhelo de estar bajo cualquier acto de cariño, el
rostro de una mujer intenta colarse en su mente, un recuerdo tal vez, una
amplia sonrisa, adornando un rostro tímido, ojos…hermosos…
– El
romanticismo esta pasado de moda. Vamos irlandesa, debemos hablar.
– Pero,
¡¡no me quiero ir!! Paso tanto tiempo que solo deseo estar aquí, si pido que mi
cama sea traslada a este lugar, ¿podría ser posible?
– No seas
ridícula Irlandesa – el desagrado en la voz de Danika es palpable- no estarás
hablando enserio, son animales, ¿quieres oler a caballo todo el tiempo? Estás
loca.
Mad rueda
los ojos sin dejar de acariciar la larga cabellera azabache de Felim.
–
Cállense las dos. Vamos no tenemos todo el día. Además podrás verlo cuando te
venga en gana no seas remilgosa, mueve el culo y acompáñanos.
– Bien. –
Mad se vuelve ofreciendo una sonrisa a su amigo, un último abrazo y sale
dejando un par de zanahorias cerca, cerrando la puerta de la caballeriza. – ¿a
dónde vamos?
– Ya lo
veras irlandesa, solo mueve tus pies.
De camino
hacia donde sea que estos dos la lleven Mad mira con atención todo a su
alrededor, parece estar más consciente de lo que la rodea, su cuerpo se siente
más ligero, como si hubieran retirado un gran peso de sus hombros. Pasando las
arenas, con un saludo hacia cada instructor que la acompaño en cada
entrenamiento cruzan hacia la casa de los reclutas. Su hogar por 4 años. Solo
el recuerdo de haber tenido que defenderse del enorme macho que quiso probar su
suerte asalta los pensamientos de Mad. Acostada, reuniendo valor para enfrentar
el siguiente día, había sentido unas manos viajar por sus piernas, su cuerpo se
había helado dejándola inmóvil. Los consejos de Danika habían acudido a su
rescate, había tomado la cuchilla que Orson dejo pegada tras el espaldar de
madera de su cama, y con un movimiento rápido la había empuñado sobre su vena
con demasiada fuerza, el corte aunque no fue profundo sirvió para que varias
gotas de sangre se deslizaran por el cuello del macho.
– No te
vuelvas acercar a mi hijo de puta, o lo próximo que veras sangrar serán tus
pelotas cuando las taje y las deje sobre tus manos. ¡¡¡¿Estoy siendo clara?!!!
Con una
mirada incrédula el macho había asentido, llevándose la mano al cuello se
retiró ocupando su lugar del otro lado. Después de eso solo entraba ya bañado,
con ropas puestas y daba su espalda a Mad cada vez que se acostaba.
Mad tomo sus pocas pertenencias, las 4 mudas de ropa y las armas que aprendió a
camuflar para defenderse, y los tres salieron por los pasillos hacia su nuevo
hogar.
Después
de caminar, buscar una habitación, instalarse, y conocer a su compañera en la
casa de los Nayusht, Mad, Orson y Danika llegan al hogar de los Pizraki. El
lugar es silencioso, puertas y puertas abiertas de habitaciones vacías adornan
los pasillos recordándole a Mad, que los únicos Pizraki son ellos dos.
Una
puerta de madera debajo de las escaleras que llevan al segundo piso llama la
atención de Mad, una cadena de ancho espesor envuelve dos tacos gruesos que
sirven como manijas. Custodiado por un candado enorme la puerta da la impresión
de ser impenetrable. Orson saca de entre su chaqueta un juego de llaves,
liberando las cerraduras y abre las puertas.
El
interior es oscuro unas velas alumbran las escaleras en piedra que llevan a lo
que puede ser un sótano. Mientras Danika y Mad bajan, Orson vuelve a cerrar
pero en esta ocasión las cadenas y el candado son puestos para asegurar la
puerta desde adentro. Una sala. Acogedora, alumbrada por velas puestas por todo
el lugar. Aromáticas piensa Mad al inhalar aromas cítricos, de canela y algunos
florales. Una gran mesa en el centro cubierta de hiervas, matas, cascaras,
frutas, morteros, varias tazas con diferentes polvos en cada una, de varios
colores. Dos estantes enormes. Uno con frascos de vidrios vacíos, de todos los
tamaños con tapas de corcho. El otro estante repleto de los mismos frascos pero
llenos con multicolores líquidos. Protegidos por un cristal. Diferentes
etiquetas de color beis con letras extrañas son puestas al frente de cada
frasco. Una chimenea con una barra gruesa atravesada de lado a lado sostiene
pequeños calderos sobre el fuego.
¿Un
sanador?, ¿un brujo? ¿Que era realmente Orson?, un asesino de eso no hay duda,
un macho callado, de temple fuerte, con ojos astutos, ensimismado en ocasiones,
tal vez dejándose llevar por los recuerdos de su pasado, gentil…a su manera, un
macho especial a los ojos de Mad, no cualquiera hubiera prestado su ayuda a una
desconocida. Si tiene algún plan apara Mad aún no lo ha puesto en marcha, o ya
lo está y es tan malditamente bueno que ella no se ha dado cuenta.
– ¿Dónde
estamos? ¿Que eres Orson?
Pregunta
Mad, sentándose en el último escalón cruzando las piernas, mirando entre los
dos.
– ¿Que
soy? – Orson sonríe divertido – creí que ya lo sabías irlandesa. Un puto
asesino, hábil con el cuchillo condenado a un infierno interminable. Un destino
que compartimos…los tres.
Mad
desvía su mirada hacia Danika quien ahora está sentada con las piernas contra
su pecho en el marco de la ventana mirando hacia arriba, la pequeña ventana con
un vidriar de colores hasta la mitad da vista desde abajo aun cielo azul y
despejado. Como si sus pensamientos fueran liberados, una mueca de satisfacción
recorre las facciones de la hembra asesina. Con la mirada perdida en el cielo
se queda allí, respirando pausadamente con las manos cubiertas por las mangas
del suéter acariciando sus rodillas.
– Mi
madre tenía conocimientos sobre las plantas, era muy buena mezclando, haciendo
pócimas, ungüentos, cremas. – explica Orson caminando por el lugar – Ayudaba a
los aldeanos, viajeros, niños, machos, y todo aquel que lo necesitara. Curaba
cortes, golpes, enfermedades humanas y demás. Estudiaba la naturaleza, y
explotaba sus propiedades, al mezclarlas con algo de más potencia obtenía
remedios poderosos. Su popularidad creció entre los pueblos y veredas. Vivía en
una casa en las afueras de Belcastel, Averyon en Francia era un lugar rodeado
de vegetación, árboles frutales, rústicos y de diferentes tipos. Miles y miles
de flores crecían a los alrededores. Con cada estación había flores, plantas y
hierbas nuevas. Algunas crecían en climas fríos, otras en climas cálidos, fuera
el clima que fuera mi Mahmen siempre encontraba algo especial. Semillas,
cortezas, hasta el musgo de las piedras – una mueca de dolor borra la sonrisa
de calidez con la que Orson relataba – una mujer hermosa, de sonrisa tímida,
cabello claro, tal vez caoba no lo recuerdo, fue hace tantos años….
<<…El
llanto de un bebé hace eco en la pequeña cabaña, dentro, la humana empuja una
última vez con todas sus fuerzas para sacar al bebé de su interior, con sus
manos temblorosas por el esfuerzo toma al pequeño en sus manos, ensangrentado,
pegando gritos típicos de un recién nacido Natyrha lo lleva contra su pecho, el
sudor cubre su cara, cuello y brazos. Lágrimas de felicidad se desbordan por
sus mejillas.
– Eres la
cosita más preciosa de este mundo, mi Enfant.
Después
de limpiarlo y terminar con la atención a sí misma, Natyrha amamanta al pequeño
Enfant. Contempla maravillada su rostro, acaricia sus manitas, pies, su
barriguita encantada con su pequeño milagro, jurando protegerlo y amarlo hasta
que la madre naturaleza se lo permita.
Agradece
al macho de la raza, donde quiera que esté por el regalo más hermoso que le han
dado.
Un macho
alto, de cabello largo dorado y ojos azules/grises. Un viajero caído en
desgracia cuando cabalgando por este bosque su caballo piso una trampa para
osos, el animal cayo de manera grotesca enviando al macho a volar por el aire,
su espalda golpeo contra el tronco de un árbol que tenía un pedazo de madera
torcido, salido en punta. La estaca perforo el hombro del macho, traspasando
hasta el frente, sobre el pecho, cerca del corazón.
Los
gritos de dolor alertaron a la mujer, quien salió de la cabaña siguiendo el
lamento de dolor, buscando, acercándose hasta encontrar al macho allí clavado.
Presto su ayuda logrando retirar la estaca. Con retazos de su vestido logro
hacer un torniquete parando la hemorragia de su herida. Lo llevo a su cabaña,
lo tendió sobre la mesa, durmiéndolo por varias horas con una pócima para poder
trabajar en él, concentrada retiro las astillas, limpio y coció la carne,
cerrando el enorme hueco que había dejado la punta de la estaca. Molió varias
hierbas cicatrizantes y unto el emplaste sobre la herida, la vendo
protegiéndola de alguna infección. Cocino hierbas aromáticas, con algunas
semillas y le dio de beber el brebaje para acelerar el proceso de curación.
Horas
después el macho despertó medio dopado. Recordó el incidente y vio a la mujer
moliendo y cocinando. Su cuerpo necesitaba alimentarse, se levantó silencioso y
llego por detrás tomando a la mujer duramente, inclinando su cuello para beber
de su vena. Succionó y bebió saciando su sed, hasta que cayó desmayada, la tomo
en brazos y la dejo sobre la cama. Paseo por el lugar, estudiando, mirando todo
lo que la pequeña mujer tenía en esta cabaña. Retiro las vendas y la masa
verdosa que tenía untada sobre el pecho. Se limpió viendo que la herida estaba
sanando. Unas horas después el día brillaba con un imponente sol en lo alto,
con la cabaña totalmente a oscuras por las ventanas cubiertas Natyrha se
levantó, caminando fuera de la pequeña habitación. El macho frente al fuego
atrajo su mirada, con un pecho desnudo, musculoso, cubierto de sudor, alimenta
el fuego del hogar.
Al sentir
la presencia de la mujer y ver su rostro sonrojado el macho se acerca
atrayéndola junto a su cuerpo. No se necesitaron palabras, el aroma de la mujer
no mentía y la gran erección entre las piernas del macho tampoco. Tumbándola
sobre la misma mesa donde lo curo, el macho dedico las horas del día a poseer
el cuerpo delicado de la mujer de todas las maneras que encontró, brindándole
placer, arrancando gemidos de satisfacción de su boca. Saciados, extasiados
descansaron abrazados un par de horas hasta que la noche llego. El macho se
levantó, se vistió, agradeció los cuidados y el intenso sexo y se marchó.
Casi 9
meses después Natyrha cae sobre el suelo con dolores de parto, dando a luz a
Orson.
Los
siguientes años pasan entre estaciones, arboles, plantas y el fuego del hogar
siempre vivo, ahora el pequeño Enfant, ya no es tan niño. Con la edad de 9 años
es un muchacho alto para su edad, hermoso gracias a su larga cabellera dorada y
los ojos de su Sire. Hábil, se movía con rapidez, en los bosques buscando las
plantas para su madre. Amaba ver la sonrisa sincera en ese rostro tímido,
aprendió todo lo que se debía sobre las plantas y ayudo a implementar nuevas
mezclas. Sabia de su condición de mestizo, su madre se había encargado de
contarle como había sido concebido y por quien. Gracias a las habilidades de Orson
con las pócimas y curaciones, Natyrha obtuvo más popularidad en las aldeas y
mucha más gente la visitaba buscando alguna cura para los males que les
aquejaba.
Un día
apareció un macho de aspecto desagradable, pidiendo ayuda para una herida de
espada, ambos lo atendieron. Orson siempre listo con sus pequeños cuchillos
vigilantes de su Mahmen, lo miraba con el ceño fruncido, enojado. Protector a
su lado, le hacía saber al macho que le cortaría la garganta si intentaba algo
contra ellos. El macho recibió la atención y con un asentimiento, pagando el
dinero cobrado por Orson se despidió.
Días
después apareció el cuerpo de una mujer en la aldea sin vida con una mordida en
su cuello. Vieron al macho que la había atacado y lo persiguieron hasta
arrinconarlo, asustados por los largos colmillos en su boca y rostro
ensangrentado lo lincharon con palos, tridentes de hierro, piedras y todo lo
que encontraron. Al final quemaron el cuerpo que se retorció bajo las llamas
hasta morir. Los rumores hablaban de que había sido atendido por la hembra
curandera, los humanos en su inmensa estupidez, creyeron que las pócimas de
Natyrha habían creado esa abominación. Movidos por el miedo de la “bruja” se
dirigieron hacia su cabaña para acabar con ella y con su hijo, que ahora era el
engendro de Satán.
Orson
huyo con su Mahmen y unas pocas pertenencias por los bosques. Las aldeas
cercanas se unieron a la búsqueda de ambos, los cazaron por varios días entre
malezas y árboles. Cansada de correr Natyrha suelta la mano de Orson y se sienta
para reponer fuerzas. El galope de varios caballos los alertan a ambos. Seis
machos de imponente presencia los miran hacia abajo montados sobre los enormes
animales, el macho que va al frente con su cabello recogido en un moño sobre su
cabeza sonríe malicioso. Natyrha no es tonta, sabe que los aldeanos tarde o
temprano los alcanzaran y mataran. Agobiada por no ver la muerte de su Enfant,
pide ayuda a los machos frente a ella.
– Por
favor…sálvanos. salva a mi pequeño. Llévalo contigo, te lo suplico.
– NO!!
MAHMEN! NO TE DEJARE SOLA PÁRA MORIR, SI ESE, ES NUESTRO DESTINO, MORIREMOS
JUNTOS. SI DEBO LUCHAR LO HARE Y MATARE A TODOS Y CADA UNO DE ESOS HUMANOS
HIJOS DE PERRA!!
– Solo
tomare al muchacho, tu, puedes tener buena ascensión al Fade humana.
Con las carcajadas
de Ksei retumbando en el bosque, Natyrha toma los hombros de su pequeño y lo
mira con lágrimas en sus ojos.
– Orson,
escúchame, debes vivir, eres especial mi cosita, saldrás de aquí y veras el
mudo crecer, esa es la voluntad de tu Mahmen, soy humana y sabes que moriré en
cualquier momento. Ya viví lo que debía, moriré feliz sabiendo que estas bien,
por favor toma la oportunidad de respirar un día más. ve con ellos, vive y
recuérdame siempre con una sonrisa en tu rostro.
Ksei ve
la tierna escena entre Mahmen e hijo…y su estómago se revuelve de repugnancia.
Estúpidas humanas, tratan de doblegar la voluntad de los machos vampiros con
sonrisas y lágrimas. Por otro lado el muchacho tiene temple, aceptar morir o
enfrentarse a una jauría de humanos armados demuestra valor, si…sería una gran
adición. Bajo un constante entrenamiento y disciplina podría ser un arma
excepcional. Hace un movimiento con la mano y uno de sus soldados tras él,
desmonta tomado al joven de su brazo, llevándolo a jalones sobre un caballo.
Orson se
siente morir, dejar a su Mahmen aquí…NO! Se niega totalmente. Pero…las lágrimas
de súplica de su madre, lo dejan con las piernas temblorosas y su voluntad
quebrada. Antes de ser llevado a rastras por el otro macho, la abraza y besa su
rostro, la mira grabando cada contorno de su cara, ojos, cabello, todo,
guardándolo en su mente para nunca olvidarla. En un último intento de
convencerla de que juntos podrían solucionarlo, Orson se agacha aferrándose a
ella, el macho se acerca y lo saca del abrazo maternal sosteniéndolo entre sus
brazos para evitar que escape. Los gritos de los aldeanos se acercan, su Mahmen
corta la despedida y lo anima a irse. Sobre el caballo retorciéndose del agarre
del macho Orson la ve dirigirse hacia el macho líder.
– Agradezco
su gentileza señor….
De una
patada sobre el pecho Ksei envía a la hembra de espalda varios metros sobre el
suelo. Los aldeanos la rodean al mismo tiempo que los caballos empiezan su
galope. Con las manos empuñadas de rabia y dolor Orson escucha los gritos de su
Mahmen al ser brutalmente golpeada.
No se
permite llorar, solo un grito de inmenso dolor rasga el aire entre los arboles
a medida que el galopar de los caballos lo llevan hacia un futuro sombrío,
lleno de un sufrimiento peor que ser asesinado a golpes por unos humanos
estúpidos y asustadizos….>>
Los
recuerdos que creyó perdidos vuelven a Orson, sin despegar la mirada de las
llamas del fuego relata a Mad y Danika la historia que había enterrado por años
cuando llego al Clan. Nunca se permitió llorar, o desahogar su dolor. Se
entrenó con disciplina, entre golpes y sangre, forjando una voluntad de hierro.
No había pasado, no había Mahmen, no había recuerdos. Solo las ganas de ser
mejor cada día y cobrar las vidas de quienes estaban en su lista.
Se apartó
de las pócimas, hasta que un día con el sanador ausente tuvo que atender la
herida de un Nayusht en campo abierto, el macho reflejaba miedo en su mirada,
no quería morir. Cerca del cuerpo rodeando un gran árbol unas hierbas de color
café le hicieron recordar sus propiedades, las tomo junto con unas flores
violetas que servían como calmante paras cortadas y las molió extrayendo el
jugo de ambas para untar sobre la herida. Eso le dio algunas horas, donde el
dolor se ausento cuidando de que la herida no se infectara, para cuando llego a
manos del sanador el macho tenía más posibilidades de seguir viviendo. Volvió a
sentir la necesidad de vagar entre los bosques en busca de diferentes hierbas y
semillas para emplearlos de dos maneras. Para sanar, y para matar.
Mad puede
sentir la gran tristeza que rodea a Orson, pero aunque sus instintos le instan
a darle un abrazo o alguna palabra que pueda aliviarlo, sabe que sería un golpe
bajo para el astuto asesino. Un pasado como ese, con esos recuerdos tan dolorosos…ahora
entiende por qué decidió ocultarlos, enterrarlo para siempre.
Entre los
ruidos de los frascos que chocan entre sí, Orson busca algo especial. Toma un
envase con un líquido amarillo, con la consistencia de un aceite, camina hasta
Mad y se lo extiende.
– Es un
brebaje irlandesa. Es lo que le he estado suministrando a Felim. Cuando
empezaste tu entrenamiento, el caballo empezó a decaer, como tú misma lo
dijiste es un animal con varios años encima, sus músculos estaban cansados, no
comía, no dormía, estaba exhausto y agotado. Así que busque las hierbas
especiales para ese mal. la Maca, Yerba Mate, Guayusa, Efedra y Guaraná y otras
más. Todas juntas ayudan a la revitalización, aumenta las reservas de energía
naturales del cuerpo, y mantiene los músculos vigorizantes retrasando la edad y
haciendo que el cuerpo luzca…jovial. Cree un tónico natural, se lo administro
con cada comida. Por eso lo viste más saludable, no lo hará inmortal pero
vivirá un poco más.
Mad toma
el frasco en sus manos sintiendo el peso de las palabas de Orson, al final,
mantuvo su promesa y cuido de Felim usando todos sus medios. Levanta la mirada
y con una sonrisa de agradecimiento asiente hacia el asesino/curandero.
– No diré
la palabra, porque está prohibida. Pero si Felim pudiera hablar y ya que no
está bajo las reglas de Ksei, sé que te diría…Gracias Orson.
– Acepto
el agradecimiento, solo porque viene de tu caballo irlandesa. Ahora vuelve a tu
habitación, descansa para lo que tendrás que afrontar. Ah! Mañana te hablaré de
la prueba. Una salida de este infierno no te caería nada mal.
– Bien.
Los veo mañana, descansen también.
Danika y
Orson despiden a Mad con un asentimiento. Después de cerrar nuevamente las
puertas Danika se para al lado de su compañero, mirando las llamas crepitar.
– Hace
muchos años no hablabas de tu Mahmen, recuerda que el amor es una debilidad
Orson, no pierdas tu vida por un recuerdo.
– Tal
vez…olvidamos porque estamos en este lugar Danika, que nos trajo aquí…tal vez
sea hora de sentir algo más que dolor, sufrimiento y soledad…tal vez sea
momento de…vivir.
– No
podemos hacerlo Orson y lo sabes, nosotros…no podemos. Olvida esas estupideces,
no hay amor, no hay abrazos, no hay caricias cálidas ni sonrisas de cariño…no
para nosotros. No te dejes lavar el cerebro por Mad, es una niña aun, ella no
entiende lo que le espera, solo está llevando el día a día, cuando el peso de
sus actos atormenten su alma y la sangre empape sus manos, no tendrá esos
pensamientos de felicidad que ahora la rodean.
– No,
Mad…ella tiene esperanza, y cuando ese sentimiento te mantiene vivo, las cosas
pueden mejorar. Que tiene de malo soñar, y más importante ¿buscar ese sueño con
todo tu corazón? Fuimos así Danika, cuando llegamos aquí luchábamos por lo
mismo que Mad lo hace ahora. Pero nos dimos por vencidos muy pronto, nos
dejamos sumir en la negatividad y permitimos que la oscuridad nos rodeara, solo
conseguimos calma con cada muerte que ejecutábamos, perdimos…el objetivo, y
ahora yo lo recuerdo. Mi objetivo era salir de aquí, ver el mundo, respirar un
día más y recordar la sonrisa tímida de mi Mahmen…. ¿Recuerdas el tuyo Danika?
Recuerdas ¿porque querías salir de aquí?…
– Eres un
idiota Orson, si continúas con esos pensamientos solo hallarás un camino. La
muerte. Y Ksei la ejecutara, lo sabes, no te mientas a ti mismo, reacciona por
la Virgen Escriba!!! abre tus ojos y haz el trabajo para el que naciste, matar
a sangre fría.
Con estas
últimas palabras Danika da media vuelta y sale maldiciendo del sótano. Orson se
queda allí con una mano sobre la chimenea de piedra mirando las intensas
llamas.
– No… –
piensa – es hora de sentirme vivo Danika, y tomare la oportunidad antes de
pisar los suelos del Dhunhd…no dejare este mundo sin volver a sentir…amor.
Susurro
Orson con su voz entrecortada, llevando la mano a su mejilla para limpiar las
lágrimas que bajaban por su rostro….
Tal como
lo dijo Orson el entrenamiento de Mad inicio en la arena de combate, las clases
eran extenuantes, con el solo calentamiento su cuerpo protestaba de cansancio.
Moretones en su cara, brazos, abdomen y piernas eran su relejo todos los días.
Las fracturas de sus huesos sanaban rápidamente gracias a la sangre de Orson,
quien se ofrecía para alimentarla. Un par de meses y con el intenso
entrenamiento su cuerpo empieza a adaptarse a las largas rutinas de combate.
Casi 8 meses después Mad esta lista.
Aprendió
los movimientos especiales, defensa, ataque, estudiaba a su enemigo buscando
una debilidad. Su mano más lenta, su pierna más corta, una rodilla dislocada,
un hombro mal sanado, cualquier pista que le permitiera tener la ventaja,
cuando la obtenía atacaba y en un segundo tenía a su contrincante de cara
contra el suelo, ganándose la admiración de su instructor.
Nerak, un
hombre alto, fuerte, letal, de piel oscura, era el encargado de pulir tus
movimientos. Serio, mostraba una sola vez lo que debías hacer, el resto del
tiempo se paseaba por los alrededores mirando, observando, estudiando. Según
Nerak estabas listo cuando lograras derribar a todos tus compañeros. Nada fácil
para Mad, puesto que tuvo que dejar inconsciente a 60 reclutas, entre mestizos
y de raza pura. Pero el esfuerzo y las clases con Orson y Danika al amanecer
dieron sus frutos y Mad con un asentimiento de Nerak logro avanzar a la
siguiente arena.
Casi un
año, fue el tiempo que le tomo a la hembra pelirroja superar esta arena. Cambio
sus moretones por cortes de todos los tamaños, estilos y profundidades. Y
nuevamente la sangre de Orson jugó un factor importante en su curación. Dagas,
Bowie, Sai, Katar, Sica, Puñal, lanzadores, Tanto, Corvo, Kunai y un sinfín de
cuchillos más fueron los que Mad aprendió a manejar. Las clases de Orson fueron
fructíferas. Le enseño peso, modalidad, el mejor perfil para atacar, tipos de lanzamientos,
puntos estratégicos y pasos para un asesinato limpio.
Lau el
instructor de esta arena no tuvo compasión con Mad, forzó sus habilidades
poniéndola contra la espada y la pared en todo momento, exigiéndole dar el
máximo en cada clase. Sacándola de quicio, endureciendo su temperamento.
Dos años
llevaba Mad en las arenas y aun no podía ver a Felim. Orson le traía noticias
cada amanecer, tranquilizando sus preocupaciones sobre el animal, animándola a
seguir recordándole lo poco que faltaba. Haciendo acopio de todas sus fuerzas
la hembra continua, repitiendo en su mente su mantra favorito, “renunciar no es
una opción….”.
Lau al
final indica en su reporte que Mad está lista y Ksei la envía a la siguiente
arena.
Un año
más, 12 meses son los que tardo Mad para tener absoluto control de las armas
largas. Con la espada tuvo un gran rendimiento, la catana y la lanza de dos
puntas se unieron a sus favoritos con rapidez.
Nevit, el
instructor era todo un personaje. Un hombre maduro, por no decir viejo. Sabio,
rudo. Entre clases contaba sus historias de guerra, acontecimientos importantes
que le hicieron tomar la decisión de aprender el arte de cada una de estas
armas. Exigente, tomaba el brazo de Mad en el aire evitando que cayera al
suelo. Siempre con una moraleja al final del día. El reporte que llego a las
manos de Ksei solo tenía una palabra escrita. “Pizraki”. Y así Ksei con una
sonrisa socarrona en su rostro autorizo su ingreso a la última arena.
El paso
por esta arena fue más sencillo, como dijo Orson, Mad ya poseía habilidades y
su estancia con el instructor Zeth fue corta, en solo seis meses Mad dominaba
las artes del camuflaje. Las tierras secas, bosques, desiertos, bajo el agua y
en la nieve fueron sumadas en los reportes como “hábil” en cada una de ellas.
En el día
181 cuando Mad se preparaba para llegar a su entrenamiento fue llamada por Ksei
a su oficina. Con una respiración profunda y con las palabras de Orson y Danika
repitiéndose en su mente, jalo las grandes puertas y entro.
Tomo
posición de recluta, sumisa sobre sus rodillas con una mano el pecho y la otra
empuñada en el suelo.
–
Felicidades irlandesa. Me complace informarte que tu último instructor ha dado
su reporte, has superado su arena demostrando excelentes habilidades de
camuflaje al igual que en los demás escenarios, has destacado entre muchos y
eso me complace enormemente. Serás puesta con los Nayusht, tomaras tus
pertenencias y te mudaras a la siguiente casa. Te daré un tiempo prudencial
para que te acomodes a tu nuevo rango, podrás ver a tu caballo, dormir un par
de horas más, y como si fuera poco podrás participar del Ispytaniye (la prueba)
– Ksei camina sin apartar la mirada de una hoja de papel – Es una tradición
aquí, los principiantes, y ascendidos acceden a la oportunidad de participar
por una salida fuera de estas murallas, ver el mundo exterior por una noche,
comer, beber, follar, o hacer lo que les plazca en el pueblo más cercano. Dime
irlandesa, conoces las reglas?
– No
Ksei, no tengo conocimiento de ello.
– Son
bastantes sencillas. – Deja las hojas sobre el escritorio y recuesta su cuerpo
contra el orillo cruzando sus pies por los tobillos – Cuando cae el sol yo
mismo camino un kilómetro hacia el risco que da al mar. Llevo 5 bolsas de cuero
con una buena cantidad de monedas de oro, que puede derrochar el ganador en el
pueblo. Cada bolsa es dejada en las profundidades del mar. El juego? Es
sencillo, llegada la media noche los valientes que desean intentarlo se reúnen
allí. Solo con su ropa interior…o sin ella si lo prefieres, se lanzan al vacío
desde una altura de 1.375 metros hacia las olas. El propósito? Lograr hacerse a
una de esas bolsas. Y salir con vida, por supuesto! ya que las intensas mareas
hacen casi imposible esta hazaña. Ves!! Bastante fácil. Los 5 que lo logran
serán libres por 12 horas, Orson y Danika harán de chaperones, para evitar que
las tentaciones te manipulen y tomes otros caminos. Bastante interesante, no te
parece?
–
Bastante interesante Ksei.
–
Maravilloso!! Espero con ansias verte en la próxima Ispytaniye. Ahora, largo!!
Con una
reverencia Mad abandona la oficina de Ksei. Tras las puertas de camino por los
pasillos Mad siente dos presencias a su lado. Si dejar de caminar, ni mirar
atrás, sabe perfectamente quienes son. Orson y Danika. Los tres salen a los campos
de entrenamiento. En los altos escalones de piedra Mad levanta el rostro al
cielo azul, con los ojos cerrados, después de casi 4 años respira con
tranquilidad. Lagrimas bajan por sus mejillas y una sonrisa de felicidad se
dibuja en su rostro. Sabía que venían tiempos difíciles, misiones donde debía
mostrar su temple y poner en práctica todo lo que aprendió, endurecer su
corazón y fortalecer su voluntad. Y así lo haría. Ahora podría ver el mundo
exterior, saber que pasaba con la humanidad tras estas murallas. Lo primero que
haría sería reanudar la búsqueda de su padre. Con sigilo, haría las preguntas
correctas para obtener más datos. Así las misiones fueran cortas y cerca de
este lugar, lograría recaudar información. Ahora sabía cómo hacerlo. Cualquier
dato que le ayudara a armar de nuevo un plan para hallarlo sería bienvenido. Si
la información que tenía hace años, seguía activa, y su Sire era un miembro de
esa banda de mercenarios asesinos, lo encontraría, haciéndole saber de su
estado y tal vez el macho lograra ayudarla a salir de este maldito lugar. Su
mente viaja hilando con todas las posibilidades, lograría salir de aquí. Seria
libre. Encontraría a su padre y buscaría su libertad y la de Felim.
–
Felicidades irlandesa.
Ambos
Pizraki apoyan sus manos en los hombros de Mad. Ofreciendo aliento para
continuar. Limpiando su rostro la hembra da media vuelta mirando con anhelo y
esperanza a Orson.
– Quiero
ver a Felim!!! Llévame a el Orson!!!
Una mueca
de duda e incertidumbre se dibuja en el rostro de Orson. Mad siente que su
corazón ha caído a sus pies. Su mente se acongoja y su cuerpo empieza a sudar
frio, temblando de pies a cabeza. Con voz entrecortada Mad susurra las palabras
que teme, pero que necesita saber….
–
Esta…oh! Orson!! Que ha pasado….
– Ay por los destinos irlandesa, cálmate!! – Exclama Danika – El caballo está
bien. Sabes que es un caballo viejo, estaba decayendo, pero Orson ya se ocupó,
así que deja el drama y vamos a verlo.
Mad
suelta el aire que no sabía que estaba conteniendo, suspiro aliviada y se
encaminó detrás de Orson y Danika hacia los establos.
– Te era
muy difícil hablarme con la verdad? Casi me matas de un ataque al corazón
Orson! Todo este tiempo y no has dejado de ser un idiota!!
– Y tú,
irlandesa? Todo este tiempo y aun sigues siendo una niña estúpida, quejica y
llorona.
Con una
sonrisa de los tres apresuran el paso por los campos hasta el establo. En la
caballeriza más apartada la cabeza de Felim se asoma como admirando el lugar.
El corazón de Mad late más rápido movido por la emoción y la felicidad. Sin
darse cuenta sus pies se mueven hasta que se ven correr.
Felim
relincha varias veces levantando sus patas, como si sintiera la presencia de su
mejor amiga. Mad se lanza sobre el caballo abrazando su cuello, refugia su
rostro en el largo pelo negro azabache de Felim y sin temor a ser escuchada o
vista rompe en sollozos, como una presa rota sus lágrimas caen una tras otra
sin detenerse, susurrando palabras de extrañeza entre hipos y besos. Es la
primera vez en muchos años que Mad se siente completa, el caballo ladea su
cabeza recostándola sobre la espalda de Mad, un abrazo entre dos amigos de
inseparables aventuras. Dos corazones reunidos tras años de soledad y tristeza.
Dos almas unidas de nuevo por los esfuerzo del lucha y superación.
Aquí,
ahora, Mad se da cuenta que cada golpe, cada cortada, cada caída, cada insulto,
cada lágrima, cada noche en vela, cada día de arduo sacrificio, valió la pena.
Sentir a Felim le renueva la esperanza de salir de aquí.
– Te
extrañe Felim!!! Te extrañe compañero!! Te extrañe cada día, cada semana, cada
mes, cada año. Dios!! Nadie nunca volverá a separarte de mí. No lo
permitiré…nunca…más….
El
caballo relincha aprobando las palabras de Mad antes de recostar de nuevo la
cabeza contra su espalda.
El dolor
era incesante. Aquella opresión en el pecho no daba tregua. Se expandía como un
cáncer carcomiendo los últimos vestigios de calma y paz, sentimientos que
caracterizan a los angeles del cielo, pero que ahora con el dolor del Creador
se convirtieron en un fantasma del pasado. El dolor paso de ser insoportable a
indescriptible.
El
llamado de mi padre rugió dentro de mi. El anhelo de verle, de estar en su
presencia y una necesidad de hacer lo que fuese necesario para alivianar su
pena brotaron en mi pecho. Mientras agarraba mi esternón fuertemente me
levanté, cerré los ojos enjuagados en lágrimas y respondí a su voz.
El gran
salón del trono. Lugar donde la esencia de nuestro padre toma forma se
encontraba sumido en una niebla gris, como si las nubes se hubieran unido al agónico
dolor, rodeaban el recinto sagrado sumergiendo los alrededores, cuál nubes
grises ensombrecen el día antes de una violenta tormenta.
Los
custodios como siempre protegían las enormes puertas de oro. Los enigmáticos
tallados sobre la superficie contaban la historia de la humanidad… toda desde
sus inicios hasta el día de hoy. Pero debías ser uno de los máximos líderes
celestiales para entenderlo. Debías tener la gracias divina concedida solo por
el Creador, ser tocado por su esencia para que la puerta del conocimiento
absoluto se abriera ante ti. Los secretos del universo eran vastos y complejos,
no cualquiera sobrevivía al viaje completo y quedaba lucido para continuar.
De
rodillas frente al gran trono dorado postre mi cuerpo. Estaba listo para
cumplir la voluntad de mi Señor, fuese cual fuese la orden. Tras el enorme
trono las mismas cortinas mullidas de eones y eones de permanencia dejaban ver
la silueta del Todopoderoso.
— Padre,
me has llamado a tu presencia. Estoy listo para obedecer tu voluntad.
Fueron
palabras difíciles de expresar, el dolor que afligía mi pecho impedía en cierta
forma hablar, pero nunca para mí Padre, para Él hablaría aún siendo consumido
por las eternas llamas del Dhunhd.
Una suave
brisa alboroto mis cabellos. La presencia de mi Padre llegó a mí. Incliné mi
rostro en señal de respeto. Sobre el suelo de mármol una túnica roja ondeaba,
parecía ser azotada por corrientes de aire furiosas.
— Hijo mío
La suave
voz lleno de calma mi ser. Nuevas lágrimas pero está vez de agradecimiento
inundaron mis ojos. La tan anhelada calma, paz regresaron.
Cai sobre mis manos expresando palabras de alabanza en su nombre.
— Pater
creaturae, benedictum sit nomen tuum in æternum: hoc misericordiae tuae gratias
ago indinita servo suo: Pater gratias ago tibi quoniam donum Dei benevolentiam
tuam. domine mi, mi pater, hie me ut faciam Deus voluntatem
<<
Padre de la creación, bendito sea tu nombre por toda la eternidad, gracias por
tu infinita misericordia Padre, gracias por el regalo de tu benevolencia. Mi
señor, mi Creador aquí está tu siervo para cumplir tu voluntad >>
El aire
ondeo a mí alrededor. La túnica flotaba igualando un caminar.
— Hijo
mío. Mi amado Nigel tú y tus hermanos ángeles saben el dolor que llevo en mi
interior. Mi hijo, parte de mi esencia ha visto su final. Su cuerpo se ha
perdido, se consumió en las líneas del tiempo hasta desaparecer. Su alma vago
hasta mí en un intento de despedida.
A pesar de los caminos que ambos escogieron son carne de mi carne, sangre de mi
sangre, esencia de mi esencia y su alma atormentada merecía paz eterna antes de
cruzar el umbral de la inexistencia. Mi amado Omega, mi pequeño…- y la voz de
mi Padre se entrecorto en llanto – su alma está a salvo, mantendré parte de su
esencia en los confines del cielo, dentro de mi corazón arderá eternamente su
recuerdo. Abrazaré su imagen, la de niño cuando tomaba mi dedo pulgar para
caminar a mi lado, cuando sus cabellos platinos eran desordenados por la brisa
fresca y yo acariciaba sus hebras tratando de ponerlas en su lugar, cuando
dormía sobre mi regazo, un alma inocente soñando con un mañana
prometedor.
En verdad os digo que mi hijo no será olvidado.
— Lamento
su pérdida Mi Señor. Si esa es tu voluntad el príncipe será recordado por toda
la eternidad. Elevaré una plegaria honrando su nombre cada mañana, cuando el
sol despunte sus rayos. Y en la noche cuando el brillo de la luna inunde los
cielos.
— Que así
sea hijo.
El sonido
del roce de la tela señalaba el caminar de mi Señor por el gran salón. Sabia,
sentía en mi interior que su llamado tenía otro fin.
— No
estás equivocado Nigel. Sabes que las almas que habitan la tierra, tanto
humanos como las creaciones de mis hijos están acobijados por el libre
albedrío. Solo ellos deciden sus acciones. No tienen la capacidad de saber de
antemano si sus actos son correctos o incorrectos. Solo el final del juego les
abre los ojos. Tristemente cuando ya es demasiado tarde.
El Dhunhd perdió su Amo. Mi hijo dejo un lugar vacío. Lugar que han tomado sus
herederos. Mis nietos obraran según sus pensamientos. Mi nieta ha sido dotada
de un poder indescriptible, único, especial como es ella misma. – la voz de mi
padre adquiere un tono cálido, cariñoso – es su viva imagen. – habla con
orgullo en sus palabras – sus cabellos platinos, largos. Sus ojos intensos. Y
su voluntad fuerte, voluntad de hierro. Mi nieto posee su don de mando, ha
logrado blandir las espadas, el destino y la lealtad del Inframundo ahora reposa
en sus manos.
— Una
batalla mi Señor?…
— Una
guerra hijo mío. Una guerra se avecina, un poder épico se desatará sobre la
tierra. Mis nietos traerán muerte, dolor, perdidas inocentes y castigo para
quienes se interpongan en su camino. Limpiarán la tierra y reestableceran el
equilibrio.
—
Padre…
— No
puedo hacer nada, me relegue a un espectador hace mucho tiempo hijo mío.
Las almas tienen su derecho por ley divina. No les quitaré eso a mis amados
nietos, no cuando son impulsados por sus deseos internos, no cuando la memoria
de su padre aún brilla en sus mentes. Son libres de ejecutar sus planes como
crean necesario.
— Mi
señor…no entiendo mi misión. Si los dejaras actuar bajo la libre elección…qué
debo hacer yo?
— Ustedes
hijo mío, ustedes.
Las puertas
de oro se abrieron con un batir lento, continúe con mi rostro agachado,
postrado sobre mis rodillas.
Varios pasos resonaron en la estancia. Más roces de tela, crujidos de metal y
el oleaje de alas.
— Conoce
a tus hermanos de misión Nigel. Ellos estarán bajo tu mando.
Lleno de
asombro y curiosidad gire mi cuerpo, sobre mi hombro vi a los tres ángeles
postrados igual que yo.
Un
querubín, un ángel guerrero parte de las filas del ejército del Arcángel
Miguel.
Y por toda la misericordia de mí Padre, no era cualquier guerrero, no, era
Shamsiel, un Querubín de Élite. Un ángel que debió perder su estatus divino
después de pasar mil años encerrado en el Dhunhd expuesto a crueles castigos
físicos y mentales. Liberado por el propio Miguel después de que mi Padre
ordenará una misión de rescate. El guerrero salió en un pésimo estado. Los
demonios lograron quebrar su voluntad, manchando su alma con maldad, odio,
rencor y venganza.
Y en casos como este, cuando ves este tipo de sanación es donde tú fe aumenta,
y sabes que las segundas oportunidades si existen y deben ser valoradas. Al
terminar su periodo de rehabilitación volvió a las filas del ejercicio divino,
más poderoso, brutal y feroz. Se podría pensar que sería un gran peligro para
los demás ángeles, pero nos equivocamos, fue blindado con el sentido del bien.
Instruido de nuevo con obediencia, fe, paz. Acogido de nuevo entre sus hermanos
ángeles, ahora era visto con orgullo y respeto. Un guerrero leyenda venerado en
el cielo.
A mí
derecha un serafín. Lysande. Hermosa y pura. Una sanadora. Bendecida con una preciosa
voz, mientras entona las alabanzas a nuestro Padre su poder de curación se
extiende a los heridos en combate. Y por los cielos, que bendición que sea
ella, pues es la responsable de que Shamsiel recuperara su lucidez. La única
que logró llegar a él y por ende fue nombrada su guardián.
Dicen que tras años, cientos de años Lysande logro reestructurar el alma y la
voluntad del ángel. Físicamente sus poderes reconstruyeron los daños exteriores
de Shamsiel, todo a excepción de los 5 pesados grilletes que lleva en su
cuerpo. Uno en cada tobillo, uno en cada muñeca y uno alrededor de su cuello.
Tres eslabones de cadena están sujetos al grillete donde fueron cortados por la
espada de Miguel. Jamás pudieron ser removidos y dicen que son los que
mantienen sus demonios internos apaciguados. El tintineo que sale de ellos
cuando el guerrero camina hace temblar tu cuerpo.
Ambas son una pareja en verdad…única.
En el
centro con sus cabellos dorados, está Abrahel. Uno de los ángeles en comunión
directa con el creador. En términos humanos sería como su secretaria. Abrahel
hizo un voto de silencio, un castigo auto impuesto cuando su hermana cayó en
manos de Baliel. Pertenecía a las filas del ejército divino. Era apenas una
recluta cuando la gran primera guerra celestial estalló. Cuando el cielo
contaba más perdidas que victorias los reclutas fueron llamados a servir. Así
fue como el ángel fue tomado en custodia. Abrahel no soporto el dolor y la
impaciencia jugo en su contra. Descendió a los infiernos en busca de su hermana
desobedeciendo órdenes de Miguel y de nuestro propio Padre. El sacrificio que
hizo fue en vano. Cuando la encontró había Sido mancillada por los demonios, no
quedaba nada de su pureza, Baliel la había convertido en la zorra de su clan.
Abrahel no pudo soportar ver a su hermana destruida por la oscuridad pero
gozosa de lo que se había convertido, con un dolor abrasador tomó la vida de su
hermana frente al demonio.
Logró salir con vida y volver al cielo.
En la presencia de mi padre juro lealtad eterna, ofreció su voto de silencio
como castigo por sus actos y a cambio de que al alma de su hermana se le
permitiera el descanso eterno. Mi Padre accedió, con el tiempo Abrahel se
convirtió en una especie de teléfono. Una línea directa con mi padre. Y como
regalo por su devoción mi padre le otorgó el don de la telepatía. La
comunicación por medio del habla directo en tu mente. También le fue concedido
el poder de la intuición, si hay peligro cerca sus cabellos cambian a un tono
rojizo y cuando libera su máximo poder, en medio de la lucha el blanco se
apodera de cada hebra. Si, un grupo de ángeles realmente especiales. Pero la
verdadera pregunta era, para que todo esto?
—
Peligros diferentes asecharan la tierra antes de que mis nietos aparezcan. El
mundo sobrenatural, las diferentes razas estarán en peligro. Tú misión Nigel es
mantenerlos seguros. No dirás nada, actuaran según el momento y la necesidad.
—
Entiendo Padre. Estaré listo cuando tú lo dispongas y partiremos de inmediato.
— Que así
sea hijo mío.
Un
remolino de aire nos envolvió levantando nuestros cuerpos de la posición sobre
el suelo. Elevados a unos centímetros nuestras alas se expandieron por voluntad
de nuestro padre.
— Un
pequeño obsequio mis amados hijos.
Un
destello impacto en el lugar. Las voces de los ángeles a mi espalda se elevaron
en un grito de dolor. Trate fervientemente de mirar sobre mi hombro. Cuando lo
logré vislumbre como sus alas blancas eran consumidas por las llamas. Cómo la
yesca seca que arde en verano, cuando se levanta entre hojas y un suelo árido.
Poco a poco la consumación crecía y los gritos también.
— Es tu
turno hijo, si tu voluntad se mantiene hasta el final el regalo del
conocimiento será tuyo.
Una mano
impacto sobre mi rostro. Mis ojos se agrandaron de inmediato. Mi mirada quedó
fija en la nada. Frente a mí un remolino multicolor abrió sus puertas y tras
pasarlas…no había nada. Un espacio en blanco me dio la bienvenida. Solo mi
figura desnuda adornaba el entorno. ¿ Qué pasó? ¿ Dónde estoy? Y como si
alguien hubiera escuchado las preguntas dichas en mi mente una gran puerta de
piedra caliza negra con un enorme árbol tallado apareció frente a mí. Solo
flotaba.
Me
acerqué reticente, dudando de todo y de nada a la vez. Era como si mi mente
hubiera sido borrada pero supiera exactamente lo que tenía que hacer. Apoye mi
mano sobre la helada piedra y empuje.
Los
engranajes sonaron en un ensordecedor chirrido. Demasiado tarde para dar marcha
atrás. Cuando las puertas estuvieron abiertas solo oscuridad vi del otro lado.
Me adentré está vez sin miedo. Si este era mi final lo aceptaba. Si era la
voluntad de mi padre que así fuera. Una sola imagen se coló en mi mente. Un
rostro. Oscuras cejas adornando unos impactantes ojos. Cabellos negros piel
canela. Una voz baja y ronca susurrando » Te amo» en mi oído. Mis
ojos se llenaron de lágrimas. Si había llegado el momento de partir no habría
despedidas. No habría un adiós. No escucharía un te veré más allá de la
eternidad. Me aferré a ese recuerdo y susurré su nombre.
<<
Colín, perdóname >>
El vacío
abrió sus brazos. Me sentí caer por demasiado tiempo. Sin poder soportarlo más abrí
mis ojos. Imágenes, imágenes del mundo tomaron forma entre una espesa
niebla.
La
historia de la humanidad, guerras, batallas, sangre, muertes.
Las
caídas de altos líderes.
La
manipulación del hombre.
El reino
de los cielos intercediendo.
El reino
de las tinieblas contrarrestando. Almas siendo torturadas y otras salvadas. Era
como ver un vídeo en Rewind sin detenerse, pero las imágenes se quedaban en mi
mente, eran absorbidas como una vitamina por mi cerebro. Llegue a la segunda
guerra celestial, donde los Nephilim fueron vencidos por las espadas de mis
hermanos Querubines.
El
castigo de los ángeles protectores de la humanidad, degradados a Ángeles
caídos.
Vi la
primera guerra celestial y a Baliel. Su expulsión del cielo a causa de su
ambición.
La tierra
cuando era pura.
Cuando el
Edén floreció.
Una nueva
imagen frente a mí. Un bebé siendo lanzado a las profundidades del
infierno.
¿Quién
era? La imagen fue sellada en mi subconsciente de inmediato, asombro,
incredulidad. ¿Cómo…fue posible?
Antes de
hacer más preguntas una luz cegadora brilló en el fondo. Tape mis ojos con el
antebrazo.
Cuando sentí
suelo bajo mis pies me apoye firmemente y levanté mis párpados. Un lugar
inmaculado. Un paisaje vivo, lleno de colores. El verde del prado. El azul del
cielo. El brillo del sol. Las flores adornaban el lugar como un jardín. Belleza
y perfección.
Unas
risas cálidas hicieron que desviará la mirada. Más allá, pasando bajo la sombra
de un gran árbol una imponente figura caminaba dándome la espalda. Vestido con
una prístina túnica roja que ondeaba con cada paso. Cabellos largos que caían
hasta su cintura, las hebras cristalinas brillaban con el reflejo del sol. Una
pequeña descansaba su cabeza sobre en enorme hombro del ser. Rodeaba su cuello
con unos pequeños e infantiles brazos. La niña llevaba una túnica negra y sus
manos no dejaban de acariciar esos cabellos brillantinos.
De la
mano que descansaba al lado del ser un niño de cabellos platinos y túnica
blanca se aferraba a uno de los dedos de la enorme mano. Caminaban sin ninguna
preocupación, admirando el paisaje, riendo. Bebí de la imagen frente a mí.
Una
sensación de calor invadió mi cuerpo.
—
Padre…
Sofoque
un jadeo cuando el inmenso ser volteo su mirada hacia mí. Un rostro pálido casi
traslúcido me sonrió.
Esos
ojos…dorados, como oro líquido me miraron con cariño. El dolor en mi espalda
se acrecentó hasta volverse insoportable. Fuego. Eran llamas ardientes quemando
el lugar donde mis alas reposaban.
Caí de rodillas tratando de tocar mi espalda, retorciéndome de dolor. Un dolor
que solo aumentaba y aumentaba. Una vorágine succiono mi cuerpo, todo el
paisaje despareció por completo y la sala del trono de mi padre tomo su
lugar.
Los
gritos a mi espalda habían desaparecido. Los ángeles respiraban con dificultad,
sus cuerpos estaban bañados en sudor y la ausencia de sus alas eran visibles al
igual que las mías.
— Tu voluntad
es fuerte hijo mío. Usa el conocimiento que te concedí con sabiduría. Cuando
estés listo, busca al…
Las
palabras fueron susurradas en mi mente. Sabía que debía hacer, cuál sería el
próximo paso y a quien debía acudir.
Nuestros
cuerpos fueron cubiertos por una esfera de cristal, como las que usan los
serafines es su sanación. Y mientras éramos arrojados a nuestro hogar, la
antesala al cielo, fijé mi vista en las nubes claras y blancas perdiendo el
sentido rememorando las imágenes y el nuevo don que mi padre me había regalado.
————————————————————————————————————–
7 días
pasamos en recuperación. Cuando me desperté estaba sobre mi cama con Colín
cuidando de mí. Una corta explicación fue todo lo que me dejó darle, pues en su
interior sospechaba cual había sido el motivo del llamado.
Ahora
estoy listo. En la salida de la antesala, con las rejas de entrada a mi espalda
y mi equipo listo cruzo los brazos sobre el pecho mirando hacia abajo.
Detrás de
mí la presencia de Abrahel, Shamsiel y Lysande me rodean.
A mí
señal extendemos nuestras nuevas alas. Después de pasar por el dolor de
perderlas unas hermosas alas brotaron. Platinas para los ángeles, como los
guerreros especiales que son. Y doradas para este servidor arcángel.
— Adónde
vamos Nigel? – pregunta Lysande con su voz cantarina –
Miro
sobre mi hombro y les sonrío.
—
Practiquen sus modales mis queridos Querubines. Visitaremos al Rey…de los
vampiros.
Años
atrás, el hecho de pisar éstas áridas tierras traía consigo gran honor y valía.
Un campamento de élite, dónde los mejores y más intrépidos guerreros eran
forjados con la crueldad y sabiduría de aquél cuyo nombre estremecía a los
hojas de acero, quién ocupaba lugar incluso en las casas más humildes y
olvidadas por la raza. No existía vampiro que no lo conociera. El bloodletter
era motivo de terror, de violencia, de caos y tosca seguridad.
¿Hoy?
Aquél reconocido guerrero había sido expulsado del seno del honor, sus crímenes
se acumularon, las brutales muestras de poder, de abuso. Sobrepasaron incluso
el código de bestias. ¿Acaso esto apaciguó el voraz y brutal apetito? Nay… de
ninguna manera, cómo fuego alimentándose de un amplio y reseco bosque. La ira
del sanguinario explotó.
<<
¿Acaso el honor va a salvarnos? >>
Aún
sentía las gélidas palabras del colosal macho estremeciendo su piel. El
Bloodletter repudiaba la compasión, castigaba la bondad, para él…. Cualquier
valía se demostraba en el campo de batalla, los lujos se reflejaban en méritos.
En hazañas, en el número de cabezas qué tu acero ha cobrado.
<<
Los Lessers son inmundas y vacías criaturas, letales amenazas qué deben ser
extirpadas y aniquiladas ¿Piensas qué el honor va conseguirlo? Tu maldita
ingenuidad es digno motivo de burla, bastardo >>
Cómo
veneno, escupía cada una de las palabras. La saliva salpicaba su rostro aún
joven, los colmillos eran inmensos, muchos más grandes a cualquiera qué alguna
vez hubiera visto. El rostro del Balthazar no podía hacer más qué mantenerse
sereno. Era un recién llegado.
<<En
la guerra, No eres nada salvo un trozo de carne, Fuiste despojado de tu cuna,
vendido por tu familia. Has sido arrojado a las fauces del Dhunhd… y lo único
qué va a salvarte…>>
Detuvo su
discurso, sonriendo con tinte siniestro. Oh… los azulados orbes lo estaban
leyendo de pies a cabeza, La poderosa palma se cerró en un puño con sus
cabellos en medio. Forzando a mantener su mentón en alto, en un gran ángulo.
<<
Eres listo, bastardo… Depende únicamente de tu fuerza, y créeme. Éste no es
ningún lugar dónde recibirás halagos ni patéticas palmadas en tu espalda. Voy
asegurarme qué tu transición sea dolorosa, probaré tu valía tantas veces hasta
dejarme satisfecho. Conocerás un dolor tan agudo qué implorarás que la VE
detenga tu corazón, el hambre quemará tus tripas, te retorcerás de frío, te
arrodillarás humillado, rozarás la muerte cada maldito día. Y sólo… si al final
de todo, estás vivo. Serás un digno guerrero>>
Hoy…
pertenecer al campamento del Bloodletter no involucraba más qué ridícula
cantidad de mala suerte, de malas decisiones, de malas relaciones
intrafamiliares. ¿Podía seguir alargando la lista? Por el Dhundh… por supuesto
que sí. La mayoría de los bastardos fueron abandonados, vendidos por sus sires
a cambio de servicios, para saldar deudas y asegurar sus cabezas…
(…)
Cada una
de las palabras del Bloodletter fueron ridículamente ciertas. La primera semana
había sido despojado de sus ropas, arrojado en medio una gélida noche de
invierno junto a otro par de pretrans. Completamente desnudos y desarmados,
sólo con la ventaja de aquél debilucho pero pequeño cuerpo.
<<Roben>>
habían
sido las cortas instrucciones de su sire.
<<Roben,
y despídanse de sus cabezas si llegan a ser descubiertos>>
y así
había sido… Con sus manos, el mismísimo Bloodletter se encargó de cumplir las
amenazas al más pequeño de la camada, quién en su torpeza, con el frío
entumeciendo sus músculos tropezó en medio del establo. Descubierto por el
temible macho qué pasó la noche patrullando, cazándolos. Luciendo la cabeza al
día siguiente cómo trofeo y advertencia.
Durante casi tres meses, el par de pretrans sobrevivieron a base de hurtos, y
no sólo en el campamento, pasaban noches resguardados en cuevas en lo que
acechaban a los humanos, buscando apropiarse de cualquier objeto que les
asegurará su supervivencia. No podían dejar huella ni rastro alguno… de ser
así, un trágico final los aguardaba… hasta qué, por primera vez desde qué había
llegado, el Bloodletter los llamó… lo que adornaba el centro de la mesa era un
gran jabalí, una jarra cargada con vino… el delicioso olor a carne puso a
gruñir ambos estómagos. ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaron de una comida
caliente? A base de vegetales, a base frutos del bosque, de pequeñas alimañas
qué podían adquirir.
<<Sírvanse
si ese es su deseo >> Los más jóvenes abrieron los orbes cómo platos,
aquello era algo que jamás se hubieran esperado del temible sanguinario ¿Un
premio tal vez? Por haber llegado tan lejos…
<<Hasta
ahora, han aprendido a valerse de la fuerza de otros… es momento qué empiecen a
forjar algo propio… en 20 minutos estaré de regreso. No me hagan perder el
tiempo>>
el
imponente macho desapareció. Silvain, su compañero fue el primero en acortar la
distancia entre él y la suculenta carne. Estirando los dedos para así alcanzar
una robusta y apetitosa porción.
Balthazar
cerró el puño alrededor de su muñeca, impidiendo qué continuara.
– No lo
comas-
Silvain
entrecerró los ojos, arrancando el brazo del contacto del macho.
-¿Por
qué?- con los hombros hundidos, el bastardo desvió la mirada. –Hace meses qué
no comemos algo decente ¿Por qué rechazaríamos la ofrenda de nuestro Sire?
– Estamos
bien Silvain. –
-Balthazar,
el Sanguinario fue claro. Si le hacemos perder el tiempo nos arrancará el
corazón y nos alimentará con el… No sabemos lo que nos esperara… ¿Bajo qué
lógica no es bueno recuperar las fuerzas? –
-Nos
mantendremos conscientes, Silvain-
-Muérete
de hambre Balthazar. Ese es tu problema-
Bajo esa
lógica, no había nada qué pudiera hacer. Alzó las manos al aire en clara señal
de rendición… Con la espalda recostada contra el grueso e irregular muro, dejó
caer su cuerpo doblando la rodilla para apoyar el brazo…. Joder, ¿A éstas
alturas? Disfrutaba inmensamente el calor de tal robusta edificación. Los
oscuros ojos del bastardo se cerraron… Descasarlos durante 10 minutos no lo
mataría… ¿Verdad?
Desde
dónde estaba, podía oír cómo Silvain se atragantaba con la comida, comiendo
tanto cómo podía. Sin respirar siquiera, por cinco minutos tal vez. El tiempo
corría tan jodidamente lento para él…. Su estómago rugió al menos un par de
veces en lo que forzaba a sus ojos a mantenerse cerrados. Aquel festín no era
algo que deseaba ver.
– ¿Lo ves
Balthazar?- exclamó con la boca repleta, dificultando las palabras. Sirviéndose
una copa de vino. Tanta comida necesitaba un empuje – Esto está delicioso… por
el Dhunhd. Realmente no entiendo por qué estás ahí… tal vez… Silvain tenía
razón… entrecerrando los ojos con cierto recelo. El bastardo se puso de pie…
aceptando la copa de vino qué le tendían.
– Brinda
conmigo-
– ¿Qué
sentido tiene?-
Por el
siguiente latido, Silvain cargó otra copa de acero.
– Por
estar vivos. –
Silvain
tenía el cabello oscuro, enmarañado de mugre, su piel levemente bronceada junto
un par de envolventes y amplios ojos ámbar. Sus mejillas se ahuecaban, claro indicio
de desnutrición… el barro manchaba sus mejillas… ¿Cómo será que se vería él?
Cuándo la
copa fue tendida, el bastardo no tuvo más remedio qué imitarlo. El chasquido
del metal sacudió el espeso líquido. Ambos vertieron por completo en contenido,
deslizándose en un solo y amplio trago.
– Uff… es
exactamente lo que necesitaba –
y justo
allí. La visión del bastardo se nubló… la sangre emergía con grotesca fluidez
de cada orificio qué Silvain pudiera tener… ojos, nariz, boca… ¿orejas?
Ahogándose con su propia vitalidad, el vampiro cayó de rodillas, con los dedos
extendidos hacia su dirección…
–
Ayu…yu…-
Sin
siquiera terminar, Balthazar alcazó a sostener su inerte cuerpo antes que éste
impactara contra el suelo, la frialdad rápidamente lo ocupó, ya no quedaba
rastro alguno del bronceado que minutos atrás portaba… las ojeras se
intensificaron en penetrantes tonos violetas… los latidos ralentizaban.
Los
aplausos del Bloodletter lograron captar su atención, Balthazar elevó la
mirada. Fijas en aquellos despiadados orbes azules.
<<Esperé
encontrar dos cadáveres>>
El
imponente macho cortó la distancia entre ellos, y de una patada. Estrelló el
cuerpo de Balthazar contra el suelo. Arrancándolo del cuerpo de Silvain.
Las
suelas de las pesadas botas cayeron cómo plomo sobre el pecho del caído,
torciéndolo después de inclinarse lo suficiente para inspeccionarlo, rodando
tres veces, estacionándose justo frente a Balthazar.
<<
Aún está vivo >>
Allí, una
el filo de un de una gastada daga rebotó entre ellos. Los orbes de Balthazar se
ampliaron.
Por el Fade…
El Bloodletter tenía los ojos más fríos que hubiera visto. Una mirada
intimidante. Aún más filosa qué la daga que portaba. De cuclillas frente a él.
La verdadera imagen de un depredador se forjó en la mente del pre-trans. Una
sonrisa burlona, su porte tan relajado…
<<
Acabalo por mí. Bastardo>>
y por
supuesto qué no era ninguna amena petición.
“Acábalo
o lo haré con ambos”
Por
primera vez, Balthazar sostuvo una daga. Le fue imposible ocultar los leves
temblores en sus dedos, una unión frágil debido al sudor… aun así…. Su corte
fue limpio. La hoja penetró con verdadera facilidad la garganta del vampiro,
clavándose contra el suelo. Una y otra vez….
El
Bloodletter no era el único sonriendo en ese momento.
(…)
Sólo
después qué sus manos conocieran la calidez de la sangre, fue adiestrado en la
cacería. En este retorcido mundo, eso implicaba ser promovido. Era un poco más
que aquel insignificante y debilucho ladronzuelo. Sin otro pretrans en el
campamento, Balthazar formó parte de las patrullas: Todas las noches debía
traer un animal de gran tamaño, lo suficiente para alimentar a la banda de
fornidos y grandes guerreros.
¿Debía
especificar qué era el único en su equipo? Por supuesto que no. No existía el
trabajo en equipo en éste lugar…
El
crujido de las hojas captó su atención. Con el sigilo de un ladrón y la fuerza
de un depredador. El bastardo que estaba en la cima de un árbol afiló la
mirada, hundiéndose y preparando su cuerpo para saltar… Había puesto un
señuelo y afortunadamente un colosal pero solitario oso pardo se acercaba a él.
Balthazar
no pudo evitar sonreír. Con esto… no sólo tendría alimento por el próximo par
de días, sino un grueso y cómodo abrigo qué lo mantendría caliente por los
días.
Más…
Inquieto, el cuerpo de Balthazar acortó la distancia, deslizándose a lo largo
de una delgada pero aun así resistente rama. Tratando de minimizar y camuflar
el sonido de las hojas con el danzar del viento… con la respiración tan suave y
lenta…
“Eres
mío”
y cómo si
el omega lo hubiera escuchado. El crujir de la rama fue verdadera sorpresa. Los
oscuros ojos del bastardo se ampliaron cuando ésta finalmente cedió… Cayendo al
suelo. De pie al menos…
¿Tenía
que explicar que tenía un colosal oso pardo con más de tres metros de altura
enseñándoles las garras y los colmillos?
El rugido
del animal puso a los pájaros a volar.
-Esto no
es lo que planeé- murmuró, enseñando su pequeña daga….
-A menos
que puedas alargarte tres metros milagrosamente. Estamos jodidos –
Y con un
gesto despreocupado. Balthazar se abalanzó contra el animal. Clavando de lleno
la daga… y por la mierda, El animal ni siquiera parecía estar consciente de
ello. Una vez, dos veces… hijo de puta…
Su única
oportunidad era atacarlo en sus puntos vitales y por el Fade qué lo intentó….
Para su desgracia, antes qué pudiera trepar el árbol de vuelta. La pesada garra
lo tumbó al suelo. Rasgando no sólo su ropa, sino abriendo una brutal herida a
lo largo de su pecho.
Dolía.
Bufó
divertido, entre quejidos y maldiciones. Tenía más de 300 kg sobre su cuerpo,
era una maldito milagro qué sus huesos no se quebraran… ¿O sí?
– Bien…
¿Puedes hacerme el fa…-
Lo que
sacudió sus cabellos no fue exactamente el viento, Balthazar cerró la boca en
cuando el arma se clavó con precisión demoniaca entre los ojos del animal.
Atravesando su cráneo… ¿Había dicho qué tenía 300kg?
Quedó sin
aliento cuándo el animal impactó de lleno contra él…. Bien, una muerte por
asfixia tampoco llamaba su atención… completamente rojo. El bastardo se
arrastró cómo pudo, recuperando el aliento con violencia antes de observar a la
bestia caída con los ojos llorosos…
La
empuñadura era algo qué no podría ignorar, el símbolo del Bloodletter lucía
orgullosa sobre ella… Balthazar se giró. Buscando entre la oscuridad… más, la
presencia del sanguinario no estaba…
Estaba
seguro qué se encontraba solo.
Balthazar
parpadeó, confundido.
Su sire
obraba de maneras extrañas…
Con un
sistema de poleas, había conseguido arrastrar al animal hasta el campamento,
tirando de un gastado pero aún funcional carruaje de rústica madera y metal
oxidado, las ruedas toscas y nada más clavos y tiras de cuero mantenían la
estructura, el sudor corría con fluidez de aquel mugroso rostro. La pérdida de
sangre nublaba su vista, dificultando su respiración ¿Cuántas horas habían
transcurrido? Tres tal vez, Una maldita eternidad cuándo cada vez la noche se
hacía más corta.
Lleno de
contratiempos, Balthazar alcanzó finalmente su destino, el lugar qué
retorcidamente se había vuelto su hogar y lo primero que vio fue una gran hoguera…
los preparativos estaba listos.
Y si llegaba un minuto más tarde, probablemente él sería a quién carbonizara
las brasas.
(…)
<<Muéstrame
tus manos>>
Fueron
las palabras del Bloodletter. Balthazar tendió ambas. Luego de cuatro meses en
el campamento, la piel se transformó, una superficie irregular y callosa.
“Justo
cómo debe ser”
La
sonrisa del Bloodletter se amplió. Sus brazos adquirieron volumen y forma, los
músculos del pretrans, todavía lejos de alcanzar a un macho adulto, eran justo
lo que necesitaba. Ya las señales de desnutrición desaparecieron por completo
de su cuerpo. Desde qué aprendió a cazar, el alimento no era razón de
preocupación. Cómo si el mero contacto ardiera, el Sanguinario arrancó sus
manos, dándole la espalda antes de alargar la distancia entre ellos en grandes
pasos…
Los
oscuros ojos del más joven de los vampiros se entornaron hacia su dirección. No
hacía falta qué su Sire dijera algo. Balthazar ya lo estaba siguiendo.
Una
rústica forja lucía en el centro de la habitación, rodeado de una amplia
variedad de armas, algunas aún con sangre fresca impregnada al filo. El lugar
apestaba a lesser. Dagas, espadas, hachas, escudos. Robustas armaduras, piezas
de cuero y de acero. Los ojos de Balthazar fueron incapaces de resistir la curiosidad,
vagando por el lugar de pared a pared. Una y otra vez. Lo que estaba aquí
superaba ampliamente la pequeña cuchilla, ya sin filo, qué le había dado.
<<
Tus manos maltrechas… eso demuestra que eres capaz de combatir. Escoge tu arma
con calma, bastardo. Es lo único que mantendrá tu corazón latiendo. En un
futuro, si es qué aún no te transformas en polvo, quedará en tus manos
forjarlas >>
No tardó en hacerlo. Los dedos del pretrans se alargaron, alcanzando el
resistente mango. Un hacha doble. El acero macizo en definitiva pesaba. El
Bloodletter no emitió comentario alguno sobre su decisión.
<<Tienes
dos noches para familiarizarte con ella>>
Ya se
estaba marchando cuando su gruesa voz retumbó en la habitación.
<<
Estamos escasos de leña, tala y consíguenos comida. >>
(…)
La fatiga
en más de una ocasión nubló la vista del pretrans. Sin un maestro, manipular el
arma se volvió pesado. La maldita parecía obrar con vida, resistiéndose
completamente. Los primeros árboles se hicieron esperar malditas eternidades a
perspectiva de Balthazar.
– No son
tan gruesos cuándo los necesito – maldijo en voz baja, recordando el último
accidente qué había tenido. El filo caía con fuerza sobre la corteza. Una y
otra vez. El sudor se formaba, los músculos en sus hombros parecían arder. Cada
brazada implicaba un gruñido ronco. En lo que terminaba. Balthazar pudo
asegurar que en ningún momento del día había aflojado la expresión.
Ya en el
quinto, pudo apreciar cierta fluidez. A un ritmo extremadamente lento a su
gusto. Había variado la posición de sus manos tantas veces hasta encontrar el
punto dónde se sentía más cómodo con ella. Dónde difícilmente se corría a causa
del sudor… afiló las hojas cuándo terminó… el suave fluir del agua captó su
atención ¿Cuándo había sido la última vez que tomó un baño con calma? Los meses
en el campamento se reducían a constante presión. Dormir con los ojos abiertos,
expectantes a la mínima señal de peligro, animales salvajes o frustrados
vampiros… en su condición de pretrans, y sin otros en el campamento, Balthazar
no participaba en el coliseo, cómo el Bloodletter lo llamaba, aquel campo de
entrenamiento dónde los vampiros adultos competían, noche tras noche. Batallas
brutales qué apenas había sido capaz de observar de reojo, cada vez qué se
encontraba con los guerreros. Nuevas heridas adornaban sus cuerpos. Había visto
cómo algunos eran amarrados, gruesos grilletes envueltos en los tobillos y
muñecas. De rodillas, con la cabeza enterrada en el barro, dificultando aún más
la respiración, el menor de sus problemas con tantos machos en fila para
poseerlo. El hedor a fresca sangre aún picaba la nariz del pretrans.
-No es mi
problema- aún.
Murmuró
para sí mismo, alzando su cuerpo. Desvistiéndose con lentitud desesperante…cada
movimiento implicaba una larga serie de gruñidos por parte del bastardo, los
músculos se estiraban en agudos picos de dolor. Tanto qué con la vista se
aseguró qué no los tuviera los huesos rotos. La respiración del pretrans se
agitó, los latidos desenfrenados azotaban su pecho, amenazando con quebrar sus
costillas en un mero descuido…
– Por el
Fade… – maldijo entre dientes, balanceando su cuerpo de manera tosca y rígida,
las ramas cedían ante el peso del vampiro qué no podía enfocar siquiera la
vista, menos aún evitar la los obstáculos del irregular terreno.
– ¡Lo
siento Sire! Saldré inmediatamente de su vista.-
Parpadeó
ligeramente confundido cuándo aquel agudo chirrido lo alcanzó. Una hembra
estaba frente a él… y a juzgar por su apariencia descuidada y los orbes
expandidos en puro terror. Ella estaba sufriendo… un delicioso aroma emanaba de
ella… una esencia tan oscura y embriagante cómo afrodisiacos.
La polla
de Balthazar dio un brinco y maldita sea, la garganta se contraía en violetas
palpitaciones. Un hambre voraz explotó con ímpetu, rasgando su núcleo, por
primera vez, Los colmillos fueron desenfundados hincando sus labios, el sabor
de su sangre no fue más que leña para el incendio que carcomía su cuerpo…
Ninguna
hembra lo había llamado sire hasta ahora… éstas ni siquiera se volteaban a
mirarlo.
El rugido
qué estalló no le pertenecía. Tan ronco, grave, feroz…
Sea lo
que sea qué la hembra portaba, cayó de lleno al suelo, desparramándose mientras
ésta salía disparada en dirección contraria al bastardo. Chillidos y jadeos qué
no logró descifrar se atascaban en la garganta de la hembra, jadeos y la
picazón de sal en su nariz…
Sus pies,
por instinto, la siguieron. En atroz lujuria, El bastardo no tardó en
alcanzarla… Ella era tan lenta y torpe, tanto qué había tropezado.
Arrastrándose inútilmente por el suelo.
– Por
favor –
llegó a
escuchar, no podía verlas pero las lágrimas caían con fluidez de sus ojos…
las manos del vampiro estaban lejos de hacerlo. La tela qué la cubría fue
rasgada sin contratiempos. Ella se resistía: pateando, revoloteando sus brazos
cómo si esto pudiese salvarla. Gritos qué desgarrarían la joven y desafortunada
garganta… ruegos piedad y alaridos qué no influenciarían en los actos del
bastardo.
<<Grita
cuánto quieras>>
¿En qué
momento su voz se tornó tan gruesa? Las enseñanzas del Bloodletter se
impregnaron en sus sentidos.
<<Vas
a servirme>>
la
mandíbula del vampiro se cerró con fuerza sobre la delicada pero sucia piel.
Clavándose en la nuca de la hembra, cuya oposición aumentó. Pudo sentir la
fricción entre los huesos y sus dientes. Más nada podía detener las brutales
succiones. El líquido aliviaba la sed, calmando el dolor en cada contracción
qué atormentaba su cuerpo. La hembra jadeó. Entre más dolor qué placer… pero…
las manos
del vampiro buscaron su núcleo. Húmedo. Caliente…. Por la mierda…. Ella estaba
jodidamente hirviendo, incitándolo.
El sol
empezó a embullar su piel. Tan cerca cómo el amanecer estaba. Lo qué pausó sus
acciones, fue lo que llaman supervivencia. Sus manos se envolvieron con
brutalidad en los cabellos oscuros de la hembra, a quien, en un principio,
arrastró por el bosque…
– Eres
tan condenadamente lenta – gruñó. La sangre fresca corría de la comisura de sus
labios… lo qué lo refugiaría del día era la cueva a no más 50 metros de él, un
espacio húmedo. Frío. Dónde el agua de la cascada salpicaba. Apenas lo
suficientemente grande para tenerlos a ambos.
Justo a
tiempo, ambos vampiros alcanzaron el refugio. Balthazar arrojó en primer lugar
a la hembra, quien cayó de espaldas a él… El volumen creciente en su cuerpo
dificultó la tarea. Pero maldita mierda. Él no era más que un tifón de caos, de
dolor, de placer.
Más
tarde, ese día… el bastardo tendría entre sus brazos un cadáver maltrecho, frío
e inerte. Las marcas de sus colmillos exhibirían la brutalidad con la que fue
montada. Mordiscos qué expondrán los huesos, carne y desgarrados músculos. Los
ojos del bastardo se abrirán confundidos, ardiendo debido a los rayos
filtrados. Tendido de lado…
los
cabellos de la hembra estarían revueltos, en primer plano todas aquellas
aberraciones qué había cometido, cortados pantallazos azotarán sus recuerdos…
alargará los dedos, acomodando cínicamente los cabellos, cerrando los parpados
desorbitados.
– Nadie
estará feliz con tu suerte- murmuró antes de girarse, dándole la espalda
perezosamente y volver a dormir.
ntiguo País
Año 1736
en adelante.
Años
atrás, el hecho de pisar éstas áridas tierras traía consigo gran honor y valía.
Un campamento de élite, dónde los mejores y más intrépidos guerreros eran
forjados con la crueldad y sabiduría de aquél cuyo nombre estremecía a los
hojas de acero, quién ocupaba lugar incluso en las casas más humildes y
olvidadas por la raza. No existía vampiro que no lo conociera. El bloodletter
era motivo de terror, de violencia, de caos y tosca seguridad.
¿Hoy?
Aquél reconocido guerrero había sido expulsado del seno del honor, sus crímenes
se acumularon, las brutales muestras de poder, de abuso. Sobrepasaron incluso
el código de bestias. ¿Acaso esto apaciguó el voraz y brutal apetito? Nay… de
ninguna manera, cómo fuego alimentándose de un amplio y reseco bosque. La ira
del sanguinario explotó.
<<
¿Acaso el honor va a salvarnos? >>
Aún
sentía las gélidas palabras del colosal macho estremeciendo su piel. El
Bloodletter repudiaba la compasión, castigaba la bondad, para él…. Cualquier
valía se demostraba en el campo de batalla, los lujos se reflejaban en méritos.
En hazañas, en el número de cabezas qué tu acero ha cobrado.
<<
Los Lessers son inmundas y vacías criaturas, letales amenazas qué deben ser
extirpadas y aniquiladas ¿Piensas qué el honor va conseguirlo? Tu maldita
ingenuidad es digno motivo de burla, bastardo >>
Cómo
veneno, escupía cada una de las palabras. La saliva salpicaba su rostro aún
joven, los colmillos eran inmensos, muchos más grandes a cualquiera qué alguna
vez hubiera visto. El rostro del Balthazar no podía hacer más qué mantenerse
sereno. Era un recién llegado.
<<En
la guerra, No eres nada salvo un trozo de carne, Fuiste despojado de tu cuna,
vendido por tu familia. Has sido arrojado a las fauces del Dhunhd… y lo único
qué va a salvarte…>>
Detuvo su
discurso, sonriendo con tinte siniestro. Oh… los azulados orbes lo estaban
leyendo de pies a cabeza, La poderosa palma se cerró en un puño con sus
cabellos en medio. Forzando a mantener su mentón en alto, en un gran ángulo.
<<
Eres listo, bastardo… Depende únicamente de tu fuerza, y créeme. Éste no es
ningún lugar dónde recibirás halagos ni patéticas palmadas en tu espalda. Voy
asegurarme qué tu transición sea dolorosa, probaré tu valía tantas veces hasta
dejarme satisfecho. Conocerás un dolor tan agudo qué implorarás que la VE
detenga tu corazón, el hambre quemará tus tripas, te retorcerás de frío, te
arrodillarás humillado, rozarás la muerte cada maldito día. Y sólo… si al final
de todo, estás vivo. Serás un digno guerrero>>
Hoy…
pertenecer al campamento del Bloodletter no involucraba más qué ridícula
cantidad de mala suerte, de malas decisiones, de malas relaciones
intrafamiliares. ¿Podía seguir alargando la lista? Por el Dhundh… por supuesto
que sí. La mayoría de los bastardos fueron abandonados, vendidos por sus sires
a cambio de servicios, para saldar deudas y asegurar sus cabezas…
(…)
Cada una
de las palabras del Bloodletter fueron ridículamente ciertas. La primera semana
había sido despojado de sus ropas, arrojado en medio una gélida noche de
invierno junto a otro par de pretrans. Completamente desnudos y desarmados,
sólo con la ventaja de aquél debilucho pero pequeño cuerpo.
<<Roben>>
habían
sido las cortas instrucciones de su sire.
<<Roben,
y despídanse de sus cabezas si llegan a ser descubiertos>>
y así
había sido… Con sus manos, el mismísimo Bloodletter se encargó de cumplir las
amenazas al más pequeño de la camada, quién en su torpeza, con el frío
entumeciendo sus músculos tropezó en medio del establo. Descubierto por el
temible macho qué pasó la noche patrullando, cazándolos. Luciendo la cabeza al
día siguiente cómo trofeo y advertencia.
Durante casi tres meses, el par de pretrans sobrevivieron a base de hurtos, y
no sólo en el campamento, pasaban noches resguardados en cuevas en lo que
acechaban a los humanos, buscando apropiarse de cualquier objeto que les
asegurará su supervivencia. No podían dejar huella ni rastro alguno… de ser
así, un trágico final los aguardaba… hasta qué, por primera vez desde qué había
llegado, el Bloodletter los llamó… lo que adornaba el centro de la mesa era un
gran jabalí, una jarra cargada con vino… el delicioso olor a carne puso a
gruñir ambos estómagos. ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaron de una comida
caliente? A base de vegetales, a base frutos del bosque, de pequeñas alimañas
qué podían adquirir.
<<Sírvanse
si ese es su deseo >> Los más jóvenes abrieron los orbes cómo platos,
aquello era algo que jamás se hubieran esperado del temible sanguinario ¿Un
premio tal vez? Por haber llegado tan lejos…
<<Hasta
ahora, han aprendido a valerse de la fuerza de otros… es momento qué empiecen a
forjar algo propio… en 20 minutos estaré de regreso. No me hagan perder el
tiempo>>
el
imponente macho desapareció. Silvain, su compañero fue el primero en acortar la
distancia entre él y la suculenta carne. Estirando los dedos para así alcanzar
una robusta y apetitosa porción.
Balthazar
cerró el puño alrededor de su muñeca, impidiendo qué continuara.
– No lo
comas-
Silvain
entrecerró los ojos, arrancando el brazo del contacto del macho.
-¿Por
qué?- con los hombros hundidos, el bastardo desvió la mirada. –Hace meses qué
no comemos algo decente ¿Por qué rechazaríamos la ofrenda de nuestro Sire?
– Estamos
bien Silvain. –
-Balthazar,
el Sanguinario fue claro. Si le hacemos perder el tiempo nos arrancará el
corazón y nos alimentará con el… No sabemos lo que nos esperara… ¿Bajo qué
lógica no es bueno recuperar las fuerzas? –
-Nos
mantendremos conscientes, Silvain-
-Muérete
de hambre Balthazar. Ese es tu problema-
Bajo esa
lógica, no había nada qué pudiera hacer. Alzó las manos al aire en clara señal
de rendición… Con la espalda recostada contra el grueso e irregular muro, dejó
caer su cuerpo doblando la rodilla para apoyar el brazo…. Joder, ¿A éstas
alturas? Disfrutaba inmensamente el calor de tal robusta edificación. Los
oscuros ojos del bastardo se cerraron… Descasarlos durante 10 minutos no lo
mataría… ¿Verdad?
Desde
dónde estaba, podía oír cómo Silvain se atragantaba con la comida, comiendo
tanto cómo podía. Sin respirar siquiera, por cinco minutos tal vez. El tiempo
corría tan jodidamente lento para él…. Su estómago rugió al menos un par de
veces en lo que forzaba a sus ojos a mantenerse cerrados. Aquel festín no era
algo que deseaba ver.
– ¿Lo ves
Balthazar?- exclamó con la boca repleta, dificultando las palabras. Sirviéndose
una copa de vino. Tanta comida necesitaba un empuje – Esto está delicioso… por
el Dhunhd. Realmente no entiendo por qué estás ahí… tal vez… Silvain tenía
razón… entrecerrando los ojos con cierto recelo. El bastardo se puso de pie…
aceptando la copa de vino qué le tendían.
– Brinda
conmigo-
– ¿Qué
sentido tiene?-
Por el
siguiente latido, Silvain cargó otra copa de acero.
– Por
estar vivos. –
Silvain
tenía el cabello oscuro, enmarañado de mugre, su piel levemente bronceada junto
un par de envolventes y amplios ojos ámbar. Sus mejillas se ahuecaban, claro indicio
de desnutrición… el barro manchaba sus mejillas… ¿Cómo será que se vería él?
Cuándo la
copa fue tendida, el bastardo no tuvo más remedio qué imitarlo. El chasquido
del metal sacudió el espeso líquido. Ambos vertieron por completo en contenido,
deslizándose en un solo y amplio trago.
– Uff… es
exactamente lo que necesitaba –
y justo
allí. La visión del bastardo se nubló… la sangre emergía con grotesca fluidez
de cada orificio qué Silvain pudiera tener… ojos, nariz, boca… ¿orejas?
Ahogándose con su propia vitalidad, el vampiro cayó de rodillas, con los dedos
extendidos hacia su dirección…
–
Ayu…yu…-
Sin
siquiera terminar, Balthazar alcazó a sostener su inerte cuerpo antes que éste
impactara contra el suelo, la frialdad rápidamente lo ocupó, ya no quedaba
rastro alguno del bronceado que minutos atrás portaba… las ojeras se
intensificaron en penetrantes tonos violetas… los latidos ralentizaban.
Los
aplausos del Bloodletter lograron captar su atención, Balthazar elevó la
mirada. Fijas en aquellos despiadados orbes azules.
<<Esperé
encontrar dos cadáveres>>
El
imponente macho cortó la distancia entre ellos, y de una patada. Estrelló el
cuerpo de Balthazar contra el suelo. Arrancándolo del cuerpo de Silvain.
Las
suelas de las pesadas botas cayeron cómo plomo sobre el pecho del caído,
torciéndolo después de inclinarse lo suficiente para inspeccionarlo, rodando
tres veces, estacionándose justo frente a Balthazar.
<<
Aún está vivo >>
Allí, una
el filo de un de una gastada daga rebotó entre ellos. Los orbes de Balthazar se
ampliaron.
Por el Fade…
El Bloodletter tenía los ojos más fríos que hubiera visto. Una mirada
intimidante. Aún más filosa qué la daga que portaba. De cuclillas frente a él.
La verdadera imagen de un depredador se forjó en la mente del pre-trans. Una
sonrisa burlona, su porte tan relajado…
<<
Acabalo por mí. Bastardo>>
y por
supuesto qué no era ninguna amena petición.
“Acábalo
o lo haré con ambos”
Por
primera vez, Balthazar sostuvo una daga. Le fue imposible ocultar los leves
temblores en sus dedos, una unión frágil debido al sudor… aun así…. Su corte
fue limpio. La hoja penetró con verdadera facilidad la garganta del vampiro,
clavándose contra el suelo. Una y otra vez….
El
Bloodletter no era el único sonriendo en ese momento.
(…)
Sólo
después qué sus manos conocieran la calidez de la sangre, fue adiestrado en la
cacería. En este retorcido mundo, eso implicaba ser promovido. Era un poco más
que aquel insignificante y debilucho ladronzuelo. Sin otro pretrans en el
campamento, Balthazar formó parte de las patrullas: Todas las noches debía
traer un animal de gran tamaño, lo suficiente para alimentar a la banda de
fornidos y grandes guerreros.
¿Debía
especificar qué era el único en su equipo? Por supuesto que no. No existía el
trabajo en equipo en éste lugar…
El
crujido de las hojas captó su atención. Con el sigilo de un ladrón y la fuerza
de un depredador. El bastardo que estaba en la cima de un árbol afiló la
mirada, hundiéndose y preparando su cuerpo para saltar… Había puesto un
señuelo y afortunadamente un colosal pero solitario oso pardo se acercaba a él.
Balthazar
no pudo evitar sonreír. Con esto… no sólo tendría alimento por el próximo par
de días, sino un grueso y cómodo abrigo qué lo mantendría caliente por los
días.
Más…
Inquieto, el cuerpo de Balthazar acortó la distancia, deslizándose a lo largo
de una delgada pero aun así resistente rama. Tratando de minimizar y camuflar
el sonido de las hojas con el danzar del viento… con la respiración tan suave y
lenta…
“Eres
mío”
y cómo si
el omega lo hubiera escuchado. El crujir de la rama fue verdadera sorpresa. Los
oscuros ojos del bastardo se ampliaron cuando ésta finalmente cedió… Cayendo al
suelo. De pie al menos…
¿Tenía
que explicar que tenía un colosal oso pardo con más de tres metros de altura
enseñándoles las garras y los colmillos?
El rugido
del animal puso a los pájaros a volar.
-Esto no
es lo que planeé- murmuró, enseñando su pequeña daga….
-A menos
que puedas alargarte tres metros milagrosamente. Estamos jodidos –
Y con un
gesto despreocupado. Balthazar se abalanzó contra el animal. Clavando de lleno
la daga… y por la mierda, El animal ni siquiera parecía estar consciente de
ello. Una vez, dos veces… hijo de puta…
Su única
oportunidad era atacarlo en sus puntos vitales y por el Fade qué lo intentó….
Para su desgracia, antes qué pudiera trepar el árbol de vuelta. La pesada garra
lo tumbó al suelo. Rasgando no sólo su ropa, sino abriendo una brutal herida a
lo largo de su pecho.
Dolía.
Bufó
divertido, entre quejidos y maldiciones. Tenía más de 300 kg sobre su cuerpo,
era una maldito milagro qué sus huesos no se quebraran… ¿O sí?
– Bien…
¿Puedes hacerme el fa…-
Lo que
sacudió sus cabellos no fue exactamente el viento, Balthazar cerró la boca en
cuando el arma se clavó con precisión demoniaca entre los ojos del animal.
Atravesando su cráneo… ¿Había dicho qué tenía 300kg?
Quedó sin
aliento cuándo el animal impactó de lleno contra él…. Bien, una muerte por
asfixia tampoco llamaba su atención… completamente rojo. El bastardo se
arrastró cómo pudo, recuperando el aliento con violencia antes de observar a la
bestia caída con los ojos llorosos…
La
empuñadura era algo qué no podría ignorar, el símbolo del Bloodletter lucía
orgullosa sobre ella… Balthazar se giró. Buscando entre la oscuridad… más, la
presencia del sanguinario no estaba…
Estaba
seguro qué se encontraba solo.
Balthazar
parpadeó, confundido.
Su sire
obraba de maneras extrañas…
Con un
sistema de poleas, había conseguido arrastrar al animal hasta el campamento,
tirando de un gastado pero aún funcional carruaje de rústica madera y metal
oxidado, las ruedas toscas y nada más clavos y tiras de cuero mantenían la
estructura, el sudor corría con fluidez de aquel mugroso rostro. La pérdida de
sangre nublaba su vista, dificultando su respiración ¿Cuántas horas habían
transcurrido? Tres tal vez, Una maldita eternidad cuándo cada vez la noche se
hacía más corta.
Lleno de
contratiempos, Balthazar alcanzó finalmente su destino, el lugar qué
retorcidamente se había vuelto su hogar y lo primero que vio fue una gran hoguera…
los preparativos estaba listos.
Y si llegaba un minuto más tarde, probablemente él sería a quién carbonizara
las brasas.
(…)
<<Muéstrame
tus manos>>
Fueron
las palabras del Bloodletter. Balthazar tendió ambas. Luego de cuatro meses en
el campamento, la piel se transformó, una superficie irregular y callosa.
“Justo
cómo debe ser”
La
sonrisa del Bloodletter se amplió. Sus brazos adquirieron volumen y forma, los
músculos del pretrans, todavía lejos de alcanzar a un macho adulto, eran justo
lo que necesitaba. Ya las señales de desnutrición desaparecieron por completo
de su cuerpo. Desde qué aprendió a cazar, el alimento no era razón de
preocupación. Cómo si el mero contacto ardiera, el Sanguinario arrancó sus
manos, dándole la espalda antes de alargar la distancia entre ellos en grandes
pasos…
Los
oscuros ojos del más joven de los vampiros se entornaron hacia su dirección. No
hacía falta qué su Sire dijera algo. Balthazar ya lo estaba siguiendo.
Una
rústica forja lucía en el centro de la habitación, rodeado de una amplia
variedad de armas, algunas aún con sangre fresca impregnada al filo. El lugar
apestaba a lesser. Dagas, espadas, hachas, escudos. Robustas armaduras, piezas
de cuero y de acero. Los ojos de Balthazar fueron incapaces de resistir la curiosidad,
vagando por el lugar de pared a pared. Una y otra vez. Lo que estaba aquí
superaba ampliamente la pequeña cuchilla, ya sin filo, qué le había dado.
<<
Tus manos maltrechas… eso demuestra que eres capaz de combatir. Escoge tu arma
con calma, bastardo. Es lo único que mantendrá tu corazón latiendo. En un
futuro, si es qué aún no te transformas en polvo, quedará en tus manos
forjarlas >>
No tardó en hacerlo. Los dedos del pretrans se alargaron, alcanzando el
resistente mango. Un hacha doble. El acero macizo en definitiva pesaba. El
Bloodletter no emitió comentario alguno sobre su decisión.
<<Tienes
dos noches para familiarizarte con ella>>
Ya se
estaba marchando cuando su gruesa voz retumbó en la habitación.
<<
Estamos escasos de leña, tala y consíguenos comida. >>
(…)
La fatiga
en más de una ocasión nubló la vista del pretrans. Sin un maestro, manipular el
arma se volvió pesado. La maldita parecía obrar con vida, resistiéndose
completamente. Los primeros árboles se hicieron esperar malditas eternidades a
perspectiva de Balthazar.
– No son
tan gruesos cuándo los necesito – maldijo en voz baja, recordando el último
accidente qué había tenido. El filo caía con fuerza sobre la corteza. Una y
otra vez. El sudor se formaba, los músculos en sus hombros parecían arder. Cada
brazada implicaba un gruñido ronco. En lo que terminaba. Balthazar pudo
asegurar que en ningún momento del día había aflojado la expresión.
Ya en el
quinto, pudo apreciar cierta fluidez. A un ritmo extremadamente lento a su
gusto. Había variado la posición de sus manos tantas veces hasta encontrar el
punto dónde se sentía más cómodo con ella. Dónde difícilmente se corría a causa
del sudor… afiló las hojas cuándo terminó… el suave fluir del agua captó su
atención ¿Cuándo había sido la última vez que tomó un baño con calma? Los meses
en el campamento se reducían a constante presión. Dormir con los ojos abiertos,
expectantes a la mínima señal de peligro, animales salvajes o frustrados
vampiros… en su condición de pretrans, y sin otros en el campamento, Balthazar
no participaba en el coliseo, cómo el Bloodletter lo llamaba, aquel campo de
entrenamiento dónde los vampiros adultos competían, noche tras noche. Batallas
brutales qué apenas había sido capaz de observar de reojo, cada vez qué se
encontraba con los guerreros. Nuevas heridas adornaban sus cuerpos. Había visto
cómo algunos eran amarrados, gruesos grilletes envueltos en los tobillos y
muñecas. De rodillas, con la cabeza enterrada en el barro, dificultando aún más
la respiración, el menor de sus problemas con tantos machos en fila para
poseerlo. El hedor a fresca sangre aún picaba la nariz del pretrans.
-No es mi
problema- aún.
Murmuró
para sí mismo, alzando su cuerpo. Desvistiéndose con lentitud desesperante…cada
movimiento implicaba una larga serie de gruñidos por parte del bastardo, los
músculos se estiraban en agudos picos de dolor. Tanto qué con la vista se
aseguró qué no los tuviera los huesos rotos. La respiración del pretrans se
agitó, los latidos desenfrenados azotaban su pecho, amenazando con quebrar sus
costillas en un mero descuido…
– Por el
Fade… – maldijo entre dientes, balanceando su cuerpo de manera tosca y rígida,
las ramas cedían ante el peso del vampiro qué no podía enfocar siquiera la
vista, menos aún evitar la los obstáculos del irregular terreno.
– ¡Lo
siento Sire! Saldré inmediatamente de su vista.-
Parpadeó
ligeramente confundido cuándo aquel agudo chirrido lo alcanzó. Una hembra
estaba frente a él… y a juzgar por su apariencia descuidada y los orbes
expandidos en puro terror. Ella estaba sufriendo… un delicioso aroma emanaba de
ella… una esencia tan oscura y embriagante cómo afrodisiacos.
La polla
de Balthazar dio un brinco y maldita sea, la garganta se contraía en violetas
palpitaciones. Un hambre voraz explotó con ímpetu, rasgando su núcleo, por
primera vez, Los colmillos fueron desenfundados hincando sus labios, el sabor
de su sangre no fue más que leña para el incendio que carcomía su cuerpo…
Ninguna
hembra lo había llamado sire hasta ahora… éstas ni siquiera se volteaban a
mirarlo.
El rugido
qué estalló no le pertenecía. Tan ronco, grave, feroz…
Sea lo
que sea qué la hembra portaba, cayó de lleno al suelo, desparramándose mientras
ésta salía disparada en dirección contraria al bastardo. Chillidos y jadeos qué
no logró descifrar se atascaban en la garganta de la hembra, jadeos y la
picazón de sal en su nariz…
Sus pies,
por instinto, la siguieron. En atroz lujuria, El bastardo no tardó en
alcanzarla… Ella era tan lenta y torpe, tanto qué había tropezado.
Arrastrándose inútilmente por el suelo.
– Por
favor –
llegó a
escuchar, no podía verlas pero las lágrimas caían con fluidez de sus ojos…
las manos del vampiro estaban lejos de hacerlo. La tela qué la cubría fue
rasgada sin contratiempos. Ella se resistía: pateando, revoloteando sus brazos
cómo si esto pudiese salvarla. Gritos qué desgarrarían la joven y desafortunada
garganta… ruegos piedad y alaridos qué no influenciarían en los actos del
bastardo.
<<Grita
cuánto quieras>>
¿En qué
momento su voz se tornó tan gruesa? Las enseñanzas del Bloodletter se
impregnaron en sus sentidos.
<<Vas
a servirme>>
la
mandíbula del vampiro se cerró con fuerza sobre la delicada pero sucia piel.
Clavándose en la nuca de la hembra, cuya oposición aumentó. Pudo sentir la
fricción entre los huesos y sus dientes. Más nada podía detener las brutales
succiones. El líquido aliviaba la sed, calmando el dolor en cada contracción
qué atormentaba su cuerpo. La hembra jadeó. Entre más dolor qué placer… pero…
las manos
del vampiro buscaron su núcleo. Húmedo. Caliente…. Por la mierda…. Ella estaba
jodidamente hirviendo, incitándolo.
El sol
empezó a embullar su piel. Tan cerca cómo el amanecer estaba. Lo qué pausó sus
acciones, fue lo que llaman supervivencia. Sus manos se envolvieron con
brutalidad en los cabellos oscuros de la hembra, a quien, en un principio,
arrastró por el bosque…
– Eres
tan condenadamente lenta – gruñó. La sangre fresca corría de la comisura de sus
labios… lo qué lo refugiaría del día era la cueva a no más 50 metros de él, un
espacio húmedo. Frío. Dónde el agua de la cascada salpicaba. Apenas lo
suficientemente grande para tenerlos a ambos.
Justo a
tiempo, ambos vampiros alcanzaron el refugio. Balthazar arrojó en primer lugar
a la hembra, quien cayó de espaldas a él… El volumen creciente en su cuerpo
dificultó la tarea. Pero maldita mierda. Él no era más que un tifón de caos, de
dolor, de placer.
Más
tarde, ese día… el bastardo tendría entre sus brazos un cadáver maltrecho, frío
e inerte. Las marcas de sus colmillos exhibirían la brutalidad con la que fue
montada. Mordiscos qué expondrán los huesos, carne y desgarrados músculos. Los
ojos del bastardo se abrirán confundidos, ardiendo debido a los rayos
filtrados. Tendido de lado…
los
cabellos de la hembra estarían revueltos, en primer plano todas aquellas
aberraciones qué había cometido, cortados pantallazos azotarán sus recuerdos…
alargará los dedos, acomodando cínicamente los cabellos, cerrando los parpados
desorbitados.
– Nadie
estará feliz con tu suerte- murmuró antes de girarse, dándole la espalda
perezosamente y volver a dormir.
Los ojos
atormentados de Zypher brillaron en la oscura habitación. Aye, estaba perdido
en los recuerdos.
La noche
tempestuosa y el macho que luchaba con garras y colmillos en medio de los
Bastardos del Campamento del Bloodletter lo había impresionado. No pudo dejarlo
así. Su propia lucha había sido sanguinaria, y había estado solo. No dejaría a
ese macho fuerte a su suerte.
Su madre
había sido la puta del Bloodletter y de varios otros del Campamento. Pero él
nunca la había tocado, y por un momento eso le hizo sentir alivio, el macho
frente a él era tan poderoso y audaz para luchar que no sintió ganas de ser su
enemigo. Con cuchillo en mano, cortó la carne de sus atacantes y se puso contra
ellos para defenderlo.
Se odio a
sí mismo por no haberlo hecho antes. Pero ahí, empapado de lodo, sangre y
lluvia, no encontró mejor razón para poner su culo en la línea de fuego.
—¡¡APARTATE
PUTO ZYPHER, ÉL ES NUESTRO!!
—¡Nay! —
había gritado con su voz vibrante — Tendrás que pasar sobre mí, marica. Ya te vencí
tres veces esta semana, ¿qué acaso tu culo quiere más de eso?
—Hijo de
perra…
— Dilo de
nuevo y me cenaré tus pelotas
Los
machos habían ido por él, pero Zypher había usado todo cuánto sabía para
hacerles daño, cortes, patadas y puños. El macho de ojos verde/amarela tenía un
cuerpo Atlético y fuerte, esbelto e inflado de musculo en los lugares correctos.
Pero tenía una fuerte aprehensión en los ojos. Unos que se oscurecían cuando
luchaba.
Había
logrado espantar a los machos que querían más sangre del recién llegado, y con
eso había puesto su brazo en el cuello, rodeado su cintura con el otro libre y
se lo había llevado lejos del lodo y los vampiros sedientos de dolor.
—Tu
nombre, compañero.
—Syn —
respondió el otro con voz profunda
—Bienvenido
entonces, Syn. Soy Zypher, tu nuevo amigo de juegos. Vamos a limpiarte la
mierda antes de que apestes mi cueva.
Pocos
tenian un lugar decente en el campamento del Bloodletter, Zypher por su parte
no deseaba nada lujoso, le recordaba demasiado a su padre. En cambio, vivía y
se resguardaba de la luz en una cueva cercana a las arenas de entrenamiento.
Había descubierto el hueco gracias a Balthazar. Quien lo había arrastrado ahí
luego de su tercera derrota.
Aprovechó
que Syn dormitaba para ir por una puta vampira. Le pagó y la hizo alimentarlo.
Ella había cerrado su muñeca y había ido tras él.
— Podria
servirles a ambos… me pareces uno de los pocos realmente atractivos aquí — le
ronroneo al oído al mismo tiempo que agarraba su polla dura. Zypher la tomó de
la nuca robándole un beso ardiente y la apartó.
—Nay,
lass. Ahora no. En cuanto él esté sano. Le servirás a él primero. Te quiero
aquí en tres horas, ¿me oíste?
Ella
sonrió con su rostro desnutrido y sucio y salió. El bastardo no sabía porqué
pero ahora solo podía pensar en curar las heridas profundas de Syn, ni su
hambre le sacó de su prioridad.
Durante
el resto de la noche y el día siguiente, continuamente pagó a la hembra para
que Syn bebiera y sanara. Y en tanto él limpiaba su cuerpo y heridas, vendaba
las superficiales y cocía las más profundas. Lo alimentó con carne que él mismo
cazaba a escondidas y le traía vino que Balthazar sustraía de los aposentos
privados del Bloodletter, nunca supo como los obtuvo, pero jamás preguntó.
Tres o
cuatro noches después, Syn abría los ojos mientras la hembra le daba de beber
de su muñeca. Apenas Zypher escuchó el gruñido del macho se había reído y
puesto a descansar su espalda en la silla mientras observaba cómo Syn atacaba a
la hembra y se la follaba como animal mientras bebía de su garganta.
10 horas
más tarde, la hembra salía con varios mordiscos de la cueva y le devolvía la bolsa
de monedas en la mano. Zypher miraba con un brillo mordaz y divertido al macho
ya recuperado.
—Digno de
la raza, aye. Joder carbón, gracias por el espectáculo. Estoy servido con la
depravación.
—Aye, me
alegra haber divertido a tu jodida cabeza. Qué esperas ahora. Qué quieres a
cambio.
—Nay —
respondió el de ojos verdeamarela — no quiero nada de ti. Simplemente he
ayudado a un compañero. Nadie se merece ser la perra del Bloodletter, menos de
los putos bastardos. Has llegado al Dhundh mo Brathair. Y jamás debes
olvidarlo.
Se habían
unido como amigos, compañeros, hermanos. No habían dejado la espalda del otro
en ninguna ocasión. Habían sangrado por el otro, matado por el otro. Vivido por
el otro.
Trayhner…
su querido amigo…
Volviendo
de los recuerdos, Zypher contempla su vaso de vino.
—Qué nos
sucedió, mo trayhner. En qué me convertí.
Escenas
de todo tipo cruzaron su cabeza. Cuando Syn puso su cuerpo en medio del ataque
de los lessers. O cuando Zypher había cortado su propia muñeca para darle de
beber tras una horrible pelea. Cuando ambos pelearon espalda contra espalda en
la Gran Cacería de Lessers. Cuando Zypher había conocido a su hembra… cuando
Syn le había mostrado que tenía que ser un maldito hijo de perra si no se daba
cuenta lo afortunado que había sido al encontrarla.
Se
levantó del sofá mientras veía a su leelan durmiendo en la gran cama. Se vistió
como lo hacía en el viejo país. Pantalones de cuero, camiseta negra, cuchillos
en el cinto. Se dirigió a la habitación de su hermano y golpeó fuerte la puerta
esperando para verlo salir. Tenía que verlo, hablarle, arreglar su mierda… su
error.
Viendo
que él no abría agarró un cuchillo y tallo una señal en el marco. Para
cualquiera podría haber sido simples rayas, para los Bastardos eran coordenadas
de la ciudad.
Esperaba
encontrarlo… esperaba que por una última vez le diera la oportunidad de
redimirse y volver a ser lo que eran. Hermanos de sangre.
Caminaba en mi hogar… mi mente comenzó a dar vueltas en el pasado. He visto a mi pequeña Flor de Fuego… ahora es una hembra crecida. Y el maldito Syphon ha estado metiéndole mentiras en la cabeza. La pondrá en mi contra. Pero yo sé la verdad, y esa verdad jamás debe llegar a ella.
Tomé el
cuaderno de cuero del baúl. He guardado estas hojas con esmero, aún no sé
porqué. No he querido perder estas memorias aún sabiendo que no me sirven en
absoluto.
Nessa era
una mujer salvaje por fuera… pero por dentro…
______________________________
8 de Enero
Los han
visto llegar otra vez. Mis hermanas dicen que son mercenarios »oro a
montones» dijo Marion. Jaden está entre mis pies jugando, verlo siempre saca
mis peores demonios. Amo a mi pequeño hermano. Pero si no fuera por mí, él correría,
y no solo se quedaría a mis pies.
Debo
pagar por lo que hice… debo pagar.
_______________________________
Cierro el
cuaderno y huelo las hojas… su aroma sigue ahí… cobarde… eras una cobarde
Nessa y me alegra que lo hayas sido. O habrías perdido a mi pequeña Flor de
Fuego.
Triz me
llevó al bar como cada noche para escoger clientes. Los mercenarios volvieron y
son enormes. Sus bolsas estaban llenas de oro y todas las putas del pueblo de
les lanzaban como arpías. Los hombres las niegan hasta que ven a mis hermanas y
ellas van por su compañía.
Se turnan
con ellos, vuelven luego de unas horas y otros van en su busca. ¿Qué clase de
hombres son? Creo que sólo importan sus bolsillos.
Uno de
ellos me miró desde lejos y vi a la bestia crecer en sus ojos… él me hará
pagar… lo sé.
——————————————————————
Miro a
las páginas escritas con desdén. Una bestia… él era una bestia total. Por eso
no tenía derecho a ver crecer a mi Flor de Fuego. Nessa no tenía una idea de lo
que estaba viviendo… recuerdo su mirada a Zypher,
cómo había este fuego ardiente entre ambos, no sabías si era amor u odio. Pero
al verlos follar, tiempo después, podías ver la pasión desenfrenada, que pronto
comprendimos, era odio mutuo, crudo y cruel…
Paso las
páginas para seguir leyendo. Su diatriba me parece superficial… como una
perra llorona que solo ve su sufrimiento… ella no merecía nada. Luego de
haber dañado a su hermano se quejaba por ello???
———————————————————————
20 de Febrero
Los
impuestos crecieron, el mundo parece mejorar, pero nosotros no podemos
disfrutar de esas mejoras, aún cuando pagamos para que se hagan.
Jaden
está cada vez más enfermo, y como nadie paga tanto como los mercenarios, mis
hermanas y yo hablamos de atraparlos tan pronto se aparezcan. Deben ser
nuestros en exclusiva o no podremos pagar las medicinas de nuestro hermano.
Voy a la
cocina para buscar un poco de helado, abro la nevera para ver la selección de
sabores que tiene Fritz en el congelador. Tomo el tarro de mi sabor favorito,
chocolate con chispas de menta. Mientras sostengo el recipiente en mi mano un
recuerdo llega a mi mente…
<<recuerdo
el primer día que fuimos con mi padre y Mahmen a la heladería donde probamos
helados de todos los sabores, reímos, jugamos y nos divertimos mucho.
Cuando
era más pequeña entre los 6 y 7 años, nunca tuve la oportunidad de comer un
helado, Mahmen trabajaba limpiando, lavando ropa y cocinando para personas
adineradas. La paga de ella por su trabajo no era mucha, apenas alcanzaba para
pagar la vivienda donde nos hospedábamos y para comprar comida. Era un simple
apartamento en los suburbios de Cadwell, que constaba de dos habitaciones, con
grietas y humedad en las paredes, un piso de cemento, ventanas a las que les
faltaba varios vidrios pero Mahmen y yo las tapábamos con cartones para evitar
que el frió entrara. Una cocina pequeña, con pocos utensilios. En el lugar que
sería la sala, había una mesa sencilla de madera con cuatro butacas en mal
estado. Junto a esa especie de comedor estaba mi cama. Era un catre metálico de
malla junto a un colchón roído, durante las noches se podía recoger doblándolo.
Y allí pase la mayor parte de mi niñez.
Mi padre
por el contrario era un ladrón, adicto a las bebidas alcohólicas y a las
apuestas, llagaba borracho antes del amanecer, gritando a Mahmen todo el
tiempo. En los días que llegaba perdido en el alcohol golpeaba a Mahmen tan
fuerte que su rostro y cuerpo sangraban profundamente, siempre quedaba tirada
en el suelo. Otras veces cuando su rabia no era saciada con ella me buscaba, me
gritaba, me amenazaba y golpeaba hasta dejarme en su mismo estado. Otras veces
cuando terminaba con la golpiza a mi madre y sabía que por fin dormía me
levantaba de mi cama y corría ayudarla, limpiaba con mucho cuidado sus heridas,
la acostaba a mi lado y dormíamos juntas. Siempre tuve la esperanza de que
algún día, cuando anocheciera y despertara todo sería un mal sueño y que Mahmen
y yo en realidad no sufríamos ningún maltrato.
La ultima
golpiza de mi padre fue tan brutal que envió a Mahmen a la clínica, estaba
herida de gravedad sus golpes fueron muy profundos, tanto así que días después
ella falleció.
Es
difícil de creer como el destino juega unas veces a tu favor y otras en tu
contra. En mi caso fue un poco de las dos, con la dolorosa muerte de mi Mahmen
conocí a Mary, lugar seguro y a mi padre Rhage.
En esos
años de infancia vivía con miedo, triste y siempre me sentía sola, ahora en
cambio con mi nueva familia, mi Mahmen Mary una mujer hermosa y cariñosa, mi
padre Rhage un guerrero de la hermandad, mortal y apuesto y como olvidar o dejar
de nombrar a mi amada bestia, juntos somos felices. Ese Dragón es aterrador
para unos pero es esencial en nuestra vida familiar.
Aquí
junto a ellos me siento segura, cómoda, feliz y en paz. Ellos me dan el amor
que siempre quise, ese amor que muchas veces soñé cuando mi cuerpo se esmeraba
por sanar las heridas que provocaba mi padre, un sueño que parecía imposible
pero que valido la pena repetir y repetir pues ahora se ha convertido en
realidad. Tengo la seguridad de que Mary y Rhage siempre estarán a mi lado,
protegiéndome, amándome y enseñándome a ser mejor cada día. Antes no tenía
familia, solo a la Mahmen que me dio la vida, y ahora tengo una familia
numerosa, especial, divertida y cada uno de ellos es único a su manera…>>
Cambio la
mueca de tristeza que pensar en Mahmen trae a mí, y sonrío con los hermosos
momentos que poco a poco se han encargado de borrar mi pasado. Con el tarro de
helado en mis manos y la cuchara camino hasta mi habitación. Al avanzar por la
mansión pienso
-Este es
el símbolo que nos unió a los tres, a mi padre, a Mahmen y a mí.
Nací en
1704, eso dicen mis registros en El Otro Lado. Nací y viví hasta los tres años
al abrigo y cuidado de Elegidas (eso lo sé ahora). No tengo recuerdos de esos
días, es como si hubiesen sido arrancados de mi memoria. Pero sé que viví feliz
esos tres años, algo en mi carne me lo dice. Pero no sé cómo lo sé. No hay
visión ni premonición al respecto. Solo sé que era feliz y me sentía completo.
No tengo recuerdos de mi madre, conveniente para como viví después.
HIJO DEL
BLOODLETTER.
En 1707
fui arrancado de la burbuja de felicidad donde vivía y llevado a un horror tan
grande que no logro entender hoy en día, más de 300 años después, cómo demonios
logré sobrevivir. Fui llevado al lado de mi padre. Un fiero guerrero de la
Hermandad de la Daga Negra conocido como El Bloodletter, al menos entonces lo
era aún. Era el encargado de forjar a los guerreros que luchaban por y para la
raza. En el campamento era alimentado por las hembras que allí habitaban. Todas
putas al servicio del campamento. Proporcionaban sexo y sangre a todos los
reclutas y guerreros. Eran trofeos a conseguir y además se encargaban de
preparar la comida de todos. En ocasiones, mi padre se llevaba a su cama a una…
o dos… o tres… y las follaba brutalmente. Aún a mis tres años, era capaz de
darme cuenta del poder del sexo en ese sitio.
A la edad
de trece o catorce años estaba tan curtido en librarme de los castigos del
líder, desde luego después de eso recibía una paliza doble, pero el hecho de
escapar y de vencer a mi padre, hacía que los palos valieran la pena. Cada
maldito golpe lo merecía. Me escaqueaba porque me había hecho indispensable
para el macho encargado de guardar en escritos los hechos relevantes del
campamento. Él sufría para tener que hacer la labor y yo le supliqué y le rogué
que, si me enseñaba a escribir y a leer, yo escribiría todo lo que él me
pidiera y llevaría el registro que él presentaría como trabajo propio a mi
padre. Después de eso busqué todo lo que pudiera leer, escritos de guerreros en
sus días en el campamento, cartas que nunca fueron enviadas y que dejaron
olvidadas en su prisa por salir de ese terrible lugar. Los mismos diarios del
campamento. Y, después, encontré un diario en una grieta profunda en la zona
donde se guardaban las pieles y cacharros que las hembras usaban. Podía
esconderme horas en ese lugar para leer las proezas que contaba ese macho que,
unos 30 años antes había estado en el campamento. El diario tenía su nombre en
la portada de cuero: Darius, hijo de Marklon. No sobrevivió al Bloodletter. El
hijo de puta me lo arrebató. Me obligó a quemarlo. Ese día tuve mi primera
visión. Ese día vi la primera muerte a futuro del recluta pretrans que me
descubrió leyendo. Lamento tanto que el diario del que sería mi hermano en la
lucha muchos años después haya sido quemado por culpa de mi padre. Hoy sería
algo valioso de conservar para sus hijos y su nieto.
Y tras
pasar mi transición, todo se desmadró. No puedo definirlo de otra manera.
Apenas había pasado mi transición cuando fui obligado a pelear con el más
grande y rudo guerrero. Lo vencí y, después, fui obligado a violarle, tras eso,
me alejé sintiendo nauseas por la bajeza que había hecho. Mi padre me siguió y
en ese momento le ataqué para acabar siendo medio castrado, tatuado y
despreciado más aún. Me alejé del jodido campamento ese mismo día. Estaba medio
muerto cuando la mañana se acercaba. Fui rescatado por gente de mi raza, pero
las advertencias recién tatuadas en mi rostro hicieron su labor. Nadie me
prestaría más ayuda con esas marcas. Nadie. Estuve a punto de morir en varias
ocasiones, pero logré vestirme robando ropas de alguna villa que encontré en mi
camino. Mi vida delictiva comenzó por no tener otra opción. Me moví más bien en
el mundo humano, manteniendo, ante todo, un bajo perfil.
LIBRE
Tras
muchas noches de sobrevivir, fui alejándome del área del campamento, me acerqué
más a las ciudades, primero una, luego otra. Empecé a hacer trabajos diversos,
aprendí a leer y hablar en idiomas humanos. Mis tatuajes alejaban a todos los
vampiros y solo alimentarme era muy complicado. Afortunadamente mi constitución
y mi herencia genética ayudaba a sobrevivir meses sin sangre de vampiro y
cuando la debilidad atacaba, pagaba mucho por conseguirla. ¿En cuanto al sexo?
Solamente lo necesitaba para desahogarme cuando estaba muy tenso. Pero eso era
fácil de conseguir. Entre los humanos ha habido promiscuidad en todos los
tiempos, y para mí nunca hubo problemas entre follar a una hembra ansiosa o a
un macho indeciso. No me gustaron nunca los preliminares, salvo para bañarles
con cera negra o para azotarles con lo que tuviera a mano. En esos tiempos de
vivir entre humanos me hice de una sana costumbre: tener un espacio para llevar
a mis sumisos para follarlos y otro donde dormir y guardar mis armas.
Aproximadamente
sobre 1735 conocí a un forjador de hierro, que me aceptó como aprendiz. Había
una gran ventaja de trabajar con él y es que estaba ubicado en una gran gruta a
donde podía llegar antes del amanecer y no salir de allí hasta que la noche nos
hubiera alcanzado. Le expliqué que la luz del día me provocaba una rara
enfermedad y que por ello nunca podía salir al sol. Él necesitaba ayuda con la
forja porque era ya viejo, así que me aceptó con todo y mi rara enfermedad. Su
origen oriental me dio acceso a crear armas maravillosamente complicadas, a
perfeccionar mi estilo y cuando él no lo notaba, mi mano era liberada para
detallar milimétricamente las hojas. Sobre 1737, lamentablemente el viejo
falleció. Ha sido uno de los pocos humanos a los que he respetado con
sinceridad. También fueron dos años donde aprendí a serenarme.
COBRADOR
–MATÓN-
No
permanecí en la ciudad tras la muerte de mi maestro. Recorrí el viejo
continente pues empecé a trabajar como cobrador –matón- de un comerciante
italiano. Era enviado a muchas ciudades de diferentes países. En esos 7 años
desde que había dejado el campamento y a mi muy odiado padre, me topé con
infinidad de lessers, los desgraciados mataban no solo a los vampiros, también
a los humanos en busca de reclutas nuevos. Cada vez que mataba uno me sentía en
paz con mi raza. Las enseñanzas del campamento me permitieron defenderme y
salir bien librado. Para entonces había fabricado mis propias armas en la forja
de mi maestro. Algunas veces, cuando la tensión se apoderaba de mí, dejaba que
me golpearan hasta que las heridas liberaban mi rabia. Entonces los masacraba
sin piedad.
Hacia el
año 1739 había cobrado muchas deudas de mi patrón y comenzaba a cansarme. Matar
un lesser o un enemigo digno era una cosa. Asesinar a sueldo, otra muy
distinta. No diré que no lo haya hecho. Jamás dudé. Pero a veces pesaba.
Sucedió entonces que, en una calle oscura, a horas donde los humanos no se
atrevían a salir, sentí el asqueroso olor de mis enemigos naturales, corrí
hacia el lugar de donde venía el olor y me topé con una escena que jamás
olvidaré. Una hembra de una clase que jamás había visto, era atacada por un no
muerto. Ataqué con toda mi alma, envuelto en una rabia inmensa, como nunca
antes sentí. Logré acabar con el bastardo, pero, para mi mala fortuna, la
hembra había sido masacrada. Justo cuando pensaba como hacerme cargo de su
cuerpo, para no dejarlo solo a que el sol hiciera su trabajo, descubrí que,
agazapado detrás del cuerpo, estaba un joven pretrans. Su formación ósea y su
nombre me indicó que no era un civil. Era hijo de un guerrero y no de
cualquiera. Después sabría que era hijo de un miembro de la Hermandad de la
Daga Negra. ¡Mierda! No podía dejarlo a su suerte. Los 22 años que estuve en el
jodido campamento me habían hecho respetar la vida. Así que envié, con un
emisario, un mensaje a mi patrón, explicando la situación y él me envió una
dirección que conocía como domicilio de uno de los hermanos. Me presenté en
donde me indicaron con el chico.
Cuando
llegué, mi sorpresa fue mayúscula. Fui recibido en esa mansión por el mismísimo
Wrath, hijo de Wrath, armado hasta los dientes y con una terrible actitud.
Pero, a pesar de que estaba ante mi Rey, lo que realmente me dejó gratamente
impresionado fue el otro guerrero que estaba junto a él, vestido casi idéntico
que el Rey. Frente a mí estaba Darius, hijo de Marklon. Recordé todo lo que
había leído de su diario y verle ante mí como la mano derecha del Rey me hizo
desear tener algo como eso. Imposible para mí. Al menos eso pensé inicialmente.
El chico
estaba pegado a mi culo, totalmente nervioso. Su mundo había cambiado mucho en
tan poco tiempo. Cuando escribí la misiva, la había firmado con el nombre falso
que usaba para moverme entre humanos. Frente a esos dos guerreros no hacía
falta mentir en mi nombre. Al estrechar la mano de mi rey, lo pronuncié
nuevamente después de 10 largos años: Vishous, hijo del Bloodletter. Ambos me
miraron fijamente. Y guardaron un incómodo silencio. Después me pidieron esperar
fuera de la habitación. El chico ya había sido tomado bajo el ala de un gentil
mayordomo doggen. Después vi que entró otro guerrero directamente a la
habitación donde el Rey y Darius esperaban. Escuché voces profundas. No logré
entender lo que decían, pero estaba seguro que hablaban de mí. En esos momentos
de tensión, una visión atravesó mi cuerpo. Vi una cueva profunda, un cráneo y
una formación de guerreros. Después todo se hizo borroso. Apenas había
recuperado el aliento cuando fui llamado al interior de la habitación.
Al salir
de ella, lo hice completamente desnudo, bajo una túnica negra y fui llevado, a
ciegas, a la cueva que había visto en la visión. A partir de ese momento, me
convertí en Vishous, hijo del Bloodletter, miembro de la Hermandad de la Daga
Negra.
HERMANDAD
DE LA DAGA NEGRA
Curioso.
Como es posible que llegara a formar parte de la misma hermandad a la que
pertenecía mi padre. Cuando fui invitado a pertenecer, miré fijamente a los
tres machos de valía que tenía frente a mí: Wrath hijo de Wrath, Darius hijo de
Marklon y Tohrment hijo de Hharm. Antes de aceptar, pregunté por el
Bloddletter, me informaron que había sido expulsado de la hermandad y que ahora
cabalgaba con un grupo de bastardos, cuyo linaje era propio de la hermandad,
pero por razones diversas, no eran dignos de ello. Entonces acepté. El muy hijo
de puta me dijo muchas veces en los 22 años que tuve que estar a su lado, que
nunca sería propuesto para formar parte de la hermandad, que él era el
encargado de proponerme por ser mi padre, pero que jamás lo haría porque yo era
demasiado débil y marica para pertenecer. El hecho de ser propuesto por estos
machos por un acto de nobleza y siendo tal mi linaje, me llenaba de un orgullo
inmenso. Entré por mérito propio, no por la jodida sangre de mi padre.
Poco
tiempo después de estar en la hermandad, apenas unos días, supe que el pequeño
pretrans había sido llevado ante su padre, quien había dado un nuevo nombre al
chico: Murdher, hijo de Murdher. Años después ese chico se convirtió en nuestro
hermano. También puedo decir que orgullosamente cabalgué no solo con Wrath,
Darius o Tohrment. También lo hice con Murdher padre y Murdher hijo, con Ahgony
y Tohrture, grandes entre los grandes.
Cabalgamos
juntos y por separado durante unos años. Eliminando lessers, matando a nuestros
enemigos. Tras ser integrado a la hermandad, los problemas para tener acceso a
una vena se acabaron. Elegidas de sangre pura acudían a alimentarnos. Pero
también hembras civiles ofrecían su vena… y algo más. Me hice de una reputación
en el sexo. Las hembras se me ofrecían, pero solo unas cuantas eran dignas de
ser llevadas a mi escondite. Sólo aquellas que demostraban verdadera sumisión y
gusto por el dolor que les proporcionaba al tiempo que las montaba con
brutalidad. Ocasionalmente encontraba machos dispuestos a ser tomados. Esos
manjares eran sodomizados con mayor tiempo y disfrute para mí. Un macho, aun
siendo civil, aguanta más que una hembra. La sangre combinada con la cera negra
corría por sus cuerpos, sea como sea y siempre se iban a casa con un par de
descargas mías. Depravación, sexo salvaje y cacería de lessers…
Hacia
1761 llegó una noticia que, ciertamente, no sé si me gustó o me enfermó. El
Bloodletter había sido asesinado por sus enemigos en cruel batalla. El hijo de
puta estaba muerto. Y no por mis manos. Recordé la visión que tuve el día que
dejé el campamento. Si era cierta y hasta ese momento nunca había fallado,
entonces la muerte de mi odiado padre no había sido un asesinato por parte de
lessers. Pero al final no me importó. El cabrón estaba muerto y yo me sentí
vengado, de alguna manera. No me encontraría con él, nunca más.
Los años
pasaron entre días follando, matando lessers y cuidando a la raza. Tras décadas
en un ciclo cómodo, el Rey anunció que los lessers habían disminuido en demasía
y que habían emigrado, junto con la mayoría de la raza, a las américas. Y que
nosotros también viajaríamos al nuevo mundo. Darius había partido unos meses
antes para tantear el terreno y conseguir donde vivir. La misiva indicando que
todo estaba listo para nuestro viaje llegó y empacando todo, viajamos en busca
de nuestro destino.
CALDWELL
Muchos
años me costó acostumbrarme al ritmo de vida tan distinto del nuevo mundo.
Caldwell, la cuidad donde nos instalamos, puesto que era el punto medio de la
zona con mayor número de vampiros. Nos mezclábamos bastante bien entre los
jodidos humanos. Mi ciclo autodestructivo creció cada vez más… Pero lo cierto
es que, tras unas cuantas palizas por parte de mis enemigos, derramar sangre propia
ayudaba a disminuir la tensión… y después de cazar a los jodidos lessers, los
despedazaba. Justicia para mí. Y si no acababa allí mi “inquietud”, entonces
llamaba a aquellos sumisos que eran mayormente masoquistas. Esas noches les
azotaba con furia, los destrozaba sexualmente, al poseerlos con el salvajismo
propio de mi padre.
Los años
pasaron, la hermandad sufrió una desbandada. No teníamos líder, salvo Darius y
Tohrment, Wrath era un guerrero más, a pesar de los esfuerzos de D. Y, sin
embargo, seguíamos siendo los encargados de mantener a la raza a salvo. El
avance de la tecnología nos fue dando armas para trabajar, a nuestros enemigos
también, pero vivíamos en un ciclo autodestructivo.
Algunos
hermanos se jubilaron, murieron, desaparecieron. Al final de todo este tiempo,
solo eramos Wrath, Tohr, Darius, Rhage, hijo de Tohrture, los gemelos Phury y
Zsadist hijos de Ahgony y yo. Luego llegó el maldito día en que los hijos de
puta no muertos que asesinaron a Darius. Eso ocasionó que nos reuniéramos y nos
uniéramos. Y entonces, apareció Beth en el panorama, hija de Darius, mestiza, a
punto de pasar su transición. Y… todos caímos a sus pies. Wrath se convirtió,
por fin, en nuestro Rey. Todo cambió, fuimos convocados a vivir todos juntos en
una mansión que Darius conservaba para nosotros. Con Beth llegó un jodido
humano, policía. El jodido cabrón se convirtió en mi hermano, mi mejor amigo y
no negaré que durante un tiempo, me sentí totalmente atraído por él. Deseaba
follarlo, poseerlo, tenerlo para mí. Pero el muy jodido cabrón se enganchó con
Marissa, la antigua prometida de Wrath, y Ahora teníamos emparejamientos a cada
rato. Wrath se unió a la hija de Darius, Rhage, por muy increíble que nos
resultó, terminó con Mary Luce, una humana que recibió la gracia de la Virgen
Escriba y que seguirá la eternidad de Rhage, sin envejecer. Zsadist, jodido
infierno, se emparejó con Bella, hermana de sangre de Rehvenge. El poli, para
mi fortuna, resultó ser mestizo, uno que no sufrió la transición, pero a quien
se la inducimos, ¿su linaje? Del mismo de Wrath, hijo de Wrath. Es una especie
de primo del rey.
Después
de eso mi universo entero se vino abajo. Una vez más. Se presentó ante mí la
Virgen Escriba, la madre de la raza, para informarme, así como si nada, que
debía y estaba destinado a ser el Primale de la raza. Que debía tomar posesión
de mi puesto y ser el jodido semental de aproximadamente 40 elegidas. Pero que
tendría una esposa, las demás serían incubadoras de mi semilla y que mis hijos
estaban destinados a ser los próximos hermanos de la hermandad de la Daga
Negra… el colapso que me acompañó fue épico. Vishous hijo del Bloodletter no
solo era eso, sino que, además, era hijo de la mismísima Virgen Escriba y que
debía de salir de rotación para tener un harem de más de 40 hembras pare
reproducirme con ellas.
Enloquecí,
Antes de la fecha señalada vagué por las calles, dejé que los lessers patearan
mi culo, busqué mi muerte, deseaba mi muerte y me expuse a ella. Hasta que un
jodido día, desde un callejón oscuro, alguien me disparó… Directo al corazón.
Fui llevado y atendido por humanos, en servicio de atención prehospitalaria.
Y
entonces mi mundo se transformó, por completo, cuando una simple humana, médico
del hospital St. francis, sostuvo mi corazón entre sus manos, lo reparó y se
quedó a mi lado, cuidándome. Cuando abrí los ojos y a vi por primera vez, todo
mi ser vibró y gritó, envuelto en un oscuro aroma a especies y mi mente solo
repetía, sin cesar, MÍA, MÍA, ESA HEMBRA ES MÍA…